Mi experiencia con las propuestas editoriales

Hace ya bastaaaaaaante tiempo, estaba yo tan tranquila procrastinando en Twitter cuando una mutual comentó que se había pasado varios días preparando una propuesta editorial. No era la primera vez que escuchaba hablar de ellas, pero de repente todo en mi cabeza se puso patas arriba.

¿Qué es la propuesta editorial? ¿Tanto cuesta de crear? ¿Y si llevo todo este tiempo haciendo las cosas MAL?

La primera respuesta es la más fácil: se trata de una carta de presentación en la que resumes un poco de qué va tu novela, por qué deberían publicarla y quién eres. Suele ser lo primero que leen las editoriales. Y en algunos casos, también lo último.

Unos meses después, quizás más de medio año, las propuestas editoriales se han convertido en una parte más de mi rutina como escritora. Hay por ahí muchos tutoriales y consejos para  CREAR LA MEJOR PROPUESTA EDITORIAL DEL MUNDO MUNDIAL™ , solo hace falta rebuscar un poco para encontrarlos. Si os interesa, puedo escribir otra entrada sobre mi punto de vista, pero hoy quiero hablaros de mi experiencia. He perdido la cuenta (tampoco es que me haya tomado la molestia de contarlas) de cuántas propuestas he preparado ya. Y en ocasiones, más de una para la misma historia. Yo diría que cada vez me quedan mejor, lo que tiene el practicar y practicar, pero tampoco os hablaré de esas propuestas.

Quiero contaros sobre las que han funcionado, sobre la historia detrás de cada uno de los libros que he publicado.

Lo primero que mandé con intención de publicar (y que inesperadamente salió bien) fue Mágica Pirimpella, que ha salido este julio con la Editorial Cerbero. Este es uno de esos casos en los que terminas un libro y ya sabes a dónde quieres enviarlo. Fue en el verano de 2017. Más o menos, a principios de septiembre ya tenía el borrador listo. Por ese entonces, la página de recepción de manuscritos de Cerbero apenas tenía pautas. Ahora tiene un apartado precioso con varias indicaciones que yo habría agradecido bastante, por cierto. Hace dos años, solo había una dirección de correo y un par de matices.

Así que cogí el manuscrito y lo mandé tal cual. Puse un “Hola” en el cuerpo de correo, quizás me presenté (honestamente, no me acuerdo, pero quiero creer que sí lo hice) y me puse con otra historia.

No hubo propuesta editorial, ni sabía que existían. ¡Y salió bien! Aunque no es un ejemplo que os recomendaría, la verdad.

En el caso de Aracnefobia (Literup) y la próxima Corre, Renina, Corre (Ediciones Dorna), fue en una recepción de manuscritos. Hay editoriales que de normal tienen el buzón cerrado y, durante un plazo, lo abren. Las dos editoriales lo tenían todo explicado en la página web, tanto el qué querían y el cómo. En el caso de Literup, solo el manuscrito y una breve biografía tuya. Dorna ya fue más específica, pues pedía también un resumen con spoilers.

Al final, no tuve que escribir ninguna propuesta editorial, aunque los archivos que preparé para Dorna se acercaban un poco. No siempre es así, he participado en otras recepciones donde sí te la piden, pero en estas dos no fue necesario.

Esta es la verdad. Hasta Los muertos te están buscando (Insomnia Ediciones) yo vivía sin saber qué era una propuesta editorial. Y si en esa ocasión hice una, fue porque la propia editorial lo exigía en su página web. Esta fue mi primera de todas. Entré en un blog donde lo explicaban y seguir sus indicaciones para crear la peor propuesta editorial que alguien puede escribir. Ahora lo pienso y me rio, pero estuve meses que me ahogaba de vergüenza por haber mandado semejante despropósito. No pude respirar tranquila hasta que me respondieron. Y sigo sin entender por qué lo hicieron. Creo que llamó la atención de lo mala que era.

Todo esto es para contaros que no existe una regla universal ni que las cosas se tienen que hacer de una manera. Yo reconozco que soy un desastre y mis primeras tentativas en el mundo editorial es un Todo Mal en regla. Pero poco a poco aprendemos, así que no hay que agobiarse por actuar de una determinada forma. Y como podéis ver, hay desastres que funcionan (y otros que no).

En este momento, no me importa tardar medio mes en preparar una propuesta editorial. Es la carta de presentación de tu novela y todo lo que inviertas en ella, al final compensa. Si quieres que alguien desconocido te lea, que una editorial se interese lo suficiente en ti para echarle un vistazo a tu manuscrito, hay que llamar su atención.

¿Qué aconsejo? Hace tiempo hablé de crear un Catálogo editorial. Además de fichar nombres y qué clase de libros publican, yo tengo ahí las páginas de contacto de las editoriales que me interesan. Todas tienen ese apartado en su web y muchas explican sus condiciones. ¿Que quieren resumen? Pues se hace un resumen. ¿Que quieren una sinopsis detallada? Se hace una sinopsis detallada. Y ya si eso, puedes añadir otros detalles como fichas de los personajes, el mensaje de tu historia…

El qué es importante, pero también cómo lo presentas. Hay que elegir letras legibles, se puede jugar con los colores o la fuente de la letra. Al final, es tan creativo y divertido como escribir la novela.

Y hasta aquí la entrada. Si os gustaría que otro día hablara sobre cómo crear una propuesta editorial, deja tu opinión en los comentarios. ¡Siempre escucho vuestras ideas para las próximas entradas!

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