Si la perfección te detiene, ¡mándala a pastar!

Estaba el otro día escribiendo cuando me vino un pensamiento que en mí es bastante recurrente: “Esto es un desastre, debería comenzar desde el inicio para que sea perfecto”.

¿Te ha pasado alguna vez? Porque en mí es peor que el virus del herpes: vuelve una y otra vez, reincidente, más pesado que los testigos de Jehová. Y encima ni se molesta en llamar a las puertas de mi cabeza: se cuela directamente y se queda ahi unos días dando la tabarra para ver si caigo o no en la tentación de empezar de cero. Otra vez.

Digo otra vez porque en los últimos años he reiniciado mil proyectos por su culpa. Alguno he terminado, pero los puedo contar con los dedos de una mano. Una mano extendida con la que puedo abofetear a mi perfección hasta quedarme satisfecha porque cada uno de ellos han sido una pequeña victoria.

La perfección es importante e imposible. E imprescindible si estás construyendo un puente, pero si estás con los cimientos de un proyecto, mira, de corazón lo digo, lo mejor es mandarla a pastar antes que el proyecto acabe en un abismo.

Perfección te puedes pedir toda la que quieras cuando estés en la etapa final, pero en sus inicios olvídate de ella. Estás en tu derecho de empezar con el borrador más feo del mundo y ya corregirlo luego. Los borradores feos son a su manera lo más bonito del mundo, así que déjale ser un pequeño Quasimodo que nadie lo va a ver. Solo tú y a quien se lo enseñes.

Que puede ser todo internet, al fin y al cabo somos miles los que subimos por aquí betas o borradores adecentados, pero son eso: borradores adecentados. Al pequeño Quasimodo le hemos puesto la ropa más bonita que hemos encontrado en casa y lo hemos dejado en el escenario mientras seguimos apuntalando su obra.

El caso: empezar algo una y otra vez para buscar la perfección es ridículo porque a la primera no saldrá. Podemos ir como una hormiguita creando un grano de oro de la nada, pero nunca saldrá al primer intento. Y frustra, deprime y fastidia un montón. Y se te ocurren otras ideas o una nueva manera de contarlo y acabas enviando todo tu trabajo a la papelera de reciclaje para regresar a la casilla de salida. Tendrás la sensación de haber andado miles de kilómetros, pero solo estarás ocho centímetros más lejos.

A mí me lleva pasando desde que hace años pillé este síndrome perfeccionista que es más pesado que un virus, más insistente que una bacteria y más reincidente que un parásito. Y aunque llevo unos meses enfrascrada muy motivada con varios proyectos, cuando menos me lo espero regresa para hacerme ofertas como detener Las esquirlas de Miscelánea porque no es suficientemente perfecta. Y así con todos. Lo peor es que me lo pienso en vez de sacar la espada y arrear al pensamiento cansino este.

Tras muuuuucho tiempo agobiada por la perfección, estos últimos meses he aprendido que:

  • Que la muy pesada no existe, es solo una losa que se te ata al tobillo y no te deja caminar.
  • Que si la quieres buscar que sea al final, no al principio.
  • Que no hay nada más gratificante que leer tus antiguos proyectos y pasar un buen rato reencontrándote con ellos.
  • Que no hay nada más fastidioso que ver que esos mismos proyectos nunca terminaron a pesar que no estaban tan mal.
  • Que no hace falta revisar algo mil veces para darle alas.
  • Que los Quasimodos son Cenicientas que pasan de estar cubiertos de hollín a acabar sentados en el trono.
  • Que puede que ahora sea un desastre lo que te salga o no tengas el nivel, pero a base de desastres se construye la escalera que te llevará hasta el cielo.
  • Y que ya los pulirás luego, ahora disfruta, vívelo, rie de tus errores y aprende de ellos. Pásatelo bien que para eso escribimos, dibujamos o contamos historias.

Hoy he dibujado esta mini yo de la motivación, para llenarme de energía y seguir adelante cueste lo que cueste.


Así que ya sabes (Tú, Celia del futuro y todos), la próxima vez que se pasee por tu cabeza un “Esto es horroroso, debería dejarlo o empezar de nuevo”, saca la espada, un estilete, la caña de pescar o el tenedor y echa a ese mal bicho de tu cabeza.

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2 comentarios en “Si la perfección te detiene, ¡mándala a pastar!

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