3/52-Capucha mostaza

Tercer capireto para Siempre al oeste, cueste lo que cueste. Espero que os guste esta alocada protagonista porque lo más probable es que salga en más relatos del reto 😉

                Capucha Mostaza recordaba con ternura su infancia. Era una época luminosa, llena de conejos de peluche y dibujos tirados por el suelo. Y aunque sus memorias estaban algo dispersas, mezclando sueños con sucesos reales, siempre que pensaba en ellas se ponía de buen humor. Era la época en la que ver una película por la noche era un gran evento, una fiesta mágica que nunca quería que acabase por aburrida que fuera la película, o de esas tardes en las que su única preocupación era terminar los deberes antes de las siete, hora en la que empezaba su serie de dibujos favorita. Fue por esa época en las que sus padres, profesores y las mil películas y libros que devoraba, se dedicaron a repetirle, con una sonrisa de ánimo, que ella podría ser lo que quisiera. Solo tenía que estirar el brazo y atrapar su sueño.

                Las sonrisas de sus padres se congelaron cuando les contó que quería ser superheroína. Quizás esperasen algo más sensato, como médico, bailarina o domadora de cocodrilos, pero la niña que fue y seguía siendo lo tenía muy claro: sería una heroína que protegería las calles de su ciudad de villanos, delincuentes y vendedores de perritos calientes (En esa época todavía creía que los perritos calientes se hacían con perros de verdad).

                Años más tarde, y a pesar de las quejas, incredulidad y recelo de sus padres, se había convertido en la heroína conocida como Capucha Mostaza.

                “¡Pero es absurdo!”, protestó su padre cuando se lo contó, “¡No tienes superpoderes!”.

                Aquel era uno de los asuntos que más le había estado reconcomiendo. Era humana, una común y blandengue humana que ni siquiera ganaba las carreras de Educación Física en el colegio. Determinada a cumplir su sueño, esperó durante años a un suceso paranormal que le dotase de poderes. Cualquiera le valía, incluso el más simple, cutre y estúpido. Al ver que el tiempo pasaba y los accidentes radiactivos, mágicos o genéticos parecían evadirla, decidió ir ella misma a buscarlos.

                Esa fue la peor decisión de su vida y se saldó con un brazo roto, varios dientes mellados y una pérdida considerable del pelo de la coronilla.

                Hasta que conoció a Batman, Deadshot, Ironman, Batgirl, Arrow…  Ellos no tenían poderes, solo un sueño tan grande como el suyo.

Bueno, también tenían mucho, mucho, mucho dinero para fabricarse armas y trajes especiales, mientras que ella solo contaba con su vieja sudadera de color mostaza y una superilusión.

“Vale, no todos los superhéroes necesitan superpoderes”, aceptó su madre, “Pero cariño, tienes miedo a la oscuridad, ¿cómo piensas defender el crimen si no eres capaz de salir de noche?”

Ese fue el gran obstáculo de Capucha Mostaza, el motivo que casi la llevó a rendirse con su sueño. Pensó en superar su miedo, en esperar a que este desapareciese solo o en contentarse con luchar contra los malos durante el día, ¡pero estos siempre preferían atacar de noche!

Capucha Mostaza no tenía superpoderes, pero si un sueño superpoderoso. Tras años de entrenamiento, visitas al hospital y delirios insaciables, dejó de ser una niña para convertirse en la heroína de sus sueños: una enigmática joven que pelea contra el mal bien provista de una linterna.

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