Recuerdos imborrables

                El Bellaco era una sombra más entre la multitud, una silueta imprecisa mezclada entre abrigos y bufandas. Él se había esmerado en intentar olvidar su rostro, desdibujándolo, convirtiendo su recuerdo en un manchurrón amargo. Y, sin embargo, a pesar de sus intentos por alejarse de todo lo que significaba, a veces seguía encontrándoselo por la calle. Eran encuentros fugaces, distantes, en los que durante un par de segundos coexistían en mutua ignorancia. El Bellaco era, a sus ojos, una figura distorsionada. Había borrado su sonrisa, sus ojos, su color; lo había convertido en sombra, en desconocido, en arrepentimiento.

                Lo único que todavía seguía sin poder eliminar eran los recuerdos. Estos todavía seguían latentes, vivos, grabados para siempre en su piel.

                Sus memorias eran todavía heridas abiertas, heridas frescas a las que les faltaba tiempo para convertirse en cicatrices.

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