Alicia en el país de las maravillas

―¿Sabes? Mi madre y yo regentamos un burdel. Podemos llevarte si quieres.

La joven le lanzó una mirada confusa a su interlocutor. Por primera vez desde que estaba en aquel país había entendido una frase a la perfección. ¿O quizás no? Era imposible que un mocoso deslenguado le estuviera ofreciendo ir a un burdel a una turista que buscaba alojamiento. A lo mejor había querido hotel. Cuanto más lo pensaba, más segura estaba que el niño había dicho hotel y no burdel. Su mal dominio del idioma local le debía de estar gastando otra broma. Además, era un niño encantador vestido con un trajecito blanco de lo más adorable. Seguro que trabajaba de botones o repartiendo publicidad. Si es que era legal que un menor trabajase. La verdad es que la chica tampoco dominaba el tema de las leyes de aquel país.

―De acuerdo ―sonrió. Era de las pocas frases que sabía pronunciar y de las que, más o menos, estaba segura de su significado.

Y así fue como Alicia siguió al conejito blanco.

RETO: El libro del escritor

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