Advertencia ratuna

―Te lo dije.

            La rata se acomodó al borde del precipicio, con las patitas colgando sobre el vacío y moviendo los bigotes al compás de las palabras que decía, burlonas y con una pizca de retintín. A pesar de tener el pelaje moteado, se confundía con el paisaje, convirtiéndose en un elemento más de un escenario común.

            ―Si te tiras por un barranco es bastante probable que mueras ―se pasó una patita por el morro, rascándose con algo que casi se podría definir como estilo.

            El fantasma que levitaba ante ella se cruzó de brazos, molesto ante la superioridad con la que el animalejo se estaba dirigiendo hacia él y el propio hecho de haber muerto por un pequeño error de cálculo que había le había desviado del camino seguro al vacío.

            ―¡No te pases de lista! ―Protestó―. No me has dicho nada: estabas gritando como una rata normal y corriente.

            El animal le lanzó una mirada penetrante, inescrutable; una mirada que era eco de su propia inteligencia y en la que se escondían todos aquellos secretos que se había molestado en guardar.

―¿Te parezco una rata normal y corriente? ―Le preguntó sin dejar de agitar los bigotes.

―No…

―Es por eso que mi grito no fue ni normal ni corriente.

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