Un puente en llamas

La cuenta atrás se tradujo en explosión. Casquetes, baldosas y piedras de más de cincuenta años salieron volando para hundirse en el río. Un bosquete separaba ahora las dos orillas. El puente, herido de muerte, se desgajaba bajo la mirada atónita de dos gatos escindidos y la  pregunta que ninguno de los se atrevía a formular, pero que sin embargo flotaba entre ambos como el último hilo capaz de unirlos:

―”¿Quién puso la dinamita?”

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