En el Infierno hay una lotería cada día que sortea… una entrevista con Dios. Te acaba de tocar y debes convencer al Todopoderoso de que mereces ir al Cielo con él, y no seguir en el Infierno

El Todopoderoso tenía forma de nube. Quizás fuera un truco para aligerar la tensión o quizás esa fuera la forma que nos merecíamos los pecadores encerrados en el infierno. Como yo, algo que me fastidia hasta lo inimaginable dado que nunca creí ni en este sitio (Que muy a mi pesar estoy conociendo incluso demasiado bien) ni en el cúmulo de agua condensada que tengo enfrente mío. Tampoco creía en el cielo, pero después de una semana alimentándome con brócoli crudo y haciendo ejercicios de matemáticas estoy dispuesto a aferrarme a cualquier esperanza, de creer en lo que sea para abandonar este infame lugar. Hasta en la redención.

                No obstante, las primeras palabras de la nube fueron muy poco halagadoras:

                ―No encuentro arrepentimiento en ti, hijo mío.

                ―Créeme… “padre” ―mascullé con el tono, porte y mirada más humilde que supe esbozar―. Me arrepiento más de lo que nunca imaginé. Ojalá no hubiera hecho nada de lo que hice.

                ―Robaste un banco ―me recordó.

                ―Lo sé, pero fue fruto de una ira ilógica de la que me he lamentado demasiadas veces.

                ―El problema no es que robaras el banco. Ladrones hay muchos, y la mayoría son muy devotos, todo hay que reconocerlo, pero tú no te contentaste con robar un banco y llevarte el dinero a un paraíso fiscal. No: robaste un banco de un parque, privando de un lugar de paz y descanso a las tiernas abuelitas que van a leer el periódico.

                ―Créame, mi intención era devolverlo, pero las cosas se torcieron un poco.

                ―En twitter, esa herramienta demoníaca de la que no te separaste, dijiste que ibas a aplastar una cabeza concreta con ese banco. Pasaste del hurto a la tentativa de asesinato.

                ―Sé que es inexcusable, pero entiéndame: llevaba un día muy agotador, demasiado estresante para que mi mente lo soportara ―sí, pasar tanto tiempo en el infierno había convertido mi lenguaje en una maquinaria pomposa y excesivamente elegante. Y no me arrepiento: el peloteo es el único truco que sirve para sobrevivir―. Primero vi que había suspendido una asignatura, luego que mi padre pensaba retirarme la paga y luego las sospechas que mi novia me era infiel cobraron fundamento. Aquel mensaje, aquel tuit, fue la última gota del vaso.

                La nube asintió.

                ―Aun así no debiste de haber intentado matarle.

                ―¡Solo quería darle un susto de muerte!

                Dios enarcó lo que parecía una ceja. No, aquel no había sido el mejor de mis comentarios.

                ―He aquí mi pregunta, la que decidirá si mereces acompañarme al reino de los cielos o continuar buscando el perdón en el infierno. Dime, ¿qué fue lo que te dijeron para que arrancases de cuajo el banco bajo el que morirías aplastado?

                Era la hora de la verdad. Tragué saliva, esperando que la sinceridad fuese la auténtica respuesta.

                ―Un spoiler de la nueva película de Star Wars.

                Y las puertas al Cielo y al perdón se abrieron.

MORALEJA: no destripes historias. Nadie te lo perdonará 😀

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