Susurro musical

La estudiante cerró los ojos, mareada por la monótona charla del profesor (Siempre el mismo discurso con sus ejemplos moralistas y la sutil amenaza del suspenso revoloteando entre sus palabras). Se aburría, tenía sueño y las clases, esas cuatro horas que precederían a las vacaciones, se estaban haciendo interminables. Casi parecía que todos los profesores se habían puesto de acuerdo para torturarles, recordándoles todo lo que tendrían que estudiar en navidades, y estirar al máximo el tiempo que disponían para sus tutorías. Habían hecho ejercicios, preguntas de examen y preguntas sin respuesta que habían derivado en el actual discurso del profesor de tecnología.

Sí, entendía que lo importante era estudiar, centrarse en lo que tocaba, pero las vacaciones estaban al otro lado de la puerta, prometiendo mazapanes y turrones.

La estudiante ladeó la cabeza en un vano intento de disipar el sueño. A su lado, su compañero tomaba apuntes con desgana mientras escuchaba música. Perdida ya su capacidad para concentrarse, la chica se centró en la musiquilla que escapaba de su amigo, apenas un susurro inaudible al que solo ella prestaba atención.

Estaba a punto de preguntarle qué canción era cuando se dio cuenta que no llevaba ni cascos, ni auriculares, ni había un móvil o cualquier otro reproductor que encerrase aquella melodía.

El susurro provenía del cuerpo de su compañero, como un segundo latido algo más musical.

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