Decadencia 14

Música de fondo

Desde un día impreciso y sin motivo alguno, Cameron siempre llevaba colgando del cuello una pequeña jarra de cristal llena de agua.

Aquel día, y sin motivo alguno, el agua se pudrió, quedando teñida a medio camino entre el negro y el gris.

Eso fue antes que el cerdito volador apareciese.

La mañana había empezado como cualquier otra: dentro del vestuario femenino. Era algo ya tan habitual en él, que Cameron había dejado de preocuparle lo que dijesen de su curioso pasatiempo, aunque todavía le producía cierto nerviosismo que le pillaran por sorpresa, confundiendo sus intenciones.

A decir verdad, si pasaba tanto tiempo entre retretes, taquillas o duchas era porque estaba buscando a alguien. Lamentablemente, no sabía a quién. Tampoco ni si era chico o chica, ni su nombre, edad o un atisbo de su rostro. Solo intuía que tenía que esperar hasta que apareciese. Fuese quien fuese.

También sabía que estaba enamorado de ese fantasma con el que a menudo soñaba. Aunque nunca llegaba a recordar del todo sus sueños, siempre despertaba con la misma sensación familiar y un breve destello que traía consigo una sonrisa, una mirada incolora o un susurro similar a un batir de alas. Más allá de replantearse su salud mental, Cameron se aferraba a todas esas pruebas que justificaban la existencia de su amor.

Aquel día, cuando se encontraba escondido en uno de los armarios de limpieza, su deseo se hizo realidad. Al principio se asustó al ver que abrían la puerta, pero el temor dio paso a la sorpresa y luego al embelesamiento. Había una joven de pelo verde, bajita, regordeta y bastante extraña, tan peculiar en esencia que supo al instante que nunca antes la había visto. Y a pesar de ello, sintió aquella familiaridad soñada, como un contradictorio déja vu. Si tuviera que ponerle rostro a la persona que amaba, sería ese. No porque le hubiese parecido guapa, sino porque encajaba a la perfección en sus descompuestos recuerdos.

Eso fue antes que el cerdito volador apareciese.

Después de justificarse y de conocer su nombre, el chico se armó con el suficiente valor para salir del armario. Pero ya era tarde: la excéntrica muchacha había desaparecido. Al igual que en sus sueños. Lejos de preguntarse cómo había logrado abandonar su propio armario y los vestuarios en el más absoluto de los silencios, Cameron se quedó dándole vueltas a la maravillosa coincidencia que aquel encuentro hubiera sucedido en los vestuarios, algo que siempre había defendido a pesar de lo que le decían los duendes de las cañerías y las flores, siempre burlándose de sus aspiraciones mientras le llamaban loco.

―Se fue, ¿verdad? ―Del grifo se asomó una cabecita informe―. Tu musa se ha vuelto a ir. Te ha abandonado en un mugriento armario sin valorar todas las estúpidas horas que has dedicado a buscarla.

―Se ha ido, pero esta vez me ha dejado algo muy valioso ―el joven esbozó una sonrisa boba. El hecho de estar hablando con una gota le confería todavía más aire de pirado―. Su recuerdo.

                Abandonó el vestuario antes que pudieran replicarle. En un vano intento de alargar su momento de fortuna, probó en la sección masculina. Su sorpresa fue mayúscula al descubrir que había un chico sentado en un banco mientras escuchaba música con cara de aburrimiento. O aquella mañana los vestuarios se habían vuelto la alternativa más popular a las clases o el destino continuaba intentando decirle algo. Solo que en aquella ocasión, nada en él despertó su familiaridad. Como mucho, le fue resultando más conocido según se obligaba a memorizar su rostro, pero debía ser ya por las tres mil vueltas descaradas que había dado a su alrededor (Simulando, eso sí, que estaba buscando algo. Aunque por la mirada de apatía que le dedicó el chico, su presencia le debía de resultar completamente irrelevante) que por la posibilidad de haberle visto en otra ocasión.

                Desde una grieta del suelo, una mancha de moho se burló de sus desesperados intentos por encontrar lo que no existía.

                Eso fue antes que el cerdito volador apareciese.

                Incapaz de dejar de pensar en los dos chicos, Cameron cabeceó un poco en el minúsculo jardín que bordeaba al gimnasio. En realidad esperaba a que la muchacha regresase para hacer realidad su disparatado anhelo, pero también estaba al acecho de lo que haría el otro. De alguna manera, estaba seguro que ambos jóvenes estaban relacionados, aunque fuera por la casualidad.

                Una flor fantasmagórica trepó por su brazo. Al igual que el resto de duendes que su mente imaginaba, era lo suficiente traslúcida como para distinguir las siluetas de lo que había tras ella. Aunque la mayoría solían ser verduzcos o ligeramente azulados, aquella estaba envuelta por una aureola rosada. Era un color pálido, ligeramente enfermizo, pero capaz de contrastar con el gris que les rodeaba hasta brillar.

                ―Estás atrapado ―le susurró con su voz aterciopelada―. Te han encerrado en un círculo paradójico que convierte en interminable todo lo que te rodea. Desestructuras la narración, enloqueces lo lógico y desestabilizas el poco sentido que tenía que haber.

                ―Estoy enamorado ―insistió con la paciencia de haber tenido que repetir aquellas dos palabras en incontables ocasiones―. No soy yo, es el amor el que distorsiona el mundo.

                ―¡Oh! Pero tu amor es falso, un reflejo absurdo de lo que llegaste a sentir y que ahora te obliga a convertirlo en real.

                ―Eres solo una flor ―negó con la cabeza―. ¿Por qué tendría que escucharte en primer lugar?

                ―Porque duermo en la grieta de lo inevitable.

                Sus hojillas, repletas de espinas, temblaron en una carcajada silenciosa.

                Con un suspiro, Cameron apartó la flor hasta que su imagen se deshizo. Fue entonces cuando se percató que algo extraño sucedía en su colgante. Aunque tenía la costumbre de juguetear con la cadena, no solía fijarse en la jarra en miniatura que pendía de ella. Pero en ese momento, atrajo su atención con una fuerza inusitada, casi como un grito de auxilio. El joven se incorporó de un salto, con el collar en una mano, mientras el mundo que conocía trastabillaba. En un único compás, todos los cristales se resquebrajaron en variables telarañas mientras el suelo del patio se resquebrajaba, sacudido por una grieta gigantesca que se llevó consigo el poco color que quedaba.

                Gris. Todo se había vuelto gris, como la jarra que colgaba, inservible, pero visible gracias a la mortandad.

                Y entonces apareció el cerdito volador.

                ―Gaznápiro ―chilló, lanzándole una mirada de comprensión certeramente empática. No tenía ni alas ni una escoba mágica, pero ahí estaba, flotando delante suyo en un acto que desafiaba a la gravedad y a su propio peso.

                Y entonces habló. A pesar que “gaznápiro” era una palabra que contaba como tal y que incluso estaba recogida en el diccionario, la había articulado en un chillido bestial, libre de entendimiento humano o vocalización.

                Pero la otra que añadió surgió perfectamente articulada, poderosamente humana al lado de aquel grito porcino:

                ―Decadencia.

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2 comentarios en “Decadencia 14

  1. *Aparece con un monton de hojas en blanco, garabateadas o inteligibles* Vale, bueno, supongo que ya es habitual que apareza cada vez de forma mas esporádica a comentar pero hasta que no consiga encontrar una forma de que el tiempo deje de escaparse no podre comentar de forma continua, me hubiera gustado comentar en todos y cada uno de los capitulos, decir que me han parecido, que me ha llamado la atencion de ellos pero no puedo, lo que si puedo decir es que aunque pareza una trama completamente ilogica y extraña ( que lo es xD) también tiene su cierta lógica de hechos que se van encadenando. Decir de los ultimos capitulos que me sorprendio ver a la abogada acusadora convertirse en asesina y tambien la mente tan extrañana de Cameron para hablar con esos seres con los que parece que nadie ve o ignoran ,que no me extrañaria que cualquier otro personaje tambien hablara con ellos. A decir verdad hasta me resultaria curioso que a parte de Cameron o nuestra disparatda protagonista, alguien mas pudira hablar con el cerdito volador

    • ¡Bienvenida (de nuevo) a estos lares!

      Yo siempre estoy abierta a teorías y comentarios, así que puedes darme la tabarra cuando quieras XD
      La trama es como Anarchy: inocente hasta que se demuestre lo contrario (En este caso, absurda).

      Lo bueno de Decadencia es que todo es posible.

      ¡Saludos!

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