Despedida a golpes

                Aires nuevos azotaban a las páginas del calendario, llevándose consigo los números caídos, los números perdidos que habían sustentado cuentos y alimentado ideas. Se había acabado la magia de los murciélagos y las calabazas, ya no quedaba más semanas para perpetuar el mes de las brujas, pero aun así Octubre se aferraba con saña y fuerza a la costumbre de los últimos días. Se negaba a desaparecer en letargo y despertar el año que viene. Ni siquiera la impaciencia de Noviembre era suficiente para sacarlo de su tozudez: quería seguir existiendo y nadie se lo podía impedir.

                Salvo, quizás, los rígidos e inflexibles esquemas que habían enjaulado al tiempo.

                Con una última sacudida, el calendario pasó página hasta que el mes oscuro desapareció.

                Quizás hasta el año que viene.

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