La Máquina

¡Espera, Matt! ¡Detente!

No puedes seguir, no por ese camino, no en este día.

No si yo puedo evitarlo.

¡Escuchadme, por favor! No quise decir eso, no sé en lo que estaba pensando. Ni siquiera me encontraba bien. Llevaba demasiado tiempo callándomelo, fingiendo que todo continuaba como siempre a pesar que ya no quería seguir contigo. No de esta manera.

Adiós.

¡No es culpa mía, ha sido solo un accidente!

Solo un estúpido accidente… como todos estos odiosos recuerdos. ¿Por qué no puedo escapar de ellos? ¿Por qué parecen tan reales? ¿Dónde está la salida?

No quiero enfrentarme a más monstruos de mi pasado.

 

El sujeto 22 tembló casi imperceptiblemente. Tenía el rostro contraído por el dolor a pesar que sus ojos se mantenían abiertos, contemplando una sala de tortura que no alcanzaba a ver. La Máquina centelleó en su frente. Era poco más que una diadema plateada, fina y delicada, pero en su diseño de tiara se escondía la máquina de tortura más cruel jamás inventada.

Los recuerdos.

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