Juego de asfixia

Uno y dos.

                Humedeció los labios antes de cerrar los ojos. Estaba preparada para abandonar finalmente el mundo y desaparecer entre nubes y sueños, para alejarse de aquel agobiante día y volver a ser libre como el aire.

                Tres y cuatro.

                La mano se deslizó por su cuello, primero con ternura y delicadeza, luego comenzó a apretar. Era poco más que una ligera presión que se fundía con su piel con la magia de un masaje. Contuvo un hipido al notar como empezaba a fallarle el oxígeno, reducido hasta casi desaparecer.

                Cinco y seis.

                Sonrió. Podía notar como flotaba, libre finalmente de las cadenas carnales que la retenían. Era aire, era libertad, era un último suspiro que estaba dispuesto a desaparecer para siempre.

                Las manos aflojaron la presión y ella regresó de nuevo a su prisión humana, a los días de trabajo y la presión de la rutina.

                Hasta que llegara de nuevo la semana que viene.

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