La bibliotecaria [LCdT]

El arrullo de los mecanismos reverberaba en el corazón de la Biblioteca del vacío. Engranajes y arandelas giraban en un baile interminable, lento, eterno y mecánico, que repetía una única pieza de danza: la del crepitar del fuego y las hojas al quemarse.

El horno estaba escondido entre tubos que colgaban decaídos y conductos de ventilación. Sus llamas eran de un dorado único, monocromo, en la que no había sitio para otras tonalidades, únicamente para ese amarillo fogoso y hambriento que lo devoraba todo. Era, indudablemente, un fuego especial que había que contener tras rejas de cobres y barrotes de hierro, un fuego que no se había apagado desde el día en el que había sido encendido. Su combustible, aquello que lo volvía único y le daba vida, era la magia.

Se trataba, a fin y al cabo, de un fuego capaz de destruir lo imposible.

El horno de la biblioteca era el único que existía. También lo era su bibliotecaria, la única capaz de manejarlo sin sucumbir por las llamas. Su corazón era un reloj que medía el avance de la fantasía en la Realidad, ese mundo que se escondía en el escenario. Estaba en sus manos de porcelana la misión de evitar que el equilibrio se rompiera y naciera un poder capaz de superar al Teatro o al Círculo de los Oscuros.

La Biblioteca del vacío no estaba fija en único punto, sino que navegaba por la Niebla, asomándose a la Realidad a través de las grietas que unían ambas dimensiones, balanceándose mientras su interior se llenaba de libros. Libros mágicos con el suficiente poder como para cambiar el destino de toda la Existencia: había cronologías con los diversos futuros escritos, biografías de seres que estaban por nacer y tratados de las bestias que surgían como alimañas en la oscuridad. Era el escondrijo de los enigmas que estaban por suceder y las respuestas que pocos ansiaban descubrir.

La bibliotecaria era la única que conocía el camino a través de los laberínticos estantes. Ella también deambulaba, impulsada por el azar y la suerte, a través de estanterías y montones, buscando esas historias rebeldes, incontrolables, peligrosas, esas historias que hablaban de las otras brujas, de los años perdidos o alimentaban a los Dioses Oscuros con sacrificios inconmensurables. Pero también los cuentos que creaban nuevos mundos en sus páginas o cuyos personajes tenían el poder de alterar su camino.

Ella buscaba todos esos libros para que el fuego los destruyera para siempre.

Una historia del Las Crónicas de Teatro
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