Decadencia 8

                El olor a condena y muerte se negaba a desaparecer. Ni siquiera el ambiente de la academia, con su aroma a papel e instituto, fue capaz de eliminarlo del todo. Para Kris y Anarchy, era tan consistente como si continuaran en la calle. El olor no era el único que se resistía a desvanecerse: también quedaba un recuerdo, aquel de cuando los enfermeros habían sacado al cadáver, y la impresión de reconocer en ese cuerpo roto a una compañera. A alguien que hasta hace un día estaba viva. Como ellos.

                ―Ha sido… desagradable ―murmuró el chico. Estaba algo más relajado ahora que Palatina les había dejado, dispuesta a continuar con sus pesquisas antes de tomar una decisión respecto a su papel.

                ―No era para tanto, exagerado ―se burló ella, sacándole la lengua―. Sonará mezquino: pero me alegro que estuviera sin cabeza. Ver la cara de un muerto sí es desagradable.

                ―Lo dices como si tuvieras experiencia con cadáveres.

                ―He visto muchas películas ―se encogió de hombros con aire de entendida.

                ―Lo cual explicaría muchas cosas.

                Anarchy sonrió. Se sentía cómoda al lado del muchacho, como si a pesar del tiempo perdido todavía fueran los mismos amigos inseparables de siempre, ese dúo que se atrevía con todo y que no necesitaba a nadie más en su mundo inventado. Pero ya no era así, se obligó a recordar, ahora él tenía nuevos amigos, amigos que la habían sustituido, amigos que no le abandonarían, amigos en los que confiar…

                “No estoy celosa”, repitió para sus adentros mientras caminaban por el pasillo, “No tengo motivos para estarlo: nadie será capaz nunca de superarme”. A lo que una vocecilla, con esa entonación característica de las conciencias, añadió: “Puede que nadie pueda superarte como persona, pero como amiga dejas mucho que desear”.

                No necesitó que se lo recordaran: era algo que siempre había sabido.

                “Quizás debería contárselo todo”, frunció el ceño, consciente por primera vez de lo que implicaba la muerte de Senhua, “Esto se está complicando demasiado”.

                “Tú la dejaste morir”, le recriminó su conciencia.

                “Pero yo no le arranqué la cabeza”, apretó los puños con tanta fuerza que notó cómo se clavaba las uñas en la palma de la mano. “La sombra, mi diadema… ¿Por qué van a por mí? ¿Qué les he hecho?”

                Cuantas más vueltas le daba, más tentador le resultaba aquel misterio. Pero también era consciente del peligro que estaba comenzando a cernerse sobre ella, limitando sus opciones y poniendo en riesgo cada uno de sus movimientos. No obstante, no pudo sino reconocer que todo aquello era más divertido de lo que había imaginado en un principio. Se sintió incluso ansiosa ante lo que sucedería a continuación.

                Al no ser que fuera su turno para jugar. Imaginarse como una posible contrincante de quien estuviera moviendo los hilos era mejor que ser una simple ficha. Pero en caso de serlo, ella sería ese peón impredecible que llegaría a convertirse en reina.

                Contuvo una carcajada de satisfacción y megalomanía, pero no la sonrisilla que acabó por escapársele.

                ―¿Sabes en qué puesto quedaste al final de la Clasificación del Escondite? ―Le inquirió, súbitamente, Kris.

                ―¿Ese es el nombre definitivo de la lista de desaparecidos? Me molaba más el de Seek and hyde…

                ―¡Yo no se lo puse! Ejem―carraspeó―, ¿lo sabes o no?

                ―No pensé que llegaría a entrar… ¿Lo he logrado?

                ―Puesto octavo con medio año. Felicidades.

                Era una felicitación sarcástica, por supuesto.

                ―El ocho es un buen puesto ―canturreó―. Es el número de las brujas.

                ―¿Tú crees en brujas? ―Kris enarcó una ceja, divertido.

                ―No llego a descreer del todo.

                Anarchy se detuvo al distinguir a Lexel y Arameo. Se encontraban en una esquina algo alejada del resto de grupitos, medio riendo de alguna tontería, medio charlando estruendosamente. De una manera u otra, su actitud molestó a la muchacha. Era otro rebuscado detalle que añadir a sus argumentos de por qué le caían mal en vez de reconocer que estaba celosa. Indiferente a la lucha interna que batallaba en el interior de la joven, el motivo de sus celos se adelantó para unirse con sus amigos. En realidad, lo que más le molestaba a la chica era lo irracional de sus emociones. Algo comprensible dado su propio carácter ilógico, pero aun así se sintió traicionada por sus sentimientos. Se suponía que su irracionalidad tenía que molestar a petardas como Missy, no auto herirse.

                Molesta al comprender que la fallida conversación había terminado, la muchacha se despidió con desgana y algo de resentimiento.

                ―Me voy a quitarle las pelusas a mi taquilla ―remarcó la misión como si se tratase de algo fascinante, a pesar que era lo primero que se le había ocurrido.

Comenzó a racionalizar sus celos mientras caminaba. Comprendía el por qué: dadas sus habilidades para llevarse mal con los demás, un amigo como Kris, que nunca le había fallado, era demasiado valioso como para cederlo. Para perderlo. Para olvidarlo.

                “Aun así todavía no le has contado nada”, le recriminó su conciencia. Poniéndole, nuevamente, voz a lo que no se atrevía a decir.

                Las taquillas se encontraban en un pasillo tranquilo, relajado en comparación de los que acababa de abandonar. Ocupaban una hilera de casilleros blancos cuya numeración era tan inabarcable como el pasadizo. Muchos habían intentado llegar hasta el final, pero la mayoría se había rendido cuando la luz y el oxígeno comenzaban a escasear. Así pues, una vez que el alumno dejaba la escuela (Bien al matricularse, desmatricularse o sufrir trágicos accidentes), su cifra era cedida al último número, logrando de este manera ocupar siempre las primeras porciones del pasillo.

Anarchy se detuvo, sobrecogida ante la inmensidad del corredor. Si todo se mantenía como el día en el que había desaparecido, su número tenía que ser el 348. Por primera vez en todo el día, la suerte pareció sonreírle cuando desbloqueó dicha taquilla. Pero se trataba de una mueca, una sonrisa maligna que se deshizo en carcajadas crueles.

Amontonado entre libros y hojas arrugadas, se encontraban los restos de un esqueleto muy humano. Y bastante reciente, dados los restos de carne todavía adheridos al hueso.

La chica miró a su alrededor. Había otra muchacha en el pasillo: Petunia estaba delante de su taquilla, rebuscando algo con ese interés característico de las tortugas: lento y apacible. Incluso si no hubiera estado distraída, que solo se encontrara esa muchacha la alivió. De todos los testigos posibles, estaba la más despistada, la última en fijarse en lo que haría con el segundo cadáver del día.

Algo más relajada, Anarchy suspiró. ¿Conocéis ese irrefrenable impulso que uno siente al estar delante de un esqueleto y que le anima a ponerse su calavera en la cabeza y bailar agitando sus huesos? Pues ella lo notó. Y no pudo resistirse.

Bailó, inventándose un ritual para eliminar la tensión y el desconcierto de aquellos días. Bailó, disfrutando por un momento de su regreso a la academia y de poder hacer una locura sin preocuparse de sus consecuencias. Bailó hasta que por una esquina aparecieron una fastidiada Missy y una fastidiosa Palatina que se detuvieron, anonadadas, al verla con esa guisa.

Congelada por la sorpresa, murmuró el clásico: “No es lo que parece”.

Pero era, precisamente, lo que parecía.

¿TE ATREVES A JUGAR?

Desde las sombras, la autora controla los dados de la historia. Es ella quien reta al azar, pero sois vosotros los que decidiréis cuál de todas las tiradas será la elegida.

Juego en marcha: hoy toca confesión: todas las ideas que tenía para el juego se han trasladado para el siguiente capítulo por culpa del bailecito de Anarchy con los huesos. Quiera o no, a veces la protagonista tiene el suficiente poder para retrasar algunas cosas. Pero no para detenerlas (¡Muas juas juas!). Y dado que he descartado las otras ideas que tenía en el comodín, hoy os ofrezco un desafío extraño y peligroso.

1.UNA DE TERROR: para los despistados que todavía no lo sepan estoy inmersa en varios retos que he fusionado en uno: escribir todos los días y los 33 dibujos gore (Que, siendo honesta, ninguno me ha salido gore, pero la intención es lo que cuenta). Cada día tiene un tema determinado para escribir y acompañar con un dibujín. Por ejemplo, Decadencia ha coincidido con el 2 (Decapitación) y el 9 (Huesos). Pues bien, para una escena que afectará al futuro, no al presente, os dejo elegir qué día publicaré el siguiente capítulo y, por tanto, el tema de dicha escena. La elección estará entre el 14 (Autolesiones), 15 (Insectos), 16 (Esclavitud), 17 (Tentáculos) y 18 (Muñeca). Elegid cuidadosamente ya que cualquiera de esas decisiones afectará directamente a la trama de Decadencia.

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