DECADENCIA: 6

Música de fondo

Para un lector promedio, el asunto de las desapariciones puede resultar un tanto peculiar, especialmente al tener en cuenta lo exageradamente habituales que son y la despreocupación de amigos y conocidos de los desaparecidos. Eso es debido a que en aquella academia, o instituto para los ajenos, desaparecer es un acto tan común y cotidiano que todo alumno que se precie ha desaparecido al menos una vez. No hacerlo es motivo tanto de desprecio como de gloria, mientras que ausentarse más de una semana es una trampa que roza los límites de todas las reglas y el propio prestigio dentro del rígido esquema de las clases. Por ello, nadie se preocupa por las desapariciones: una hora, un día, dos… No importa el tiempo perdido, únicamente recuperar parte del equilibrio que el estrés y los deberes han destruido.

                También hay una clasificatoria de récords. Nadie la aprueba ni la aplaude, pero secretamente muchos admiran a aquellos que logran estar más de un mes ausente sin llegar al castigo definitivo: la EXPULSIÓN.

                El medio año de Anarchy se encuentra en lo alto del podio, pero lejos de la auténtica campeona. Aunque desapareció mucho antes que la ególatra protagonista, ella todavía no ha regresado. No obstante, ni esa, ni la desaparición de Senhua, ni la aparición de la Sombra es la culpable de que la muchacha haya roto una norma más colándose en el instituto al atardecer.

                Todo había comenzado como un impulso que empujó a la chica a dar un paseo nocturno, primero sin rumbo, luego encaminando sus pasos hacia el origen de todos sus problemas, especialmente los que le impedían conciliar el sueño.

                Delante de la puerta principal, la joven temblaba. Había algo en la oscuridad, en la falsa tranquilidad de las calles, en las sombras sospechosas que se agazapaban tras coches y contenedores, que la inquietaba. Y a pesar de ello, ninguna de esos temores era capaz de superar la intranquilidad de estar de nuevo delante del instituto y de volver a encontrarse con la extraña criatura que le había atacado.

                Su recuerdo latió bajo el vendaje de la pierna, ahí donde quedaría una cicatriz imborrable.

                Anarchy se desperezó. Ese estaba siendo un día muy largo, tanto que casi parecía que no iba a acabar nunca. Quizás fuera consecuencia de su regreso el que el tiempo se arremolinara más lentamente, como dándole la oportunidad de adaptarse de nuevo a la rutina. O puede que fuera solo otra anomalía más.

                No le sorprendió descubrir que las puertas estaban abiertas. La esperaban, más allá del recibidor, la cafetería o los pasillos, ahí donde la oscuridad tenía forma y se escuchaba el susurro de voces crueles.

                La chica supo que esta vez no pensaban dejarle escapar cuando vio a la gigantesca sombra al lado de la conserjería. Alimentada por el misterio de la noche y el temor que despertaba, parecía aún más grande y amenazadora, un engendro descomunal que necesitaba encorvarse y cuyos brazos se arremolinaban en las columnas de mármol.

                Un escalofrío recorrió el cuerpo de Anarchy. Aquella cosa la miraba con paciencia y tranquilidad, sabedora de alguna manera que la muchacha no escaparía de nuevo: no solo el miedo la detenía, también la mantenía inmóvil unas cadenas tan imaginarias como la emoción que representaban: respeto.

                “No tiene sentido”, gruñó con resignación, “Al no ser que, en el fondo, todavía valore estas estúpidas normas y valores.”

                Con todo el esfuerzo que suponía ignorar al monstruo, contempló su mano derecha. Había escrito tantos trabajos y exámenes con ella que podía distinguir los minúsculos callos producidos por el roce continuo con el bolígrafo. Sobre sus viejas cicatrices brillaban las heridas nuevas: las raspaduras al escapar escalando un telescopio gigante o los pinchazos de su traicionera aguja. Esa era la nueva ella, no la alumna perfecta que cumplía todas las normas sin cuestionarlas. Aun así, pasara el tiempo que pasara, era imposible desterrar del todo a los antiguos yos que la habían acompañado a lo largo de su vida. Todavía seguían en su interior, latentes y débiles, retazos de unas personalidades debilitadas pero existentes.

                Cuando levantó la vista, la sombra continuaba vigilándola.

                Los ojos de la criatura, dos hendiduras sobre la oscuridad, fueron los únicos que se mantuvieron inmóviles en el momento en el que, súbitamente, su cuerpo comenzó a hacerse trizas. Con la velocidad de un parpadeo, el ser se desvaneció, confundiéndose con la esquina entre la puerta y la pared, donde se agazapó hasta desaparecer. A pesar de ello, la sensación de sentirse observada no desapareció.

                A Anarchy no le sorprendió descubrir que alguien se acercaba por uno de los pasillos laterales. En el momento en el que el monstruo desaparecía, una muchacha se adentró en el recibidor. Lo que no esperaba es que se tratase de Lizzie.

                Las dos chicas se miraron, sorprendidas, quizás algo tensas, pero indudablemente inquietas al haber sido descubiertas.

                ―¿Volviendo a la escena del crimen? ―Aventuró Anarchy con una pizca de burla que fue capaz de romper el silencio angustioso que había entre ambas.

                Con un bufido, la otra muchacha cruzó los brazos.

                ―Lo que haga o deje de hacer no te incumbe ―señaló―. Aunque por una vez saciaré tu curiosidad: estoy haciendo lo que dijiste que harías y no cumpliste.

                ―¡Protesto, inclemente fiscal! ―su boca se frunció en un mohín al entender lo que, de manera más o menos clara, estaba insinuándole―. Por si los rumores llegan con retraso, tuve un accidente.

                ―Mientras Senhua continúa desaparecida.

                ―Pensaba que no te importaba.

                Al instante supo que había sido demasiado cruel, demasiado injusta con Lizzie, a pesar que ella intentaba permanecer impermutable.

                Los remordimientos acuchillaron sus entrañas, recordándole con voz sinuosa que había sido ella quien había abandonado a Senhua e incluso puede que hubiera atraído a la desgracia solo con regresar y llamar la atención de la sombra. Había antepuesto su propia seguridad ante la de una desconocida y luego hería a la que más debía de estar sufriendo por todo, a pesar de…

                Anarchy parpadeó, consciente de un insignificante detalle que hacía que estuviera en deuda con la joven.

                Lizzie acababa de salvarle la vida.

                ―Idiota ―gruñó, indiferente a los pensamientos de la otra―. Es solo que creí que estaría ausente un par de horas… No todo un día.

                ―Quizás es porque está siendo un día muy raro, ¿no crees? Demasiado largo, demasiados trozos sueltos… Los monstruos han abandonado el armario y los incautos desaparecen ―se le escapó una risilla―. ¿No te parece?

                ―Solo que cada vez estás más chalada.

                La chica se encogió de hombros, aceptando el insulto como un halago. Estaba a punto de contratacar cuando su mirada aguamarina se posó en la conserjería. Quizás solo fuera una maniobra más del azar, pero de todos los rincones posibles, el monstruo se había apoyado en ese.

                Casualidad, trampa o pista.

                Anarchy se encaminó hacia la conserjería. A pesar de la angustiosa sensación de sentirse observada, ignoró la esquina en la que se había escondido la sombra.

                No podía hacerle daño.

No ahora.

La puerta estaba cerrada con llave. Frustrada, la muchacha le pegó una patada. Era el primer obstáculo con el que tropezaba y no estaba dispuesta a rendirse pese a que no le quedaba más opción que aguardar a que fuera de día.

El amanecer se le antojó absurdo, casi imposible.

―¿Qué haces? ―Lizzie le lanzó una mirada curiosa.

―¡Ah! ¿No te había comentado qué estoy haciendo en el instituto? Lo siento, mi memoria está algo distraída: también ha desaparecido algo que me importa y que deseo recuperar.

―¿Algo?

―Mi diadema favorita ―Anarchy resopló, resignada―. Todos los destrozos que está sufriendo mi ropa se ha vuelto un argumento muy poderoso para ir mañana con uniforme.

―O para no regresar… ―musitó Lizzie, casi en susurros, hablando más para sí misma.

Afuera, la noche continuaba su lento camino hacia una nueva mañana. Poco a poco, el tiempo se fue acomodando en los oxidados mecanismos que permitía el paso de los días y el avance de los meses. Muchas cosas habían sucedido desde la última vez que se había encargado de la maquinaria que movía ese mundo, a ojos humanos, más de un siglo desde su última aparición. Por algo era al que llamaban tiempos nuevos, tiempos de cambio, tiempos intrépidos y peligrosos, tiempos asesinos de aburrimiento, tiempos que Missy temía y que profetizaban épocas de sombras, pero también de las luces más brillantes.

La luna, apenas una franja blanca que destacaba sobre la negrura del cielo, trepó por la cúspide celestial, reclamando el trono que le pertenecía como reina de la noche. Su escasa lumbre, acompañada por el tintineo de las estrellas, iluminó la fachada del instituto.

En letras grises se podía leer su nombre: Academia Sidhe.

¿TE ATREVES A JUGAR?

Desde las sombras, la autora controla los dados de la historia. Es ella quien reta al azar, pero sois vosotros los que decidiréis cuál de todas las tiradas será la elegida.

Juego en marcha: el tiempo de protagonismo de Anarchy termina ahora que un nuevo personaje alcanza un título: Arameo como el paria. Una de las opciones más peligrosas, al igual que interesantes.

Lamentablemente, esta bruja estará varios días de viaje, por lo que no podré ni escribir ni responder comentarios. Dado que vais a tener mucho tiempo para reflexionar, os voy a poner en un apuro: la primera decisión que acabar la posible muerte de un personaje. Para que luego no digáis que las opciones tienen truco, la pregunta es lo más simple posible: ¿Morirá Senhua?

  • Si decís que sí, el tiempo en las sombras se le agotó a la chica y el número de estudiantes vuelve a ser perfecto.
  • Si decís que no, escapará y otro personaje ocupará su lugar. Puede ser uno que ya ha aparecido o alguien nuevo. Sea quien sea, se os volverá a hacer la misma pregunta hasta que uno muera, se terminen los personajes o surja una manera de detener este ciclo. Si existe. El siguiente personaje será elegido al azar, no obstante, hay cierto riesgo: si sale ganador el paria (Arameo) su papel le impide escapar de las sombras y, por tanto, morirá.

Sacrificar o no a Senhua está en vuestras manos.

[VOTACIÓN CERRADA]

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2 comentarios en “DECADENCIA: 6

  1. Quién es la auténtica campeona de las desapariciones? o.o

    Me gustó mucho la escena en la que Anarchy se encuentra con la sombra!
    También sentí la sensación de ser observada… o.o
    Creo que la sombra quería llevarse nuevamente a la chica, pero también me dio la sensación de que ella estaba a la espera de nuestras decisiones para poder observar el desarrollo del resto de la historia xD
    Pero por qué quería llevársela? Creí que se había llevado a Senhua para que el número de personas volviera a ser el “correcto”…
    Hablando de Senhua… no es que le tenga cariño pero no quiero que muera 😦 aunque tampoco quiero que muera Arameo si sale elegido! Dx En realidad no quiero que muera nadie jaja xD
    mmmm…. Voy a tratar de no encariñarme con ninguno para no llorar después xD

    La academia se llama “Sidhe”? Tendrá algo que ver con la mitología? =O

    Saludos! 🙂

    • Alguien no tan descabellado como pueda parecer 😉

      ¡Me alegra que te haya gustado!
      Hay muchos detalles cuya explicación no se dirá, sino que son para que cada uno se los imagine. Y la verdad, tu idea queda muy bien dentro de la historia XD
      Bueno, alguien tiene que morir por una escena muy importante, pero tampoco tiene por qué ser Arameo. Dependerá de la suerte.

      ¡Sí! Es una referencia bastante simple, pero tiene su importancia.

      ¡Hasta el siguiente! :3

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