DECADENCIA: 5

Había comenzado a caminar sin darse cuenta. Huía de Anarchy y todo lo que iba a traer consigo, de los cambios que destruirían su rutina, de la inseguridad al no saber qué sucedería de ahora en adelante.

Temblorosa, Missy se detuvo en medio del corredor. Por un instante, una llama negra brilló en sus ojos, sustituyendo el azul por oscuridad.

―Somos uno más ―murmuró con la voz seca, casi cavernosa, mientras su mirada recuperaba la normalidad―. Hay alguien que no tendría que estar aquí.

La chica se aferró a aquel pensamiento con calma y tranquilidad, racionalizando sus consecuencias. Ser la primera en descubrir aquel dato le confería una ventaja a la que estaba dispuesta a aferrarse con uñas y dientes. Era una pista que el azar había lanzado y que solo ella había descubierto por ahora. Pronto la información se iría filtrando, oculta en rumores y bromas, pero la verdad, la auténtica verdad, solo era para unos cuantos elegidos.

Y la muchacha formaba parte de ellos.

Sonrió con cansancio mientras analizaba su mente. El egocentrismo era el único remedio que podía vencer al miedo que había empezado a anidar en su cuerpo. Odiaba estar asustada y sentir como el germen de la inquietud se revolvía en su interior, tiñendo sus percepciones de paranoia o inseguridad.

La joven se enderezó al escuchar la melodía de varios pasos acercándose hacia ella. En un momento de incertidumbre se preguntó si iban a por ella, pero no tardó en desechar la idea.

No tenía de qué preocuparse: ella, por encima de todos, era perfecta.

Y a pesar de realmente creer que su confianza era cierta, la muchacha se escondió tras una columna. Agazapada en su escondrijo, observó la silueta de aquella otra chica que recorría el pasillo con pasos certeros y la mirada brillante de determinación. No tenía que estar ahí, gruñó Missy para sus adentros. Con cada paso que daba aquella joven se aproximaba a la condena, pero también alejaba el peligro de los demás. En su fuero más egoísta, Missy descubrió que internamente la estaba animando a continuar.

Súbitamente le sobrevino el nombre de aquella insensata que caminaba rumbo hacia la perdición:

Senhua andaba con paso decidido, alejando de sí las últimas brumas del aburrimiento. Lo hacía sin saber que aquella iba a ser la última vez en mucho tiempo que disfrutaría de su cansina vida mortal. La oscuridad de la sombra que le había parecido ver le aguardaba al otro lado de una trampa que todavía no había descubierto.

Y a pesar de ello, si la muchacha hubiera sabido que el destino que las Moiras habían tejido para ella podía terminar con su muerte, seguramente incluso así habría continuado caminando. Aquella incógnita sin sentido ni lógica que alteraba la lógica realidad era demasiado tentadora, demasiado poderosa como para seguir con su insulsa realidad. Los demás la también la habían visto, de eso estaba segura, pero solo ella se había atrevido a seguirla y retar así a su futuro.

“Quizás”, pensó con una risilla, “sí sea algo suicida al fin y al cabo”.

A pesar de la incertidumbre, a Senhua le gustó como sonaba el ruido de sus pasos. Eran un desafío que tintineaba al compás que se rompían las cadenas de aburrimiento que gobernaban su vida. Estaba cansada: de las reglas, de tener que estar siempre con la cabeza gacha y de ocultar cualquier ápice de su personalidad. Odiaba la auténtica academia, ese monstruo que se ocultaba tras la fachada de un instituto alegre e inocente.

Una hoja revoloteó al borde de las escaleras.

Más normas grabadas en el papel, repetidas una y otra vez, aligerando el control con mensajes inocentes y escondiendo la verdad con justificaciones inocente. Las odiaba y amaba al mismo tiempo en una contradicción que solo ella comprendía.

Su camino terminó en la escalera. Entonces supo que si bajaba aquellos escalones nunca nada más sería igual. Que iba a desaparecer, quizás para siempre.

―Al menos ―le susurró a la nada, quizás esperando que al poner voz a sus pensamientos esto lograra calmar su corazón― sé que ellas no me olvidarán. No pueden hacerlo. Son mis auténticas amigas: Perla y

Lizzie se masajeó las sienes. No entendía el absurdo regreso de Anarchy, aunque a decir verdad, nunca había comprendido su estúpido comportamiento. La actitud de esa niñata pretenciosa y presumida nunca había tenido, para su parecer, explicación alguna. Era como un cachorrito que se guiaba por impulsos y que al instante olvidaba qué estaba haciendo. Que se hubiera ofrecido como voluntaria para buscar a Senhua casi le había parecido una ironía dada la relación de esas dos chicas. Aun así, hacer que una inútil buscara a su amiga era lo mejor que podía haber sucedido.

Anarchy nunca sería capaz de encontrarla.

Su yo más egoísta aplaudía ante aquel giro de acontecimientos. Aunque nunca lo había reconocido, ansiaba que Senhua descendiera una clase y formara parte de la suya. Quizás esa desaparición fuera suficiente para que le bajaran la Moral y su calificación. Entonces estarían juntas hasta que Perla ascendiera.

Juntas, de nuevo, las tres.

A sabiendas que nadie la veía, la joven sonrió. Quizás ese sería el día en el que su sueño se hiciera realidad. Y de no ser así, también tenía la segunda baza para equilibrar su confianza: aunque la desastrosa novata nunca daría con su amiga, no estaba sola. Y si alguien podía encontrarla, seguramente sería

Arameo se despidió de Petunia. Aunque la chica le resultaba adorablemente simpática, nunca se sentía del todo cómodo a su lado. Dada su tendencia a olvidarse del mundo que le rodeaba y la tranquilidad casi invisible de aquella muchacha, no habían sido pocas las veces que la había perdido u abandonado en un rincón perdido del instituto, la ciudad e incluso un páramo solitario en el que habían estado de excursión.

Libre del lastre de su conciencia, el joven sonrió. Aunque de normal ocultaba su estado de ánimo tras una sonrisa afable, la prepotencia de Lizzie había podido con su paciencia. Buscar o no a Senhua era una decisión que le resultaba absolutamente insignificante. Y la antipatía de aquella muchacha le había impulsado a decantarse por la respuesta negativa.

Confiando en que la otra muchacha, esa estrambótica mancha negra y verde, se encargara del trabajo, el chico se escabulló hacia uno de los muchos escondites que tenía localizados en la academia. Cualquier lugar que escapara al control de los Vigilantes podía convertirse en un posible escondrijo en el que entretenerse navegando por Internet o jugando con su consola.

Un pasatiempo que encontraba más entretenido y que aprovechaba mejor que las aburridas clases de agosto.

Sin terminar de barajar sus opciones, se decantó por la más sencilla de todas: el vestuario del gimnasio.

Con el paso seguro de quien sabe que nadie le preguntaría nada, Arameo se encaminó hacia su escondite. Esa era otra de sus imprudentes decisiones, otra más que se acumuló en una deuda pendiente de la que todavía no tenía constancia.

Cuando llegó le sorprendió ver que la puerta estaba abierta.

Con el pálpito de la emoción recorriendo su cuerpo, el chico presionó el pomo antes de adentrarse en el interior de los vestuarios. A pesar que no era necesario, las luces estaban encendidas, iluminando las baldosas azul claro y las taquillas borgoñas. Aun así, lo más llamativo de todo era la pulcritud de un lugar que mantenía una guerra eterna contra el moho y los charcos de líquidos de dudoso origen.

Aun así, el muchacho le tenía un cariño inexplicable a ese lugar que había marcado como suyo.

Para su desagrado, y tal y como había sospechado, no estaba solo. Otro joven, poco mayor que él, caminaba dando círculos alrededor de dos bancos. Alto, rubio, fornido y su tez morena no eran más que algunos de sus rasgos más característicos que le conferían una imagen difícil de olvidar. Incluso Arameo, no muy dado a alabar el cuerpo masculino, consideraba a aquel chico una belleza casi legendaria. Pero ni siquiera su buena planta o sus llamativos tatuajes (Algunos todavía sin descubrir) eran factores decisivos para convertirlo en una deidad de la hermosura y la popularidad: todos sus rasgos se unían gracias a una personalidad arrolladora, casi brutal.

Era esa personalidad, precisamente, la que parecía haber decaído. Por primera vez parecía un ser humano normal, otro cualquiera, con el rostro sumido por la incertidumbre y su mente tan lejos como sus fantasías.

―Perdona ―se disculpó Arameo, aunque no muy seguro de si el otro se había percatado de su presencia.

El chico sonrió al notar como se dirigían hacia él. En un instante recobró su imagen perfecta y el fuego de la confianza volvió a arder en sus ojos.

―Tranquilo, estaba esperando a una esquiva gatita. Aunque por lo que veo, hoy no aparecerá. No ante mí.

Sin dejar de sonreír, abandonó el vestuario. Sin él daba la sensación que parte de la inmaculada limpieza había decaído.

Indiferente ante aquel encuentro, el muchacho se reclinó en una esquina mientras sacaba la consola. La pantalla estaba iluminándose cuando se acordó del nombre de

Cameron salió de los vestuarios con la mente nublada por la decepción y la impaciencia. Nunca había albergado demasiadas esperanzas de volver a verla, pero saber que había perdido la oportunidad de encontrarse con ella le frustraba más allá de lo inimaginable.

Necesitaba volver a verla, eso era lo que le pedía el loco deseo que poco a poco se había instalado en la que tendría que haber sido una vida perfecta. Pero ella siempre escapaba de él, traicionera y enigmática como el propio tiempo. Ni siquiera estaba seguro de si la amaba o la detestaba, solo que tenía que volver a verla, solo una vez más.

A pesar que la enfermedad había borrado su nombre y rostro.

A pesar de no saber qué haría cuando se volvieran a encontrar.

A pesar de no recordar con precisión qué había sucedido en su primer encuentro.

A pesar de ello… no descansaría hasta encontrarla, aunque ahora tuviera que esperar otro mes.

A veces el chico se preguntaba si, finalmente, se había vuelto loco. Quizás todo cambiaría si confesaba su secreto, pero aunque siempre estaba rodeado de admiradores y envidiosos, nunca había logrado la suficiente confianza como para regalar el título de “amigo”. Ello había llevado a que poco a poco, hubiera comenzado a olvidar el valor de la “amistad”.

A fin de cuentas, era inútil malgastar tu locura en una persona cuando se está persiguiendo a otra.

“Debería de preguntarle a mi orientadora”, pensó, “Si enmascaro la verdad no se dará cuenta. Ni siquiera la resabelotodo de

Missy frunció el ceño. Su mañana había empezado con la llegada de Anarchy y terminaba con su encuentro en el pasadizo. Puede que al final la maldición no se hubiera desatado en la chica del pasillo, sino que había buscado a la auténtica pecadora, ese comodín que no tenía permiso para unirse a la baraja.

O puede que la magia antigua fuera más allá de una herida y el poder para expulsar a la chiquilla recayera en ella, la reina de primero, la delegada perfecta, la protectora de las normas.

Para eliminarla solo tenía que completar el círculo que se había entrelazado en el último día de tranquilidad. Una a una, todas las hebras se habían enlazado, como una carrera de relevos que la propia narración había orquestado en contra de la aspirante a protagonista.

La muchacha respiró profundamente antes de tomar una decisión.

Había comenzado a correr sin darse cuenta. Huía de Anarchy y todo lo que iba a traer consigo, de los cambios que destruirían su rutina, de la inseguridad al no saber qué sucedería de ahora en adelante, pero también del olor de su sangre. Desagradable. Innecesario. Apetitoso.

Temblorosa, Missy se detuvo a las afueras del instituto, camuflada en la marea de estudiantes que abandonaban el tablero. Por un instante, una llama blanca brilló en sus ojos, sustituyendo el azul por luminosidad.

―Somos uno más ―murmuró con la voz seca, casi cavernosa, mientras su mirada recuperaba la normalidad―. Así que alguien tiene que desaparecer.

¿TE ATREVES A JUGAR?

Desde las sombras, la autora controla los dados de la historia. Es ella quien reta al azar, pero sois vosotros los que decidiréis cuál de todas las tiradas será la elegida.

Juego en marcha: y con el final, o pausa, de la narración confusa toca retomar el juego anterior.

1.EL PAPEL: después de una reñida confrontación, el papel de The pariah ganó la última ronda. Ahora toca elegir qué personaje ascenderá y logrará dicho título.

2.DIOSA DEL AMOR: una nueva diosa tiene puestos sus intereses en los personajes de Decadencia. Y más concretamente, en sus corazones. Es ella quien os invita a comentar que posible pareja veis entre los personajes que han salido. Hayan interactuado o no. En una apuesta que tengo con ella, si gana la pareja que ella cree que habrá, esta se hará realidad. Podéis comentar o no vuestras ideas, facilitando las posibilidades de hipotéticos romances. La diosa en cuestión dice que os lo agradecerá.

Y esto es todo por ahora. Para el siguiente capítulo no hay opciones, ya que serán consecuencias de las que han habido hasta ahora.

¡Saludos de bruja!

RESULTADOS: Arameo como el paria

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6 comentarios en “DECADENCIA: 5

  1. Me encantó la cadena circular que hizo al capitulo *0*
    Al fin pudimos ver en acción a todos los personajes de la historia! 😀
    Ahora a esperar (más bien votar) el siguiente desarrollo 😀

    Votación:
    1.EL PAPEL: tal vez no sea original mi pensamiento, pero no dejo de ver a Senhua en el papel de “The pariah”… así que la voté a ella xD
    2.DIOSA DEL AMOR: No sé por qué, pero cuando mencionaste a la diosa del amor pensé en tu hermana 🙂 En fin, aquí van las parejas que tengo en mente jiji
    – Arameo x Cameron
    – Kris x Petunia (también me gusta esta pareja :D)
    – Kris x Anarchy
    – Lexel x Petunia (no sé, simplemente quiero poner a la despistada Petunia con alguien xDD)
    – Lexel x Anarchy

    Saludos! 😀

    • ¡Me alegra que te haya gustado! Cuando lo subí tenía un poco de miedo por si no quedaba clara.
      Hora de la verdad: has descubierto la identidad de la diosa del amor XD Lo cierto es que todo comenzó porque ella veía una pareja así que hice esta “prueba” para ver si alguien más la veía… Y por ahora nadie la ha votado. Pero aun así es divertido leer las ideas 😀

      ¡Hasta el siguiente!

      • wiii~ descubrí su identidad! 😀
        No acerté pero fue divertido igual jaja
        Ojalá que alguien la vote para que se haga realidad 🙂

        Nos vemos! n_n

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