DECADENCIA: 4

(Escenario del mundo de las sombras basado en la idea propuesta por Giullianna)

                Kris mordisqueó el lápiz mientras sus pensamientos divagaban, lejos de las oprimentes paredes de la clase y su aburrida lección. Ahora que había regresado, no podía dejar de pensar en Anarchy, en lo mucho que había añorado su compañía, con sus bromas y tendencia a llevarle la contraria a la gente. Y aun así, solo se había dado cuenta cuando la había vuelto a ver. Hasta ese entonces, habían sido seis meses de olvido, en el que el recuerdo de la joven se había ido disipando, perdiéndose entre pensamientos y obligaciones.

                Ahora todo ese tiempo se le antojaba casi eterno, pero en la realidad había sido muy diferente: se había olvidado por completo de ella, como si solo hubiera sido una desconocida que, en un momento dado, había dejado de estar ahí.

                Quizás fuera por el olvido, o por la prolongada ausencia, pero el chico sintió que había perdido a su amiga.

*

                Anarchy caía, envuelta por baldosas rotas, casquetes y polvo.

                La sombra tenía el rostro múltiple de los Vigilantes.

                ―El castigo por no cumplir las normas ―su voz, fría e impersonal, resonó en las paredes de la clase. En los pupitres, las plumas continuaban rasgueando romances e intrigas, ajenas a la castigada―, es la desaparición.

                Con una sonrisa, la otra Anarchy, la original, la autora, la burlona, alzó las manos, permitiendo que el pupitre fuera destruido.

                ―Predeciblemente ridículo ―suspiró―, aunque inevitable dada vuestra costumbre a eliminar lo que no os gustaría que existiera. En fin, tampoco quiero discutir con paredes sordas que no aprecian la sutileza de una metáfora.

                La sombra había comenzado a alejarse. A pesar que a sus múltiples personalidades les resultaba indiferente el arrebato infantil que había llevado a esa autora a crear un proyecto condenado al fracaso, su conjunto como monstruo había disfrutado destruyendo la historia.

                Detrás suyo, la joven continuaba sonriendo.

                ―Aunque es cierto que no tendría que haber sido tan obvia, al eliminarlo habéis convertido en evidente y censurado algo que no tenía que haber sido así―rio―.Yo también os condeno: a ser un sueño, una ilusión, una pesadilla irreal atrapada en la mente de la protagonista. Lo siento, pero no está en vuestras garras escribir el final, sino en los espectadores que aceptaron el juego.

                La autora desapareció en cuanto su corazón asumió la irrealidad. Su voluntad también se disipó, transformada en los pedazos inconclusos de un recuerdo que no había llegado a existir.

                Anarchy caía, solo que ya no le esperaba el vacío de la nada, sino un suelo frío y agrietado que la recibió con crudeza. Mareada, la joven se quedó tendida tal y como había caído, demasiado aturdida como para levantarse y racionalizar lo que acababa de suceder. Más allá del sinsentido que una sombra la hubiera empujado a un agujero que antes no estaba, el dolor de la pierna y una extraña angustia, como si acabara de despertar de un sueño, acaparaban toda su atención.

                Se incorporó a regañadientes sin dejar de quitarse el polvillo que la cubría: había pasado de ser una mancha verdosa a una grisácea, una afrenta imperdonable que su orgullo se negaba a aceptar. Una vez pasada la preocupación por la integridad de su jersey (Y también la del corte de la pierna. Después de comprobar que solo era una herida superficial, la muchacha se recriminó sus propias prioridades), intentó levantarse mientras observaba el lugar en el que se encontraba. Aunque no había estado en ninguno, le recordó a un viejo laboratorio astronómico, especialmente por la cúpula agrietada de la que acababa de caer y el indiscutible telescopio que presidía el centro de la habitación. Estaba en ruinas, como su apremiante alergia al polvo no paraba de señalarle, con el material destrozado u oculto tras capas y capas de telarañas y diversos documentos repartidos a lo largo de cualquier superficie que se prestara a la labor: todo tipo de viejos papeles cubrían la antigua mesa, los estantes, las cajas amontonadas, incluso habían llegado a tapizar el suelo en el que Anarchy había caído, dejando una marca oscura que imitaba perfectamente el contorno de su silueta.

La joven tragó saliva. No sabía qué le parecía más inquietante: si las huellas recientes que cubrían el tapizado o las tinieblas que se podían vislumbrar al otro lado de las ventanas que rodeaban la cúpula como un anillo de cristal. No había nada afuera, solo la oscuridad más impenetrable que puede existir.

La única luz provenía del agujero que había caído. En su papel de improvisada Alicia, la chica encontró más razonable abandonar aquel lugar que continuar persiguiendo a su sombrío conejito negro. Aunque en su caso, ella parecía el conejito que huía perseguido por la sombra.

Sin dejar de darle vueltas a sus pensamientos, se encaró en el telescopio, primero subiendo a la plataforma circular en el que estaba dispuesto, luego agarrándose a unos complejos aparatos cuya función desconocía pero que fueron muy útiles para empezar a trepar. A pesar del asco que sentía hacia la suciedad y de los estornudos que finalmente estaban empezando a sacudirla, la muchacha inició su ascenso, ayudada por toda la porquería que cubría al telescopio: lejos de resbalarse, casi sentía que se acabaría por pegarse si continuaba mucho tiempo quieta en el mismo sitio.

Llegó a lo alto, un punto en el cada temblor que sentía amenazaba con lanzarla al suelo. Si estiraba el brazo, observó, podía alcanzar los bordes del agujero. En el fondo, estaba totalmente aterrada, pero le daba más miedo soltarse y perder el equilibrio que la situación en la que se encontraba. Aun así, debía de darse prisa: los bordes temblaban mientras el techo de la cúpula por un lado y el suelo del instituto en el otro, comenzaban a sellarse de nuevo.

Tenía que hacerlo ahora o nunca.

Cuando estaba a punto de extender el brazo, escuchó la voz.

La joven contempló el revoltijo de cajas y papeles: había alguien más abajo, alguien que antes no estaba o se había mantenido escondido por precaución o miedo.

―Ayúdame ―una chica comenzó a emerger de aquel caos. Tenía también el rostro tiznado por el polvo y el miedo―. Ayúdame.

Quiso preguntarle su nombre, si era la desaparecida Senhua, pero Anarchy se mantuvo en silencio. Ni siquiera se replanteó la posibilidad: era demasiado tarde para retroceder y ayudar a una desconocida.

Los gritos de la otra muchacha la persiguieron en su traición. Ni siquiera giró su rostro para mirarla una última vez: haciendo como si no la hubiera llegado a ver, la joven se aferró a los límites del agujero y abandonó el observatorio antes que este se cubriera de nuevo por las tinieblas.

Anarchy se arrastró por el pasillo, alejándose todo lo posible del sitio del que había emergido, con el temor que este se volviera a abrir de nuevo. Finalmente, cansada por el esfuerzo y el escozor de la herida, se dejó caer de nuevo. Aunque nada más escapar había sonado el timbre del fin de las clases y se escuchaban unas pisadas cada vez más cercanas, para ella no era más que ruido que verberaba en su confusa cabeza, completamente ininteligible. Escuchó como alguien se acercaba por el pasillo, pero se mantuvo indiferente incluso cuando el desconocido chilló al verla.

―No tenía que haber sido así ―farfulló al cabo de un rato―. Tendrían que haber visto mi jersey limpio y precioso, no este trapo mugriento en el que se ha convertido.

―Me enternece ver que eso es lo único que te preocupa ―ironizó una voz familiar.

La joven abrió los ojos. Enfrente suyo, dos chicos la miraban; él con curiosidad y ella con reprobación. No le extrañó distinguir a Missy con su fajo de papeles y su mueca perenne.

―Lo siento ―suspiró, atreviéndose a esbozar una sonrisa―. Perdón por mancharte las baldosas.

―¡Estás asquerosa! ―Protestó, blandiendo casi los papeles como si así pudiera defenderse de la suciedad―. Y eso, ¿es sangre? ¡Pero qué narices ha pasado!

―Creo que un “¿qué cojones ha pasado?” reflejaría mejor ese cóctel entre estupefacción y fastidio que sientes ahora mismo.

―No me corrijas el lenguaje, Anarchy. Al menos yo soy lo suficientemente educada como para no recurrir al uso de palabrotas.

La muchacha puso los ojos en blanco.

―Lo lamento, su perfeccionista y perfecta majestad. Mi desagradable respuesta es un reflejo del fastidio que siento al ver como se ha cernido sobre mí un castigo divino con el que purgar mi lenguaje.

Fue el turno ahora de la otra chica para poner los ojos en blanco.

―Te tomaré en serio el día en el que madures ―gruñó―. Espero que esto te sirva de escarmiento y te quedes tranquilita en tu casa con tus jerséis y el resto de tus tonterías.

Más indignada por el insulto que por todas las normas rotas que estaban ensuciando el suelo, conjuntamente con la sangre y la porquería, Missy dio media vuelta y se alejó con aquel pasito orgulloso tan característico en ella, pero impaciente al mismo tiempo. Como si quisiera distanciarse todo lo posible de esa renegada antes que le contagiase algo.

El otro joven se quedó en silencio, incapaz de apartar su mirada preocupada de la herida.

―Deja que te ayude ―exclamó, súbitamente, mientras le tendía una mano―. Ese corte es espantoso, ¿cómo te lo has hecho? ¿Te duele mucho?

―Será el mareo, pero ahora mismo no siento ni recuerdo casi nada ―Anarchy se obligó a sonreír―. Me gustas, tienes un estilo particular.

A pesar no solo de llevar el uniforme, sino de tener prendido en él la insignia de 1ºA, aquel muchacho parecía rebasar el límite de los artículos decorativos permitidos con unos auriculares naranjas o un cinturón de colores entre otros. También le gustó su pelo, negro pero con las puntas teñidas de azul.

El desconocido sonrió amigablemente antes de pasarle el brazo por los hombros y ayudarla a levantarse.

―Tú también eres muy mona ―asintió mientras comenzaba a andar―, jo, me habría gustado verte sin… sin… ¿cómo te has hecho todo esto?

La muchacha cerró los ojos. Le invadía el sueño casi con una necesidad apremiante con la que olvidaría lo sucedido y recuperaría esa calma que había predominado en su vida los últimos meses.

Alguien la llamó a lo lejos, gritando su nombre con sorpresa y miedo.

Resignada, se obligó a despertar. Volvía a estar de nuevo en el instituto, aunque ya habían abandonado los pasillos y se encontraban en el recibidor, rodeados por un discreto semicírculo de curiosos. Kris y Arameo estaban a su lado, preocupados, aunque el segundo también estaba algo fascinado por el incidente que había sucedido.

―¿Estás bien? ―Anarchy parpadeó, casi sin comprender la pregunta que le hacía su amigo―. ¿Pero qué le ha pasado, Lexel? ―añadió, dirigiéndose al chico desconocido.

―¿Tiene que ver con Senhua? ―exclamó el otro, visiblemente emocionado―. ¿Te ha atacado algún monstruo de las pelusas? ¿La has visto?

―No ―la mentira brotó sola. Lo que había sucedido se estaba convirtiendo en su pequeño secreto, algo que no quería ni podía contar a nadie más. Tampoco la iban a creer de todos modos―. Lo cierto es que lo que ha pasado ha sido tan tonto y estúpido que os dejaré con la incógnita. Hasta el misterio de no saber lo sucedido es más interesante que la insulsa realidad.

El sueño la reclamó de nuevo, aprisionándola con sus zarpas hasta que no pudo escapar.

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4 comentarios en “DECADENCIA: 4

  1. Me dio pena Senhua xD Ahora cómo va a salir de ese lugar?
    Por qué la sombra las arrastró hasta allí? Seguirá secuestrando personas? o.o
    Por qué la Anarchy original se condena también a si misma? o.o
    Muchas preguntas! Este fue un capítulo tan confuso como los sueños! *-*

    Saludos! 🙂

    • Eventualmente todo se resuelve. O eso dicen 😀
      Las sombras son confusas. Puede que incluso todo haya sido un sueño.

      ¡Nos vemos en el siguiente!

  2. Bien, siguiendo mi norma no establecida por mi vengo tarde a comentar ¬¬
    El capitulo sin duda ha sido extraño tanto por el lugar donde ha acabado Anarchy como por como ha reaccionado ante ello y lo que le ha ocurrido a la auténtica….supongo que de haber estado yo en la misma situacion habria buscado mas mi propia salvacion que el ayudar a una persona desconocida, crep que la pelicula americanas idealizan demasuado la bondad humana…en fin…escribo desde el movil perdona las faltas que pueda haber y que el comentario sea tan corto
    Espero la conti

    • ¡Más vale tarde que nunca! 😀

      Hay demasiadas situaciones idealizadas, y para desgracia de la otra chica, Anarchy no suele guiarse por impulsos o sacrificios.

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