En lo alto del desfiladero

Se sentó en el límite entre el vacío y la nada, buscando la efímera compañía del eco. Había demasiadas cosas que quería contar, demasiados pensamientos que, al intentar hablar, se entremezclaban en un caos de palabras ininteligibles. Dentro de su cabeza todo estaba perfectamente ordenado en hileras infinitas de argumentos e ideas. No obstante, al intentar expresarlas, aquel orden se desvanecía, trayendo consigo el desbarajuste de las dudas y la precipitación.

                En lo alto del desfiladero, la narradora que no sabía narrar tuvo que aprender a cantar.

Los personajes sin nombre y el mundo gris
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