DECADENCIA: 1

Música de fondo

                De lejos, el Instituto parecía el mismo de siempre: un impresionante edificio blanco que relucía en medio del páramo, quizás con las torres más inclinadas o los cristales más oscuros, pero idéntico al de los recuerdos de Anarchy.

                Había pasado solo un año desde que la joven hubiera abandonado su protección y el elixir que solo sus acólitos podían tomar; una droga maldita capaz de conceder euforia y felicidad a cambio de dependencia. También había dejado atrás a los pocos amigos que no se habían resignado a la decadencia y todavía resistían, y las reglas, esas odiosas reglas que limitaban y encarcelaban, que condenaban y dictaban lo que tendría que suceder desde las sombras.

                La joven no fue consciente que realmente había regresado hasta que cruzó el portón. A pesar del óxido y la carcoma que se había zampado las decoraciones de madera, el interior relucía con orgullo. Se podían distinguir mil reformas y cambios, como la capa de pintura de rosa que había cubierto las antiguas grietas en un intento de camuflar la decadencia que lo estaba devorando todo. Esa imagen entre destartalado y reluciente logró que Anarchy sonriera, a pesar que sus ojos estaban anegados por la nostalgia. Había vivido tantas aventuras, juegos y descubrimientos que ya nunca más se iban a repetir, que una minúscula parte de su ser anhelaba retroceder en el tiempo y volver a repetir esos días perdidos que el polvo y el tiempo le habían arrebatado. Aun así, saber que ya nada le ataba a ese lugar le había permitido evolucionar, aunque fuera en solitario y por caminos envenenados en los que se había visto obligada a retroceder con tal de seguir avanzando con toda la intensidad que le permitía la ausencia de limitaciones.

Y aun así había regresado. Por curiosidad y una pizca de rebeldía al saber que habían ocultado su despedida, porque necesitaba eliminar la nostalgia para continuar, pero sobre todo, por esa cabezonería suya que estaba dispuesta a hacer que todo temblara.

Cohibida ante la sensación angustiosa que se filtraba por las paredes, gritándole en el idioma del viento que ya no era bienvenida, la chica se quedó inmóvil. De todos los cambios, el que más contrastaba con sus recuerdos era el silencio de los pasillos: o ya no quedaba nadie o ya solo se podía susurrar.

Paso a paso, acompañada por el eco, Anarchy se adentró en el Instituto. A ambos lados del pasillo había múltiples puertas y escaleras que conducían a las diferentes clases, todas ellas perfectamente ordenadas y clasificadas con pulcros carteles de órdenes rígidas y señales que evitaban cualquier equivocación.

Al final del corredor no había nada. Ni pared, ni salida, ni nada remotamente real, únicamente un manchurrón de oscuridad infinita e inabarcable.

La joven dudó, repasando mentalmente cuales eran las reglas:

Un escritor para controlar la historia, el escenario y los personajes.

Un paquete básico de personajes a los que manipular y del que siempre había que usar uno como mínimo antes de añadir los propios.

Y luego la lista de lo permitido y lo que no.

―Yo quiero proponer mi propio juego ―le susurró a las penumbras antes de dar media vuelta―. Elijo el escenario más sencillo, a todos los personajes más mi propia protagonista, pero rechazo mi libre albedrío. Sé que podéis escucharme, lectores, es por eso que os reto: os dejaré elegir a vosotros entre el abandono o continuar leyendo, si ayudar a mi protagonista o castigarla. Os permito juzgar mi condena si con ello soy capaz de ganar a la decadencia.

La muchacha llegó a la clase. Su interior no tenía más fin que el que los ocupantes quisieran desear y estaba enteramente dividida por un centenar de pupitres dispuestos de manera metódica y ordenada. Todo aspirante a escritor podía obtener su propio hueco donde podía trabajar en su historia, siempre bajo la supervisión de los vigilantes, entes humanoides que acechaban desde los rincones.

Había pasado un año, pero aun así la chica encontró de nuevo su pupitre. Solo que a sus ojos no era más que un tablero donde las fichas tenían nombre y personalidad.

En un arrebato de orgullo, lanzó su desafío con la forma de un personaje al que le dio su mismo nombre: Anarchy.

SIGUIENTE CAPÍTULO: el ocho de agosto
¿TE ATREVES A JUGAR?

Desde las sombras, la autora controla los dados de la historia. Es ella quien reta al azar, pero sois vosotros los que decidiréis cuál de todas las tiradas será la elegida.

  • JUEGO EN MARCHA: todos los personajes tendrán su papel, algunos más secundario y otros quizás logren uno principal. Con tal de igualar el juego, la protagonista no tendrá por qué ser necesariamente “la buena”. Vosotros decidiréis su rol, aunque la Creadora se guarda para sí el revelar qué significa cada papel (Títulos basados en la canción This is war).

VOTACIÓN CERRADA: Anarchy tendrá el rol de The liar

 

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