LA LETANÍA DEL VIRUS: 2

Despecho Omnipotente Síndromes

                 Maurice contempló la pantalla del móvil con un interés que bordeaba el asombro ante ese gesto instintivo.

                ChicaAburrida: ¡Hola! ¿Podemos ser ya amigos?
                ChicoSolitario: No sé ni por qué te he agregado. Me dabas miedo y esa impresión no ha desaparecido.
                ChicaAburrida: Q^Q
                ChicoSolitario: Pero necesito distraerme…

                ―Porque la clase va a comenzar ―concluyó Maurice para sus adentros.

                ChicoSolitario: ¿Por qué tanta insistencia en ser mi amiga? Es un poquito… ¿perturbador?

                Al otro lado de la pantalla, la chica aburrida se planteó la misma pregunta. Le gustaba dejarse guiar por impulsos caóticos, sin pensar nunca en las consecuencias de sus decisiones, pero a la hora de elegir un posible amigo había tomado en cuenta tres puntos lógicos, inherentes a su personalidad. El primero había sido la red wifi de aquel instituto de paredes grises, treinta y cuatro plantas y aspecto achaparrado. Los otros dos…

                ChicaAburrida: Tu avatar es una caratula de un CD de Apologize. No es que fuera mi grupo favorito, pero nunca he conocido a alguien que le guste la música del siglo pasado. Luego vi tu Nick. Yo estoy aburrida y tú eres un ChicoSolitario. ¿No es perfecto? 😀
                ChicoSolitario: Mi Nick es solo una manera de burlarme de mis compañeros de clase. Yo NO soy un Solitario.

                No era un Solitario, pero estaba solo, puntualizó para sus adentros. Cansado, Maurice alzó la vista hacia el reloj digital que brillaba encima de las puertas del jardín. Quedaba menos de un minuto.

                ChicoSolitario: Joder, siento ser tan borde, pero me espera una clase jodida. Ya hablaremos luego, que la apasionante Historia de la patología me espera.

                El joven cerró el chat segundos antes que la campana sonara. Enfrente suyo, sus compañeros se desperezaban entre bostezos y risas, empujones y chistes. Tanto sentados como de pie, formaban un grupo homogéneo, blanco y plateado como el uniforme, que se sincronizaba perfectamente. Todas las clases estaban encarnadas en esos grupos perfectos que se movían como escuadrones robóticos, siempre anteponiendo la decisión común ante la personal.

                Hacía tiempo que el muchacho se había quedado atrás, incapaz de lograr que su ego desapareciera por el bien de una personalidad general. A veces odiaba el momento de ruptura en el que había sido expulsado definitivamente. En otras ocasiones se alegraba y en otras se deprimía pensando en su futuro.

                Asumiendo todos los desastres posibles, el muchacho siguió al resto de su clase rumbo al aula.

*

                La chica aburrida releyó la escasa conversación. Con cada lectura se fijaba en un detalle diferente, buscando esas pistas con las que podía intentar analizar la identidad de su nuevo contacto. No era más que un juego con el que poder entretenerse lo suficiente antes que el sopor la invadiera de nuevo. Sabía que inevitablemente se cansaría y su existencia volvería a entrar en un bucle de lamentos y desidia. O quizás no.

                Desde que había entrado en la red se sentía exuberante, recargada con la energía de enfrentarse a mil inventos y acertijos. Internet era eterno, al igual que su diversión.

                Llevaba ya cinco días sin estar aburrida.

                En el nuevo juego que se había inventado, sus propias reglas le daban la suficiente ventaja para ganar. Conocía el instituto al que pertenecía ese chico, ella misma lo había elegido; ahora solo tenía que mirar el horario para saber a qué grupo le tocaba ahora Historia de la patología y acotaría un poco más el terreno de caza.

*

                El asiento de Maurice se encontraba en la esquina de la última fila. Sus compañeros se lo habían cedido para remarcar aún más la distancia que les separaba y él nunca había protestado. En realidad lo prefería: estaba dentro del punto ciego de la cámara que vigilaba el aula, y dado que los profesores habían depositado toda su confianza en esas máquinas ninguno se molestaba en comprobar si estaban con los móviles en vez de prestar atención.

                Dispuesto a disfrutar del privilegio de la invisibilidad, el joven sacó su teléfono mientras sus compañeros, divididos en grupos de trabajo, preparaban sus respectivas exposiciones. Dados los designios de la clase, el suyo había sido un trabajo individual que hacía tiempo que había entregado. Los demás se habían repartido la información para hacer siete exposiciones, cada una referida a las enfermedades más investigadas de las siete plagas.

                Primero había sido el turno de los parásitos. Luego hablaron de los Ensombrecidos.

                Aburrido y expectante, el muchacho abrió el chat. Solo la misteriosa ChicaAburrida permanecía en línea; el resto de sus amigos se había desconectado con el inicio de las clases.

”¿Y tú qué?”, le preguntó a la pantalla, “¿No vas al instituto?”

ChicoSolitario: ¿Hola?
ChicaAburrida: ¡Hola! Jejejejej… Pensaba que tenías clase.
ChicoSolitario: Tengo clase, pero pasan de mí, así que…
ChicaAburrida: Te aburres, ¿verdad?
ChicoSolitario: Sí, pero también estoy cabreado, muy cabreado con todos ellos. Estoy cansado de estar solo, de no tener a nadie… Cosa que no debería de importarme ni una mierda porque puedo hablar en mil chats con mil amigos como tú. Si algún día se me cayera la lengua nadie se daría cuenta.
ChicaAburrida: òAó No lo entiendo. Precisamente he leído hoy un artículo sobre las medidas que han implantado para evitar Solitarios ¿Tus profesores no se dan cuenta?
ChicoSolitario: Según la psicóloga no hay más problema que mi ego, pero para el resto eso no importa. Están convencidos que soy un SOLITARIO, así que siempre se las ingenian para que esté solo: en las excursiones, en los trabajos…

El joven se contuvo. Deseaba desahogarse, pero nunca antes se había abierto tan pronto con alguien a quien acababa de conocer. Necesitaba continuar, pero no podía seguir ignorando las advertencias de su sentido común.

Alzó durante un momento la mirada para confirmar que el profesor no se había fijado en él. Afortunadamente, éste continuaba tomando notas de la correspondiente exposición. Era turno de Manuel, un chico bastante tímido que estaba convirtiendo sus ocho minutos en una agonía de tics y palabras repetidas. Su trabajo era sobre la dolencia ígnea, una menos para que tocara la pesadilla de Maurice.

Al menos tenía una nueva amiga con la que desquitarse.

ChicoSolitario: Odio las exposiciones. Son aburridas e inútiles ¡Solo repiten de nuevo lo que hemos dado en clase!
ChicaAburrida: Historia de la patología… ¿qué tipo de exposiciones hacéis?
ChicoSolitario: De las siete enfermedades tontas. O las siete plagas, tanto da como llamarlas.
ChicaAburrida: ¡Pero si son muy divertidas!
ChicoSolitario: No si el que tiene que hablar sigue los pasos de Cómo NO hacer una exposición

El profesor cortó al pobre Manuel, recriminándole los numerosos fallos que había cometido. La pared, convertida en pantalla, parpadeó al recibir las instrucciones de una nueva alumna que se levantaba. Era la única que prescindía de la ayuda de un esquema y cuyo trabajo todos estaban esperando, por ello, fue también la única que recibió un ligero aplauso mientras en la pantalla aparecían sus diapositivas.

―Hola, soy Mallorca, representante del grupo P―se presentó, siguiendo la fórmula de cortesía que todos usaban―. Y voy a hablar de las neuroenfermedades del nuevo siglo: los síndromes.

“Comienza el show”, gruñó Maurice, entrecerrando los ojos.

―Las neuroenfermedades surgieron cuando se creía que ya había un medicamente para cada virus o bacteria―comenzó la muchacha. Hablaba de manera pausada, consciente que el suyo era el don de la palabra. Ni tartamudeaba ni necesitaba recurrir a oportunas notas, tampoco parecía estar diciéndolo de memoria―. Era el auge de las farmacéuticas y los sistemas sanitarios cada vez más reducidos según desaparecían las emergencias. Muchos de los más grandes e ilustres psicólogos han señalado como otro posible factor la robotización de nuestra sociedad y la dependencia a internet.

ChicoSolitario: Lo peor de estas exposiciones no es escuchar a niñatos haciendo mal un trabajo.
ChicaAburrida: Dado lo que me has contado de tus “entrañables” compañeros y el tema, ¿puedo presuponer que lo peor es que hablen de los síndromes?
ChicoSolitario: ¡Premio! A ver si adivinas también qué enfermedad toca ahora…

Mallorca se aclaró la garganta. Hasta el momento, nadie se había atrevido a cuchichear por lo bajo. El silencio y la expectación que reinaban en el aula eran absolutos.

―El síndrome engloba dos dolencias: el Aburrimiento y la Soledad. ―Remarcó las dos palabras, confiriéndoles así un aire a suspense.

Maurice se estremeció. Por el momento eran solo imaginaciones suyas, pero podía sentir como todos estaban pendientes de él.

―Los enfermos de Aburrimiento sienten que la vida no vale nada, que todo es una estupidez. Son incapaces de motivarse con las tareas más comunes y necesitan explotar los límites para escapar del sopor. Su evolución es tan rápida que suelen pasar a un estado agudo en cuestión de días. Dadas sus tendencias psicóticas o suicidas, la mayoría suele sufrir graves heridas e incluso perder la vida antes de recibir el tratamiento…

ChicoSolitario: Ahora mismo está hablando de los Aburridos. De manera muy educada por el momento, pero me apuesto lo que sea a que hablará únicamente de los que se cortan un brazo o ponen una bomba en una guardería, en vez de los casos más comunes.
ChicaAburrida: ¿Qué se le va a hacer? A la sociedad le puede el morbo.
ChicoSolitario: Ya. Pero lo peor viene ahora.

―… luego están los enfermos de Soledad.

                Como instigados por un resorte, todos los jóvenes desviaron su rostro hacia ese compañero suyo tan raro, tan aparte, tan antipático. Ese muchacho que nunca hablaba con nadie y se sentaba en la última fila.

                ―Los Solitarios son bastante desagradables y egocéntricos ―comenzó Mallorca. Ella también miraba directamente a Maurice, dándole a entender que hablaba de él―. Ignoran al resto del mundo, ya sean compañeros de clase, de trabajo, clientes… Al principio son incapaces de adaptarse, luego se rehúsan a intentarlo y se mantienen apartados. Son los que prefieren hacer los trabajos individuales, sentarse solos…

                El chico notó que estaba a punto de romper a llorar por la rabia. Ya no les importaba si lo que decía era cierto o no, únicamente acusarle. Aunque no fuera un enfermo de verdad.

                Ignorando todas esas miradas que estaban pendientes de él, de la crueldad de las palabras que iban vertiendo como veneno, Maurice comenzó a teclear. Ya no le importaba que se dieran cuenta.

 ChicoSolitario: LOSODIOLOSODIO LOSODIOLOSODIOLOSODIOLOS ODIOlOSODIOLOSODIO LOSODIOLOSODIOLOSODIO LOSODIO LOSODIOLOSODIO LOSODIOLOS ODIOLOSODIOLOSODIO
                ChicaAburrida: ¿Qué pasa?
                ChicoSolitario: Que para ellos soy un puto Solitario y como los profesores no hacen nada necesitan hacer un JODIDO TRABAJO DESCRIBIÉNDOME COMO UN ENFERMO MENTAL QUE SE SUICIDA POR QUE ES INCAPAZ DE SOCIALIZAR CUANDO LO ÚNICO QUE SUCEDE ES QUE PASO DE ESTAR CON SEMEJANTES IDIOTAS
                ChicaAburrida: Oye
                ChicoSolitario: ¿Qué?
                ChicaAburrida: Apaga el móvil

                Maurice se detuvo, confuso. La exposición seguía, convertida ahora en un espectáculo de insultos enmascarados y acusaciones veladas. Todos sonreían, dispuestos a martirizarle con tal que él reconociera que padecía el síndrome. Podía notarlo a pesar que ya no escuchaba ni se fijaba en lo que los demás hacían. Solo tenía ojos para el teléfono y su último mensaje, parpadeante y enigmático. Lo apagó sin darle más vueltas. No entendía el porqué, pero le daba lo mismo.

                Puestos a confiar, prefería tenderle la mano a una desconocida que le había escuchado antes que a unos niñatos egoístas.

                El joven alzó el rostro, dedicándole una mirada retadora al resto de su clase. Especialmente a Mallorca, quien continuaba hablando como si solo existiera una única enfermedad.

                Y entonces, se desató el caos.

                Con una sincronización perfecta, todos los móviles comenzaron a reproducir el mismo archivo de audio: unas risas burlonas que podían haber terminado de hundir al chico, pero antes de verse afectado por ellas reconoció su origen. Formaban parte del final de Black joker, una de las canciones más famosas de Apologize. Una estruendosa cacofonía se elevó por encima de las protestas del profesor y la voz de Mallorca. Tonos graves y agudos, altos y bajos, se entremezclaron con el fragmento de una segunda canción:

                ―RIDÍCULO RIDÍCULO ―repetían los móviles entre risas ante la desesperación de sus dueños, incapaces de bloquearlos.

                Maurice también rompió a reír, compartiendo ese impulso casi demencial que había roto la tranquilidad del instituto.

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4 comentarios en “LA LETANÍA DEL VIRUS: 2

  1. Wow, no me dejas respirar D: tu sabes la cantidad de detalles que has denado ir sueltos entre lineas? Estaba leyendo con miedo a olvidar uno de ellos pero empezamos:
    1- Tengo la sensación de que aparte de definir cada capitulo, podria agarrar las palabras inconexas de los titulos y formar una frase o algo mas concreto.
    2- Ya podemos dar por echo que el instituto de Maurice es el mismo sitio donde Mamen se tiro cosa por la cual también confirmar que lo que pasa con el desde el prologo y el suicidio de Mamen estan en momentos diferentes y no cercanos precisamente ( si hablamos de pasado).
    3- Eso se debe a que en el prologo Mamen fue tachada como enferma del sindrome, y a pesar de no saber en que aspecto podemos asgurar que con esa clase de gente que usan los “enfermos de sindrome” de pasatiempo ocasional, y con lo que les gusta malhablar de casos extremos, seria normal que el cuchucheo por el suicidio de Mamen fuera tema en boca de todos. Independientemente de que ella fuera o no afilada de cualquier manera al centro.
    4- Lo que nos podria llegar a preguntar si ella es cvica aburrida la cual gracias a la aparente descubrimiento reciente de internet no lo esta aún, aunque esos conocimientos dignos de hacker no lo apoyarian
    Quien sabe. La cosa segura es que ella esta aliviando su “sindrome” descubriendo la identidad de internautas.
    5-Y que el hecho que eligiera el instituto i su red a la que probablemente estaba conectado Maurice al igual que todos alli podria dar a entender que quizas hacker no, pero si esta en posición de controlar la red escolar y otras cosas como la camera o servicios que fueran comandados por un ordenador. Pero buf tampoco descartaria yo asi .
    Y bueno que Maurice no vive en pais ajeno al de mamen. Y todo por Ma, ma, ma. ¿Juego de palabras o docrtina del nuevo mundo? A saber

    • Los títulos de los capítulos tienen “juego”, pero es una tontería muy simple XD Solo hay que coger las iniciales y, ¡xam! Misterio descubierto.
      Lo de las “Ma” al principio fue casualidad y luego una broma para la historia. Quizás en esa época de la cronología estaban de moda.

  2. Me encantó~~!!! *0*
    Genial, genial! 😀

    Aburrimiento y soledad!
    La chicaaburrida y el chicosolitario…
    Cuando leí la exposición de Mallorca acerca del aburrimiento, no pude evitar pensar en la chica que se cayó (o se tiró) desde una ventana… Mamen era su nombre…
    La chicaaburrida y Mamen tendrán alguna conexión? <.<
    Otra curiosidad es que todos los nombres comienzan con la palabra "M" 🙂

    Saludos!

    • ¡Me alegra que te haya gustado! >w<

      No, no fueron muy originales con sus nicks. Aunque tampoco es casualidad.

      Lo cierto es que empezaron a surgir todos los nombres por MA- por casualidad. El único que puse a propósito, siguiendo el juego, fue el de Mallorca XD

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