LA LETANÍA DEL VIRUS: 1

Un edificio gris, achaparrado, de solo treinta y cuatro plantas. Encima de la entrada principal las palabras: Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres, y, en un escudo, la divisa del Estado Mundial: Comunidad, Identidad, Estabilidad…”

                Mamen cerró los ojos. De un salto se fundió con el vacío, la nada, la ausencia y el aire. Intentó dejar la mente en blanco, eliminar todo rastro de pensamientos y lógica, pero aquellas palabras continuaron resonando en su cabeza, extracto de algún libro de texto. No sabía por qué, de todo lo que había leído o escuchado alguna vez, le asediaba precisamente aquel párrafo. Ni siquiera encajaba con su situación. Era tal la incoherencia que la muchacha rompió a reír. Su risa se elevó en una cacofonía inversa a la parábola que su cuerpo trazaba. Su rumbo era, inevitablemente, el frío de la acera, el humo de los coches y el golpe seco que pondría fin a su locura.

                Un caleidoscopio de imágenes, recuerdos, voces y fantasías cubrieron la realidad, ocultando tras su sombra los lánguidos e interminables rascacielos, las monótonas calles, el constante avance de los coches y las farolas simétricas. Solo al cerrar los ojos fue capaz de borrar ese escenario aburridamente perfecto, sustituyendo el diseño lógico por el caos que su mente se atrevía a esbozar. Ese desorden que su subconsciente orquestaba era, dentro de su corrupto punto de vista, idóneo.

                Su caída fue tan hermosa como solo pueden serlo las tragedias. El pobre orgullo de la joven, dezmado ante la certeza de la muerte, se infló al sentir como incluso los robots que controlaban el tráfico, reencarnación de esa odiosa perfección, alzaban sus falsos rostros para verla. Su reflejo en las pantallas de poliacrilamida parecía una lágrima solitaria.

                El golpe contra la realidad se llevó los colores, las ilusiones y las imágenes absurdas. En su lugar dejó la agonía de un cuerpo maltrecho que quedó tirado en medio de la calle, con los brazos torcidos en un ángulo imposible y una flor sanguinolenta floreciendo bajo su espalda. Mamen comprendió lo que era el auténtico dolor, la tortura de sentir como todo lo que una vez la había conformado se fragmentaba en mil trozos o la impotencia de saber que nunca más volvería a levantarse de nuevo.

                Y a pesar de ello, el dolor sabía a victoria.

                Alguien corrió hacia donde se encontraba. Desde las brumas de la confusión pudo ver la silueta de una figura imprecisa. No estaba sola: al otro extremo de la calle, los curiosos se arremolinaban, aterrados ante la desgracia. Un coche ralentizó su velocidad para ver a la chica caída y dos más se apartaron para dejar paso a la ambulancia.

                ―Qué desgracia…

                ―La he visto caer desde una de esas ventanas… No puedo ni pensar en que se haya tirado…

                ―Puede que solo se haya caído…

―Quizás la han empujado…

―¿Qué es este escándalo? ¿Por qué han cortado la calle?

―¡Dejad paso a los enfermeros!

Las voces se arremolinaban alrededor de su cabeza, inconexas y distantes. Mamen quiso sonreír, gritarle al mundo lo que había sucedido, saludar a los inesperados espectadores y, después, continuar como si no hubiera sucedido nada. Pero el sueño reptaba por su consciencia, trayendo consigo el recuerdo de su salto al vacío y pedazos de fantasías que prometían disparates interminables cuando cerrara los ojos.

Pudo notar como alguien se arrodillaba a su lado y el característico chasquido del descender la ambulancia. Una carcajada nació y murió en su pecho al distinguir la silueta del vehículo entre manchas borrosas. Se había olvidado que ahora volaban, al igual que el resto de servicios de emergencia.

―Voy… ―se atragantó con su propia sangre―. Voy a…

Una mano le sujetó la nuca mientras otra presionaba su abdomen. O eso le pareció intuir: el delirio le había arrebatado la visión.

―No digas nada ―susurró una voz, segura, tranquila, aunque con un deje de urgencia detrás de la calma que intentaba trasmitir―. Te vas a poner bien.

―Voy… Voy a surcar el cielo ―vomitó las palabras a trompicones antes de sumirse en la inconsciencia. Lo hizo con una sonrisa tranquila, indiferente a la pequeña burbuja de caos que había logrado hacer estallar.

                El sueño sobrevino con la frialdad de la muerte. Diversas escenas se entrelazaron en su vigilia: las claustrofóbicas paredes de la ambulancia, el verde del quirófano, el blanco del hospital, los rostros acongojados de sus padres…

                ―Está enferma ―anunció una voz en uno de aquellos momentos. Hablaba de manera tan lenta que las palabras se entremezclaron entre los diferentes momentos, confundiéndose en el tiempo y el espacio de lo sucedido―. No hay duda, tiene el síndrome.

                Así fue hasta que la oscuridad se lo llevó todo consigo. Y, de una vez por todas, Mamen logró fundirse con la nada, el vacío y la inexistencia.

*

                Dos macetas cubrían el rincón que Maurice había autoproclamado como suyo. Dos macetas tan anchas como el propio chico y con la forma de una cúpula perfecta de la que pendían varias rosas, todas ellas de un híbrido entre plástico y flor. Formaban parte de esa decoración exagerada y sobrecargada del centro que convertía cada pasillo, cada clase, en el delirio personal de un artista. El patio superior, una inmensa terraza que cubría tres cuartas partes de la vigésima octava planta, recordaba a un pulcro jardín con sus rosas de mentira, sus delicadas sillas y mesas blancas en las que nadie se podía sentar, las baldosas blancas y negras bordeando los maceteros y la cúpula de cristal que cubría el lugar como si en vez de un instituto fuera una mezcla entre invernadero y salita de té. Fuera el objetivo o no del diseñador, lo cierto era que la pomposa decoración contribuía a alimentar la sensación de calma y tranquilidad que imperaba en todos los recreos. No importaba la edad, su origen o el género: todos los estudiantes se desperdigaban en grupos a lo largo de los arcos arbóreos, las enredaderas en flor o el estanque, durante los quince minutos reglados de descanso. Todos, sin excepción alguna, se sentaban en su rincón a la espera que el tiempo pasara.

                A pesar que vestía el mismo uniforme plateado, a pesar que compartía la misma simetría facial (Una perfección genética que se había logrado después de varias generaciones fallidas), a pesar que se había criado con los mismos hologramas animados y los mismos libros, a pesar de todo ello, Maurice era diferente al resto de sus compañeros. Por mucho que llevara el mismo corte de pelo que un tercio de los chicos, por mucho que visualmente fuera un calco de los demás, había algo en él que lo convertía en algo único, un mutante social. No era una sola característica, sino todo un conjunto de peculiaridades que lo distanciaban del resto, aun cuando todas ellas habían surgido por culpa de ese distanciamiento. Aunque nadie, ni siquiera él, se había percatado de la paradoja de ese círculo de consecuencias.

                La respuesta más sencilla de todas era que siempre estaba solo.

                Técnicamente esa era una verdad fácilmente refutable a la que el chico no le daba más vueltas que las necesarias en los momentos de bajón emocional. Al igual que el resto del mundo, tenía esa segunda vida virtual en la que podía decidir cómo ser, una segunda personalidad en la que sus defectos y cualidades se intercambiaban los papeles dada la ocasión.

                Como en todos los recreos, Maurice se distanció del resto de sus compañeros de clase para esconderse detrás de las dos macetas. Odiaba sentirse observado, girar y encontrarse con sus sonrisas burlonas y las miradas acusatorias. No eran necesarias las palabras para saber de qué se le acusaba, pero esa incertidumbre entre paranoia y certeza no hacía más que agravar la duda que poco a poco se había implantado en su cabeza.

                El joven se sentó conteniendo un suspiro cansado. Son un gesto mecánico, prácticamente instintivo, sacó el móvil y comenzó a navegar por las mil redes sociales que tenía. En todas ellas compartía sus gustos y quejas, pero siempre convirtiendo su identidad en un secreto que no pensaba revelar a nadie. Inherente a su paranoia natural, el temor al que sus compañeros de clase le encontraran y aprovecharan el anonimato para martirizarle era una de sus pesadillas más habituales.

                Pero ni siquiera ellos eran capaces de eclipsar el paraíso que era Internet, un edén particular donde tenía amigos y no había barreras con el que contener sus opiniones.

                Aburrido al ver que no había chats abiertos o topics interesantes, se sumergió en un juego virtual con más desgana que interés. Estaba golpeando estrellas de hielo cuando el buzón de notificaciones comenzó a pitar. Lo ignoró, más atento a la partida que a cualquier mensaje inoportuno, pero un segundo pitido se sumó al anterior, y luego un tercero tan impaciente como los otros dos. Y entonces, la aplicación se cerró.

                El chico contempló el menú: entre mil iconos estaba el hueco que había dejado un juego que no solo había desaparecido, sino que se había desinstalado.

                Entre intrigado y molesto ante lo que parecía un aviso de poca memoria, abrió el buzón de notificaciones. Para su sorpresa, lo único que había era una petición de amistad con tres mensajes, separados entre sí por un par de segundos.

:Hola
:HOLA 😀
:¿Quieres ser mi amigo? (⁄ ⁄•⁄ω⁄•⁄ ⁄)⁄

No había ningún número, Nick o correo electrónico, simplemente un hueco en blanco.

Aquel anónimo activó a partes iguales su miedo ante los peligros de internet y la curiosidad. Podía ser tanto una broma, un virus cruel o una petición sincera. Y aunque el aburrimiento le instigaba a responder, aunque solo fuera para decir que no, el sentido común se impuso. Dispuesto a asegurarse que no estaba ante un hacker o algún troyano, entró en varios de sus chats principales para preguntar si alguien más había recibido un mensaje anónimo similar. Ninguno parecía haber recibido una petición de ese estilo, lo que no hizo más que activar un debate sobre antivirus y complots. Olvidándose del misterio, Maurice sonrió mientras leía los mensajes. Finalmente el sopor de no saber de qué hablar se había extinguido ante la novedad. Su atención fue requerida por uno de los contactos con los que tenía más relación, Oveja_Negra, quien no había tardado en iniciar una conversación privada:

Oveja_Negra: Oye, ¿al final que has hecho?
ChicoSolitario: Nada, aunque creo que voy a borrarlo. No me fío de los anónimos.
Oveja_Negra: ¡Genial! >___< No sé, puede que solo sean cosas mías, pero me ha dado muy mal rollo

Todo aquel asunto estaba condenado a convertirse en una anécdota, pero aun así el joven se sintió exuberantemente feliz. No solo porque su parte más egoísta disfrutaba de ser el centro de atención, sino por aquella pequeña muestra de cariño que le había dedicado un desconocido únicamente al preocuparse por lo que podría pasar. No necesitaba estar rodeado de un montón de gente para dejar de sentirse solo. A veces solo bastaba un pequeño gesto, un pequeño detalle que a ojos de los demás hubiera parecido insignificante.

Satisfecho, eliminó la petición de amistad. Quedaban cinco minutos para que el recreo terminara, lo que trajo consigo un retortijón amargo que fue expandiéndose desde su estómago hasta el resto del cuerpo. La angustia logró borrar la satisfacción que segundos antes sentía, al recordarle que era día de exposición.

“Solo serán cuarenta y cinco minutos”, repitió para sus adentros con la seguridad de quien deposita su fe en una oración. Estaba tan concentrado auto-convenciéndose que no iba a suceder nada que no se percató que el móvil había comenzado a vibrar.

Al abrir los ojos vio más mensajes.

ChicaAburrida: ¡¡¡Ups!!! Se me olvidó quitar el anónimo :’’D
ChicaAburrida: Perdón por asustarte, pero solo soy una chica aburrida en busca de un amigo.

Sin saber muy bien lo que estaba haciendo, Maurice la agregó, olvidando la cautela ante la apremiante necesidad de dejar estar solo.

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6 comentarios en “LA LETANÍA DEL VIRUS: 1

  1. No estaba segura si ponerme con el crimen perfecto antes puesto que cronologicamente hablando fue luego de obsesion pero MEH, vamos alla!
    Yo ya te lo he dicho muchas veces de que disfruto como narras y ese aspecto de intercalarlo para que se vaya formando la imagen correcta però sin que quede mal ahi de pegote, y la gloriosa caida de Mamen lo ejemplifico a la perfección. ¿Y bueno que puedo decir? Aparte del claro malestar de Mamen por la revolución futurista, ells parce toda una viajera del tiempo atrapada en la epoca equivoca. Eso o alguien que de alguna manera vio el futuro correr demasiado rapido para su gusto. Que conste que lo de quedarse congelado cuenta como viaje en el tiempo bajo mi parecer eh otro tipo pero al fin y al cabo.

    Y nuestro joven Mauri-kun (?) (Te vas a comer el mote cutre algunas veces dependiendo de mi pereza) que con Mamen comparte aversion por el mundo, pero no por el futuro (aún) y que sin duda alguna posee distinta nacionalidad.
    Y la chica aburrida, que es claramente un trap. Ahaha ¿lo pillas? Porque podria esconder su genero gracias a internet y porqur Maurice va a caer probablemente en la trampa eheheh ¿no? Vale ya me voy al rincón.
    Nah dudo mucho eso ultimo aunque realmente tampoco es la importancia que le doy.

    • ¡Bienvenida a LLDV (Nota mental para mi yo del futuro: buscar títulos con siglas pronunciables)!
      Creo que en comparación de Hija del humose te va a hacer muy corto, pero bueno, espero que te gusten igualmente las aventuras de M&M 😀 (Así es como los apodé yo. Aunque los otros apodos que has comentado también me han hecho reír mucho XD)
      La idea de viajera del tiempo es muy bonita. Y no muy desencaminada. Pero claro, no puedo decir nada.

      ¡Hasta el siguiente!

  2. waa! Acabo de ver la imagen en deviantart pero veo que la vi bastante tarde ya que la historia ya tiene cinco capítulos… >w<

    Otra vez debo decirte que me gusta mucho tu manera de escribir! *v*
    Gracias a eso sentí ganas de abrazar a Maurice y me dio mala espina la chica aburrida… <.< pero ya veré cómo se desarrolla la relación entre estos dos en los demás capítulos <.<

    Iré dejando un comentario en el espacio correspondiente al capítulo que vaya leyendo 🙂

    Saludos! ^w^

    • Bueno, así al menos tendrás la posibilidad de leerla completa y sin pausas XD

      Prefiero no decir nada para adelantar, pero no están desencaminadas tus primeras impresiones….

      ¡Nos vemos en el siguiente! 😀

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