Su querido amigo

                Él sonrió, invitándola silenciosamente a unirse a ellos.

                Ella pasó de largo, fingiendo que no se había dado cuenta que no estaba sola. Lo hizo aun sabiendas que Él se había percatado de la leve sonrisa que se le había escapado al ver que contaba con ella. Le ignoró, pero no por malhumor o el placer de la soledad: lo hizo porque él era su más querido y preciado amigo, el que siempre le sonreía, el que la hacía reír…

                Pero no era solo su amigo: aquel carácter extrovertido y alegre que tanto la animaba era el mismo que le dedicaba al resto de sus compañeros. No había más diferencia que la que intentase imaginar con tal de creer que con ella era diferente.

                Aprovechando el caos de la parada del metro, se subió a un vagón diferente al del resto de chicos. El eco de sus risas le persiguió mientras buscaba un asiento en el que acomodarse. Casi parecía que se burlaban de ella y su timidez, pero la muchacha logró desterrarlas de su cabeza esbozando una sonrisa.

                Con pericia y paciencia, se acomodó de la mejor manera que pudo entre la ventanilla y una mujer que dormitaba, para poder sacar su cuaderno de dibujo. Dejó que un par de mechones le cayeran por el rostro mientras las musas guiaban su brazo, plasmando aquello que no se atrevía a hacer en la realidad.

                Dentro del papel y el mundo que se escondía entre sus pliegues, su querido amigo era, por fin, solo para ella.

Relatos de los personajes sin nombre
Su querida amiga
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