Capítulo 13: 5 『Hija del humo』

Por curiosidad, ¿alguien tiene alguna teoría sobre lo que simboliza esta cuenta atrás? 😀

Ya no queda nada para que todo acabe…

Cenizas

                Diecisiete se llevó las manos a la cabeza: volvía a tener la sensación de estar atrapada en un sueño sin sentido o un país de las maravillas cubierto por una niebla fantasmal. Solo que para escapar iba a necesitar algo más que abrir los ojos y despertar.

                Agobiada, intentó rememorar el principio de aquel día. ¿En qué momento había comenzado todo a torcerse? ¿Fue cuándo entraron en el laboratorio o en el momento en el que todo tembló? ¿O quizás esa aventura estaba escrita desde mucho antes, formando parte de un destino del que no podían escapar?

                “Pero, ¿el destino de quién?”, la chica entornó los ojos mientras desviaba el rostro respectivamente desde el rey hasta el resto de sus compañeros. Al final, habían sido Trece y ella los que más se habían sumergido en aquel mundo, dos de los miembros menos interesantes de su clase. “¿O quizás solo ha sido simple casualidad?”

                Fuera lo que fuera, había logrado iniciar una descabellada guerra intentando salvar a sus compañeros. Pero muy altruista que fuera ese gesto, no dejaba de estar arriesgándose por dos personas que no conocía de nada.

                Y su lado más pesimista no podía dejar de repetir una y otra vez que nadie la salvaría a ella. Aunque hubo una vez un chico que intercedió en su favor al ver como la molestaban en el metro. No fue ningún rescate heroico, tampoco un asunto de vida o muerte, pero algo en su interior se hinchó de felicidad. Aunque solo fuera para que dejaran de hacer ruido, alguien se fijó en ella y la ayudó.

                “Johan…” musitó para sus adentros, “Él también era muy raro: no hablaba con nadie en clase y parecía estar siempre en su mundo. Si hubiera estado en mi grupo de laboratorio no habría estado tan sola… pero entonces no habría podido conocer a Catorce. No de esa manera.”

                Algo se tambaleó dentro de ella, como si sus pensamientos fueran piezas de dominó que hubieran comenzado a derrumbarse, empujando en su caída a más piezas. Entre confusa y asustada, se apretó las sienes con fuerza, obligándose a escarbar entre sus recuerdos. Súbitamente, la misma niebla que les rodeaba con su abrazo grisáceo parecía haberse filtrado en su cabeza, borrando a su paso rasgos y tardes, frases sueltas y sonrisas.

                ¿Qué había hecho antes de entrar en el laboratorio?

                ¿Qué habían dado ese día en clase?

                ¿Cómo eran las chicas con las que se relacionaba?

                “¡Tenemos que escapar!”, musitó, jadeando sin poder evitarlo. “Tenemos que irnos de aquí…”

                Un caos de escenas que no supo ubicar se agolparon en su mente: la práctica del bicarbonato, una espera solitaria, una petición a la profesora, alguien corriendo haciendo un escándalo innecesario, una comida sin sabor…

                ―¿Diecisiete?

                Alguien la llamaba con la misma suavidad como si estuvieran tocando a la puerta imaginaria donde se encerraba para mitigar la soledad.

                Con los ojos cubiertos por las lágrimas y un temblor incontrolable sacudiéndola, la joven le lanzó a Catorce una mirada cálida.

                ―No… no pasa nada…-había apretado con tanta fuerza los puños que un reguero purpúreo de medias lunas cruzaban las palmas de sus manos, tan pálidas como siempre.-Estoy bien…

                A su pesar, era incapaz de decir cómo se sentía: su interior era un caos que escapaba a su control, desbordándola. Porque en el fondo no le interesaba continuar rebuscando, sino que todas esas escenas continuaran acumulándose. Pasara lo que pasara, no había más respuesta que encontrar la salida y escapar.

                Del castillo en ruinas.

                Del Reino de la Niebla.

                De esa llanura de objetos abandonados que despertaba su miedo más primitivo e irracional.

                Todavía muy lejos de calmarse, la muchacha se enjugó los ojos. A pesar que sentía ganas de llorar, solo se le habían escapado unas imperceptibles lágrimas.

                ―Gracias.-murmuró con la voz ronca.-Gracias por darte cuenta que estaba ahí.

                ―¿Pero qué dices?-Catorce le dio un golpe amistoso en el hombro.-¡Sí hasta me asustaste de lo aterrada que estabas! Lo primero que vi cuando la oscuridad se cernió sobre todos nosotros fue tu cara de auténtico pánico…

                ―No es eso: todos sabíais que estaba ahí, con vosotros, pero ninguno me dijo nada. Aun así, tu…

                Nuevas dudas la asaltaron: ¿habría sido todo igual si los dos no hubieran estado solos? ¿Y si un tercero les habría acompañado? De ser así, ¿la habrían dejado de lado?

                Y entonces, una pizca de luz alumbró todos sus miedos que pugnaban por escapar. Era como si durante todo ese tiempo los hubiera tenido encerrados bajo presión y, súbitamente, la tapa se hubiera alzado, liberándolos como un torrente de temores absurdos y algunos bastante más oscuros.

                Porque a pesar de todo, Catorce había regresado a por ella. Aunque la hubieran dejado caer en las penumbras más tenebrosas de todas, él había ido a buscarla.

                ―Gracias.-repitió. Incapaz de contenerse se abalanzó sobre él para darle un abrazo que duró tanto como se atrevió. Todavía le costa expresar esas muestras de cariño, tan comunes para algunos, pero extrañas para ella.- ¿Sabes? Por ti, por todo lo que ha pasado, prefiero ser Diecisiete a quien era antes. Es curioso, porque en el fondo no han sido más que un conjunto de tropezones, pero es como si hubieran pasado muchos años…

                Un escalofrío recorrió al chico.

                ―Espero que no sea así.-incómodo, se cruzó de brazos mientras intentaba serenarse.- Pensar eso me aterra…

                ―Puede que la percepción del tiempo aquí sea diferente a la nuestra. Sea como sea, no soy la misma que entró en el laboratorio. Puede que no sea nada ante tus ojos, un logro nimio y sin importancia, pero finalmente siento que estoy orgullosa de ser quien soy… Bueno, quizás sea pronto para confirmarlo, pero de lo que sí estoy segura es que ya no lo veo tan negro como antes.-suspiró, aunque seguidamente esbozó una sonrisa tímida.- He pasado demasiado tiempo guardándome para mí lo que sentía, aterrada por miedos y situaciones que no era capaz de enfrentar… pero ante todo, me dejé caer en la desesperación porque estaba demasiado cansada para continuar luchando.

                Una cancioncilla resonó en su cabeza, pedazos de un verso que ya no le dolía como antes:

                ―Dieciséis huecos, dieciséis sillas.-canturreó entre susurros.- Había ocho sitios esperándonos; uno por pareja. Ocho más ocho, dieciséis… Dieciséis, siempre dieciséis, entonces, ¿y Diecisiete? ¿Quién es Diecisiete? La niña triste, la niña sola, la niña vacía, la niña…-sin dejar de sonreír, negó con la cabeza mientras sus manos se aferraban a las de su amigo.- Muchas gracias por ayudarme a comprender quién soy.

                A pesar de la escasa iluminación, las mejillas del joven se colorearon delatoramente.

                ―No ha sido nada…-tartamudeó.- Tampoco es justo que te hayas pasado todo este tiempo sola…

                La pareja estaba tan ensimismada contemplándose mutuamente que no se percataron que el payaso revoloteaba encima de sus cabezas. En sus ojos de cristal titiló una pizca de curiosidad y tristeza.

                ―La cuenta atrás está a punto de terminar.

                Indiferente a los mortales, cuya presencia había dejado de interesarle, el rey loco había congregado su improvisado ejército a su alrededor. Parte de su esencia no podía dejar de estremecerse ante todos los engendros que se habían reunido bajo su llamada, trayendo consigo el recuerdo de antiguas batallas y el sabor de victorias y derrotas que habían perdido su significado. El tiempo también había diezmado a los seres que habían vuelto a congregarse bajo su llamada: las armaduras estaban tan oxidadas que les costaba dar más de un paso seguido o mover correctamente los brazos; los detalles y rasgos de las estatuas habían sucumbido a la erosión mientras que los fantasmas no dejaban de repetir sus enigmas, tan ausentes como su soberano.

                Pero a pesar de todo, había en ellos una chispa capaz de impulsarles ante una lucha incierta y posiblemente innecesaria: después de tantos años de olvido y sopor, finalmente tenían algo que hacer.

                A pesar de ser incapaz de reconocer a la mitad de los integrantes del improvisado ejército que se habían situado sin orden alguno en los pasillos, en los límites del cementerio o alrededor de su figura, el rey alzó un brazo mientras, con un grito sobrehumano que no significaba nada pero que todos interpretaron como una orden, se deshizo en jirones inconstantes de manchurrones negros que se filtraron por la ventana, guiando a su manera a las demás criaturas. La mayoría comenzaron a seguirle, mientras que algunos intercambiaron un par de miradas de extrañeza y regresaron a su deambular.

                ―Una batalla.-canturreó Finn. A pesar que sus ojos, como el de todos los muertos, estaban cubiertos por un velo de oscuridad, algo pareció brillar en ellos.- Esto se pone cada vez más interesante.

                ―Pues sí.-asintió Sid mientras le lanzaba una mirada muy indiscreta al fantasma.- Hacia tiempo que no me encontraba con otro muerto con ganas de derrotar al aburrimiento. Parece que estoy de suerte.

                ―¡Y yo! Nunca he estado en una batalla…

                Sentado todavía en el suelo, Trece vigilaba la conversación entre los espíritus sin saber si reírse o aliviarse al ver que el interés de Finn sobre él había desaparecido al encontrar un nuevo amigo.

                ―Son tal para cual.-suspiró, alertando sin quererlo a Euel, quien continuaba flotando a su alrededor como un ángel de la guarda.

                ―¿Qué haces?-le inquirió la dama al ver como intentaba incorporarse.- Estás herido, será mejor que aguardes a que regrese mi héroe y nos salve a todos.

                ―Tranquila, tengo toda una farmacia para mí solo si logro escapar de aquí.-rio.- Además, ya han venido a por mí…

                Al incorporarse no pudo evitar sentir que su cuerpo crujía, dolorido y agotado por demasiados golpes y persecuciones.

                ―Necesito ir a esa batalla.-anunció, con la mirada empañada por la determinación.

                ―Sí que tienes ganas de morir.-Finn desvió el rostro mientras le dedicaba una sonrisa siniestra.

                ―¡No es por eso!

                ―Comprendo.-Euel tomó la mano del joven entre las suyas.- Quieres derrotar a ese engendro en un combate justo y desafiar al rey.

                ―Lo cierto es que solo pensaba curiosear ese lugar que antes han mencionado.-intentó explicarse a pesar que sospechaba que cada uno interpretaba lo que quería.- Me pregunto si ahí está las respuestas que busco.

                Los dos fantasmas y la dama en descomposición asintieron, aunque posiblemente para ellos una meta podía llevar a la otra.

                Animados por el bullicio que acaba de irrumpir en la monótona rutina del reino, los espíritus se ofrecieron a adelantarse y reconocer el terreno mientras un tambaleante Trece, seguido de Euel, intentaba arrastrarse hasta la puerta. Con un suspiro cansado, Catorce se separó de la joven para correr y ayudar a su amigo a cruzar todo el largo camino que les depararía hasta el centro de la batalla.

                Y a pesar de la extraña felicidad que la inundaba, teñida a su pesar con todos los temores que anidaban en su interior, pero que la impulsaba a correr con ellos y ser una más, Diecisiete se mantuvo inmóvil, contemplando como poco a poco la sala se iba vaciando, dejándola sola con las sombras inconstantes que se filtraban por los ventanales y el eco de los enigmas que algunos fantasmas no dejaban de murmurar en vez de intentar aligerar su espera.

                Era difícil de explicar, incluso para uno mismo, pero sentía que tenía que aguardar un poco más.

                Cansada después de tantas emociones, se sentó en los escalones que conducían al trono. Volvía a estar en el mismo lugar que cuando había visto por primera vez a la Esperanza, tan sola como ese entonces, pero ya no tan perdida.

                Se había atrevido a enfrentarse al rey loco.

                Habían ido a por ella.

                Había pasado a ser una más.

                Como la temblorosa luz de una vela, una silueta que recordaba demasiado a su porte y talla se materializó lentamente en el centro de la sala. A pesar que su luz parecía haberse debilitado, la Esperanza parecía más fuerte que nunca, más real que un sentimiento que muchos menospreciaban al rendirse.

                ―Creo que ya sé quién soy.-sonrió tristemente.- O eso creo suponer.

                Algo parecido a una sonrisa cruzó el rostro sin rasgos de la criatura.

                ―Eres mucho más de lo que realmente crees: aunque me abandonaste por completo, al final has logrado sobreponerte y me has tendido un camino de vuelta. No solo me has ayudado a regresar como un ser tangible, sino que, a su manera, me has dado la vida. Además, también has logrado darles un sentido al rey y la oportunidad de recobrar su esencia.

                ―Pero todavía no sé qué es.

                ―Pero tu amigo empieza a sospecharlo. Y lo importante no es que lo sepa, sino que se lo crea.

                ―Eso sería tener bastante caradura.

                Una risa nerviosa pareció emerger de su cuerpo.

                ―Creo que me has cedido parte de tu humanidad… O me la he ido apropiando de todos los que han vertido inútilmente sus aspiraciones. Esta malicia no es propia de ti.

                Diecisiete se encogió de hombros. Todas esas cuestiones estaban completamente fuera de su alcance.

                ―He venido a despedirme, Diecisiete. Y a darte las gracias: porque, aunque sea sin saberlo, has sido tú la que inconscientemente ha estado orquestándolo todo durante mucho tiempo para llegar a este momento. Estamos tan hermanadas que no me extrañaría que nuestras voluntades y deseos se entremezclaran por un instante.

                ―Primero la maga, ahora tú… ¿Pero qué está sucediendo?-protestó.- Aunque por fin estoy alcanzando la calma que buscaba, tengo la certeza que estoy muy lejos de la verdad y de lo que realmente está sucediendo.

                ―Pronto lo comprenderás, pero antes…

                La imagen de la Esperanza titiló mientras perdía opacidad y consistencia. Pero antes de desaparecer, dejando solo más dudas por responder, abrazó a la muchacha por última vez.

                ―Muchas gracias, Diecisiete, querida Diecisiete. Gracias por darme la oportunidad de existir por un momento.

                Algo se clavó en el interior de la joven. A pesar que quería corresponder al abrazo, no podía moverse: todo su cuerpo estaba paralizado, dividido entre las ganas de llorar de saber que aunque el sentimiento siempre estaría ahí, la criatura que la abrazaba iba a desaparecer; y la incertidumbre al comprender parte del lazo que la había unido con la Esperanza.

                Y esa era una verdad que no se sentía preparada para aceptar.

Polvo

                A pesar de la tortuosa época que había tenido que vivir, Euel no había asistido a ninguna batalla. En su calidad de dama de noble cuna y prometida tenía que esperar siempre al regreso de su héroe en lo alto de una torre o aguardar con otras muchas mujeres, la mayoría de ellas sin un nombre que se grabara en su memoria: no eran más que eso, mujeres que la acompañaban como parte de un decorado.

                Fiel a sus costumbres, solo se atrevió a seguir a Trece fuera de los dominios del castillo porque estaba segura que el joven iba a hacer algo heroico y que finalmente iba a derrotar al mal. Se había equivocado al confundirle con un prisionero: no había duda que él, posiblemente un príncipe o un héroe de esa lejana tierra a la que había llamado Farmacia, había descendido a las entrañas del infierno para acabar con los demonios.

                Quizás por todo ello no fue capaz de ver algo anormal en el improvisado campo de batalla. Aunque con su dañada vista no era capaz de distinguir perfectamente qué estaba pasando. Aun así, su interés se centró velozmente en el combate en el que se había enzarzado el repugnante monstruo y un hombre que, en vez de luchar por sí mismo, dirigía los ataques de su improvisado ejército aplicando la astucia en vez de la fuerza bruta y sin control de su rival.

                Y a pesar que menospreciaba con todo su podrido ser la criatura infernal, había algo en ese hombre que no terminaba de cuadrar.

                Por su parte, los dos vivos contemplaban con unas miradas que oscilaban entre la diversión y la sorpresa como se desarrollaba la batalla.

                ―Los directores de las películas tendrían que ver esto.-musitó Catorce, conteniendo las ganas de reír.

                Como contraparte, los fantasmas se le quedaron mirando sin entender a qué se refería el muchacho.

                ―Bueno, ¿qué te esperabas?-rio Sid.- Y, ¿qué es un director de película?

                Enfrente de los espectadores, la batalla más surrealista que nunca antes había sucedido se desarrollaba con la misma normalidad que un patio de juegos. En un escenario compuesto por las ruinas de diferentes tragedias, los muertos habían dejado de lado las adivinanzas para enzarzarse en una pelea caótica sin ninguna finalidad. No existían bandos; a ratos se aliaban para derrotar a un grupo y acto seguido se volvían en contra de sus compañeros. Como todas las guerras, podía haber sido una salvajada cruel, pero a ojos de los chicos no veían más que a miles y miles de niños jugando a pelearse porque estaban cansados de no hacer nada. Sin saberlo, pelear les ayudaba a librarse de la desesperación de aguardar toda una eternidad sin más objetivo que resolver un acertijo.

                Y lo que había comenzado con una escaramuza que había atraído a espíritus y los guardianes del castillo se había convertido en el único foco de actividad en la niebla. Engendros similares al que había atacado el laboratorio sobrevolaron por encima de los combatientes como inmensas naves de guerra. Pronto algunos comenzaron a aliarse para derribarlos y partirlos en ciertos de trozos que pasaban a formar más criaturas, algo más pequeñas, eso sí, pero independientes de la original. También se unieron objetos animados como un libro que dobló sus páginas para sentarse en lo alto de una torre y contemplarlo todo o una brújula que usó su puntiaguda flecha como una pequeña pero punzante arma.

                Pero no todos los recién llegados eran visibles: Trece creyó ver una silueta camuflada entre la niebla y un par más desenvolviéndose entre los guerreros. Y por un instante, una joven suicida que tenía todavía una soga hondeándole en el cuello y un anciano terminal acabaron pintados de azul, aunque seguidamente recobraron el gris mustio que imperaba.

                Con un bufido de incertidumbre, Catorce se revolvió, intranquilo. Durante un momento había notado que alguien más se había puesto a su lado, una criatura curiosa pero pacífica.

                ―¡Estoy seguro que las brujas también han venido!-exclamó Sid, con los ojos iluminados por la emoción.- A lo mejor estará mi asesina…

                ―Las brujas son servidoras del mal.-exclamó Euel, logrando que Trece sonriera al ver cómo se iba integrando entre ellos.- Serán unos temibles aliados del mal…

                ―Lo dudo, lo que hagamos o dejemos de hacer no les importa mucho.

                ―Euel,-Trece la tomó de la mano, dedicándole una gran sonrisa.- ¿No te has dado cuenta que en esta guerra no hay malos ni buenos?

                ―Siempre hay un mal, por lo que consecuentemente tendrá que haber un bien.

                ―Pues por lo que he podido entender, el enemigo no es el rey loco, sino su adversario. Qué paradójico.-rio.

                ―Y aburrido.-gruñó Finn, quien se había sentado en el suelo en una postura de desdén.- Aunque tenía que haberme imaginado que iba a ser así.

                En esa batalla nadie podía morir.

                Trece le dedicó una sonrisa irónica, pero aunque ese detalle le aliviaba, puesto que no le hacía especial ilusión ver una masacre, tenía miedo que el rey se pasara toda la eternidad peleando y se olvidara de ellos. Inquieto, desvió el rostro hasta dar con él en lo alto de unos edificios: volvía a ser un engendro sin una forma concreta, más parecido a un torrente de tinta que al monstruo que tanto le había atemorizado.

                Y entonces, algo dentro de él cayó en un detalle insignificante.

                ―No puede ser.-musitó.- Es posible que…

                Y antes que ninguno de sus compañeros le pudiera detener, echó a correr, adentrándose en el centro de un pandemónium capaz de acabar su vida en cuanto se despistara.

                ―¿Qué haces?-chilló su amigo, dando un par de pasos temblorosos.

                ―No pasa nada.-sonrió Finn.- Si muere regresará con nosotros de todas formas.

                ―¿Se supone que eso ha de aliviarme?

―No le pasará nada.-sentenció Euel.- Ha ido a enfrentarse a su destino y liberarnos del mal. Y los héroes nunca mueren, solo sus compañeros.

Catorce suspiró, con el corazón latiéndole por el miedo a perder de nuevo a su amigo y la incertidumbre de lo que pasaría se le acompañaba.

―Voy a ir tras él.-decidió, con la garganta seca y el pulso tembloso.

―Tranquilo.-rio Sid.- Te acompañaremos para que no os pase nada: será como un juego.

―Sí.-asintió el otro fantasma.-Será divertido probar a salvar una vida en vez de arrebatarla.

Esas palabras lejos de tranquilizarle solo lograron inquietar aún más al muchacho.

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4 comentarios en “Capítulo 13: 5 『Hija del humo』

  1. Estoy intentando ponerme seria, lo juro, pero es que no puedo xD no con esa imagen de Euel brillandole los ojos ante su “brillante héroe” del reino de la farmacia. Creo que me costara superar esta frase definitivamente

    <>

    A ver que me pongo a ello. Una cuenta atrás, bueno es bastante evidente que es el tiempo que queda antes de que algo malo pase. Antes de que quizás 13, 14 y 17 se olviden completamente de que tienen un lugar al que llamar hogar quizás? Eso seria un tanto repentino pero sea lo que sea, lo seguro es que lo que esta apunto de pasar es exclusivo pro ser ellos y no cualquier otro ser vivo quizás. Admiremos a Euel sino.

    Diablos que tierna es 17. Me la como >w<, necesito que me llegue mi 17 por encargo. En el fondo eres un ser malvado que busca confundirme. Es decir yo creí en el Eter17 y en el Eu13 pero luego 17 se pone cariñosa en su arranque de valor y felicidad de re descubrirse y al cosa queda:

    Enric=Ojos Muertos=1713=Euel>Heroe Perdido (?)

    Olvídalo, esto se me esta yendo de las manos.

    Duh pero es que encima luego aparece la dama de blanco y meh ;3; que bonito por favor.

    Pero seriamente 13 tiene razón. Es decir como no lo pensé antes? estoy manchando mi reputación. En mi cabeza se formo la imagen de la sustancia negra deslizándose escurridizamente por las paredes hasta formar una forma en el trono. Un sitio tan cerca del teatro, y la negra tinta sin mucha razón de ser. Puede que solo fuera eso tinta que acabo ahí sin dar forma a ningún personaje, quizas por voluntad propia o por casualidad. Pero el posible pasado glorioso podría significar un escape de la muerte entre lineas?

    Me mata el pasotismo de Euel diciendo eso y 14 ahí tomando la indirecta xD quisiera o no quisiera (creo que lo segundo) Euel tiene unas salidas hoy que no puedo parar de reír.

    Por otro lado esto me inquieta
    <>
    Diablos 17, ¿No podías haber puesto una condición diferente? Yo que se, algo como cuando cierta pelirosa deje de mirar por ella misma o vete a saber. Vale, si, hay mas desesperación que esa ahí debajo pero no me tranquiliza.
    Y sobre los ángeles k-idos (?) de azul (ni caso) pues por el momento ni diré nada. Bueno va, no todas las brujas les importaría ese movimiento, pero una en concreto podría darse cuenta de que sombra cariñosa salio de su control.

    • Bueno, si te sirve de referencia, Euel dice tonterías muy, muy seria XD
      Hay muchos tipos de cuentas atrás. Y a este le queda poco (Y realmente tengo ganas que termine para hablar sin miedo a que se me escape nada). Pero como siempre, que sea bueno o malo el resultado es muy relativo 😉
      En serio, te estás llevando la medalla a la lectora más casamentera. Acabas de superar a mi hermana (Y eso que ella juega con ventaja).

  2. No quiero dejar solos a Finn y Sid en una fiesta ._.” (suerte que estan muertos)
    Mis teorías son:
    1. Una de las tres protas va a desaparecer/transformarse
    2. Intervienen los personajes para los que trabaja la profesora
    3. Se resquebraja el Reino de la Niebla

    Es lo que tengo por ahora ^-^”

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