Esto no es un adiós… 『Relato』

                La chica estaba sentada encima de una de las muchas mesas que se arremolinaban sin orden alguno en el espectro de una clase cualquiera sino fuera por el tinte amargo y triste que flotaba en el ambiente. Era como si la misma mano invisible que había sacudido mesas y sillas, desperdigándolas al azar, se hubiera llevado el brillo y el color: las paredes, de un gris mustio, languidecían lentamente, amenazadas por unas frágiles y pequeñas grietas que comenzaban a extenderse como una telaraña. A pesar que no había brisa, varias hojas en blanco revoloteaban como pájaros heridos, posándose brevemente en las mesas antes de continuar con su vuelo errante. Una de ellas se deslizó levemente por la mano de la joven, quien con una sonrisa melancólica la apartó, obligándola a unirse con sus hermanas.

                Su mundo estaba desapareciendo, destruido por el ansia libertad que ya no podía encontrar en él.

                -No, mi mundo, no.-rectificó, dejando que su voz se replicara como un eco.-Solo ha sido un lugar de paso, una alternativa al aburrimiento…

                Con un gesto grácil y harmonioso, la chica extendió un brazo, desencadenando una avalancha de diminutas grietas ahí donde sus dedos señalaban.

                -Ahora.-susurró, clavando sus uñas en los límites de la dimensión.-Es hora de desaparecer…

                Con sus palabras, todo estalló: la clase y su misteriosa ocupante se convirtieron en pedazos de un cuadro que se desperdigó en una inmensidad blanca y negra.

*

                Alguien la llamaba, como un eco que no dejaba de repetir su nombre. ¿Por qué le sonaba tan extraño? Esa era ella…

                -¿a8c?-insistió la voz.- ¿Estás bien?

                La muchacha abrió los ojos, regresando a la monótona realidad. A pesar que se encontraba en un pasillo de colores pastel y proporciones bien definidas, había algo en él que lo hacía mucho más aburrido que el pandemónium de su sueño. Los pedazos de la clase y la chica sin rostro regresaron a su mente, tiñéndola de melancolía.

                -Lo siento.-murmuró, pasándose la mano por la cabeza.-Me he dormido…

                Nathaniel estaba en frente de ella, mirándola con miedo y cautela. Aunque su rostro estaba tan sereno como siempre, en su mirada brillaba la curiosidad y la preocupación.

                -Tienes que dormir más.-sonrió.

                a8c le devolvió la sonrisa a pesar que ella también era capaz de notar que algo fallaba en él. Era el mismo de siempre, tan hueco como el día en que se habían conocido. Nada había cambiado desde entonces, pero aun así notaba que algo no encajaba en esa mañana.

                Puede que, mientras el joven se había mantenido indiferente a los cambios y el tiempo, ella ya no fuera la misma.

                -Tienes que ir a clase.-le indicó Nathaniel con su sonrisa sempiterna, señalándole, asimismo, el camino que tenía que seguir, el mismo de siempre.

                -Lo sé.-gruñó sin convicción.

                ¿Por qué tenía que ir a clase? Por mucho que intentara desentrañar la nebulosa que parecía cubrir sus recuerdos y el caos que reinaba en su cabeza, no encontraba ni una pizca de lógica para lo que estaba sucediendo.

                Una pregunta revoloteó como las hojas de su sueño mientras su esquiva respuesta se perdía entre los cientos de dudas que nunca serían resueltas:         ¿Quién soy?

                Con paso indeciso, a8c comenzó a dirigirse a la clase. Conocía el camino, lo había recorrido cientos de veces, pero aquel día las paredes parecían retorcerse a su alrededor y las puertas se mezclaban, confundiéndola todavía más. Mareada, la joven tropezó, chocándose contra el cristal de una ventana que no le sonaba haber visto nunca.

                Su reflejo le dedicó una sonrisa tímida. Por un instante le pareció encontrar en él a la auténtica a8c, rabiosa y cansada, retadora y sincera, oscura y luminosa al mismo tiempo, pero rápidamente la imagen se difuminó, devolviéndole su rostro cansado, ensombrecido por una angustia que no podía explicar.

                -¿Estás bien?-repitió el chico detrás suyo mientras le tendía una mano para que se incorporada.- ¿Quieres que te ayude?

                a8c sintió que no podía aceptar su ayuda. Ese no era el Nathaniel que buscaba; el suyo era mucho más complejo, con su lado oscuro y sus propios sueños independientes al papel que le habían regalado. El que estaba cara a ella no era más que una copia vacía de iniciativa, sin más interés que el que los demás podían ver en él.

                -Lo siento.-susurró, inclinando la cabeza para que no leyera la verdad en sus ojos.-Todavía estoy algo dormida.

                Quizás fuera por la luz, empalagosamente rosa al igual que todo en aquel lugar, o por las alucinaciones que parecían estar trastornando su rutina, pero las puntas de su cabello, de un brillante rojo, se estaban oscureciendo lentamente

-Tengo que irme.-murmuró, apartándose el pelo de la cara. Anonadada, contempló como le rozaba los hombros.

Estaba segura que antes era mucho más corto y del color de la sangre, no de esa tonalidad mustia que parecía más marrón que rojo.

Consciente que algo fallaba, Nathaniel la guio a la clase. A pesar que la chica recordaba haber hecho ese camino mil veces, ilusionada siempre por su destino, esa mañana solo había cansancio y aburrimiento en el fondo de su corazón.

El aula estaba al fondo del pasillo. Su puerta era redondeada, como si hubiera salido de un cuento infantil, con el pomo en forma de corazón y un ventanuco con los cristales teñidos de verde. Destacaba del resto de colores pasteles de ese lugar gracias al rosa estridente con la que la habían pintado. La muchacha rememoró cuando no era de un tono tan feo y escandaloso, sino de un rosa clarito. Por ese entonces ir a clase era más que un pasatiempo: era su lugar de encuentro con más seres perdidos como ella, un rincón secreto donde extender sus alas y escapar de la asfixiante realidad.

Pero el control se había impuesto ahí también, con sus reglas absurdas y los odiosos ladrones que se amparaban en desconocer cosas tan sencillas como el esfuerzo de los demás.

Nada más tocar el pomo, la puerta se abrió con delicadeza. Una fragancia a dulces y rosas la sacudió, aturdiéndola. Al otro lado estaba la clase, tan inmensa como una catedral. Los pupitres, todos ellos ordenados en impolutas filas y columnas, se perdían hasta donde ya no era capaz de ver. Y aun así no había ni uno libre: todos estaban ocupados por un centenar de jóvenes que escribían en hojas de papel o hablaban entre ellos. A pesar de la pulcritud, había un aire propio de un parvulario, a pesar que todos los integrantes tenían el cuerpo de una adolescente.

a8c entrecerró los ojos con tristeza. Todos tenían los mismos rasgos, el mismo rostro, como si no fueran más que clones personalizables con ojos de colorines y diferentes peinados. Una más, eso es lo que era, pero ya estaba cansada de formar parte de esa inmensa masa azucarada.

-¿Qué haces de pie?-le riñó el profesor.- ¿Por qué no te sientas?

Solo tenía que buscar un sitio para encontrarlo, incluso podía elegir el lugar, pero fue incapaz de moverse. Por más que buscara, a pesar de la familiaridad de todas las caras, era incapaz de encontrar a sus amigas. Se habían ido, abandonando sus pupitres de niñas pequeñas y extendiendo sus alas para poder volar, lejos de la clase y la infancia que pretendía conservar en el interior de sus paredes color caramelo.

-¿Qué haces de pie?-repitió, con su voz monótona e indiferente.- ¿Por qué no te sientas?

Quería continuar de pie, le gustaba estar de pie. Estaca cansada de esas mesas ridículamente infantiles, pensadas para niños mucho más pequeños. Había mil opciones posibles: mantenerse firme, sentarse en el suelo, en los escalones… pero las reglas dictaban que tenía que apretujarse en los pupitres para escribir. Esa era la absurda condición para encajar en la clase, aunque luego ignoraran a los que se dedicaban a rayar las mesas, a sentarse encima de ellas o los que disfrutaban apartando las sillas para que más de uno se diera un batacazo.

Mientras el profesor le preguntaba una y otra vez por qué no se sentaba, a8c se pasó las manos por las mejillas. Lloraba lágrimas azules y verdes, capaces de emborronar el tatuaje en forma de lágrima que tenía bajo el ojo izquierdo.

La chica cerró la mano manchada, clavándose las uñas con la suficiente fuerza como para despertar de su aturdimiento.

Por fin se había decidido.

-Me voy.-gruñó, dando media vuelta.

Aunque se contuvo de hacerlo, no pudo evitar pensar con picardía qué hubiera pasado si hubiera dado un portazo. ¿Se habrían dado cuenta o habrían continuado con sus historietas?

Al igual que su sueño, el pasillo temblaba, cubierto por miles de grietas que se extendían como una telaraña. La figura de la joven tampoco era la misma: su ropa se deshacía mientras sus ojos brillaban, marrones con tonos verdes, satisfechos por su decisión. A su alrededor el color caía como pintura, manchando el suelo como un desafío más: estaba cansada del rosa y todas sus variantes, de la cursilería de ese lugar y los parámetros que intentaban contenerla.

-Adiós, a8c…-susurró.

Ella no era a8c: la auténtica era un personaje con vida propia, uno más de su intrincado mundo, con su personalidad y sus compañeros. Ya no tenían que continuar llamándola así, ya no más.

                A sus pies, el suelo se fragmentó, estallando en cientos de trozos que se desperdigaron por el pasillo. Aquel catálogo de colores pastel estaba desapareciendo para dejar paso al blanco: el mismo de las hojas en blanco y las páginas por escribir. Ese era su color, el que la llamaba para que ella lo rellenara en vez de dejar que otros lo hicieran.

                -¡Detente!-la llamaron a lo lejos.

Al otro extremo del pasillo, aferrados para que la nada no los arrebatara, estaban los personajes de Corazón de melón. Todos habían sido utilizados por ella en algún momento, algunos más, otros menos, pero no dejaban de ser juguetes prestados.

-Lo siento.-sonrió.- No puedo continuar usándoos: en mis manos vuestras insulsas personalidades se vuelven oscuras y la esperanza de lograr un final feliz al que se llega tras un camino de rosas es nula.

-Pero, ¿y las historias que estaban a mitad?-protestaron. Hablaban todos a la vez, como un colectivo sin nombre propio.

-Continuaré con ellas, tranquilos. Solo que con mis propios títeres, marionetas únicas para mi pequeño mundo… Eso es lo que significa ser una escritora, y eso es lo que anhelo: escribir con mis personajes, mis tramas libres…

Abandonar la clase significaba perder parte de lo que había construido, de enfrentarse a un mar mucho más amplio donde solo sería un diminuto pez, pero a pesar de todo eso, estaba más segura que nunca.

-Gracias, muchas gracias a todos los que me habéis acompañado, a todos los que habéis estado conmigo, compartiendo mis pequeñas desventuras… -un nuevo vestido más acorde a su figura sustituyó el borrón que la cubría, terminando de completar el cambio.- Pero esto no es un adiós…

Todo a su próximo a ella estalló mientras un blanco cegador emergía de su figura, derritiendo a los personajes. Lentamente, la oscuridad se cernió sobre la inexistencia que rodeaba a la joven, dibujando un escenario a sus pies, un telón rojo a su espalda y una multitud de asientos libres para disfrutar de ese Teatro que quería ser libre como su autora.

Un sombrero picudo revoloteó alrededor de la figura de la chica, quien lo atrapó al vuelo, colocándoselo en la cabeza.

-Soy la Bruja del Teatro, ese es mi nombre.-con un gesto juguetón, hizo una pequeña reverencia para su público imaginario.- Bienvenidos a mi Teatro encantado, ¿quieres conocer las historias que se representan en él? Todos estáis invitados a disfrutar de su función…

Esto no es un adiós…

Han pasado ya más de dos años desde que comencé a escribir, convirtiendo un hobby en auténtica vocación. Dos años repletos de historias que me han cambiado para siempre gracias a todos vosotros, los que me habéis estado acompañando durante todo este tiempo.

Gracias.

Como deja entrever el relato, abandono definitivamente el mundo de los fics de Corazón de melón y su foro. Quiero escribir mis historias, con mis personajes sin preocuparme por la censura o unas reglas que me parecen cada vez más ridículas. Quiero darle vida a este Teatro y luchar por convertir mi sueño en realidad.

Continuaré escribiendo, como siempre hago, tanto en este blog como en wattpad,  eso es algo que no cambiará, únicamente lo hace el lugar donde colgaré mis historias (Aunque a los que ya seáis habitantes de ambos rincones, poco os importará >w<). No pienso dejar de escribir, es más, ya estoy preparando mi siguiente historia 😉

Sé que muchos, ya sea por pereza, porque prefieren los fics o porque esos otros lugares son un terreno desconocido, se quedarán en el camino, pero a los que queráis continuar, disfrutando de vuestro asientos reservados en el Teatro: bienvenidos.

Y gracias, muchas gracias.

Por haberme acompañado durante todo este camino.

Por los comentarios, los fanarts…

Por el apoyo incondicional.

Por seguir aquí.

Esto no es un adiós, es un hasta pronto. Promesa de La Bruja del Teatro.

Anuncios

2 comentarios en “Esto no es un adiós… 『Relato』

  1. *achucha hard a la Bruji* Aquí tienes al gato lila en la primera fila del Teatro, con banderitas para animar, shippear y todo lo que haga falta >w<. Y el intento de griego al lado para controlar mis locuras ^W^.

    Me encanta el relato *O*. Es tan… asdf. Me encanta la sutil puya a los plagios~. Y el cambio de a8c a nuestra querida Bruji. Me gusta también cómo has exagerado lo rosa de CdM haciendo referencia a las infantiles usuarias.

    Te sigo siempre, y donde sea, ya sabes que amortizo el bono que tengo en tu Teatro :3.

    • ¿Qué primera fila? ¡Tu estás en el palco de honor! ÒwÓ* (Te estoy imaginando con banderitas arcoiris con tus parejas favoritas XD)

      Es que es un tema que no soporto. No solo por la de veces que me ha afectado, sino porque muy pocos le dan auténtica importancia.
      Lo del cambio era algo que quería hacer desde hace tiempo: a8c de aquí a la eternidad es solo un personaje más *_* (Y así me despego de mi creación)

      Te está saliendo muy rentable. Voy a tener que empezar a cobrar por las palomitas (?)

¿Algo que opinar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s