Capítulo 10: 8 『Hija del humo』

Siento estar habituándome a colgar los lunes. Aunque, tengo una noticia que más adelante contaré como compensación >w<

¡Y llegamos a ocho! Y, finalmente, comenzarán las respuestas. Parece que nuestros narradores van a comenzar a espabilar :3

¡Espero que os guste!

Cenizas

                Se sentía perdida e inútil. No había sido más que un juguete en manos de esa Esperanza que prácticamente la había obligado a rescatar a su supuesta rescatadora. Y ahí estaba, como un fardo innecesario entre la nada y los fantasmas. Los muertos la aterraban como todo lo que implicaba la muerte: era un miedo visceral, frío y húmedo que no había dejado de corroerla desde que se había adentrado en esa parte más oscura y tenebrosa.

                Pero aquella llanura que había a sus espaldas la aterraba aún más. Era simplemente su ausencia de todo: de vida, de existencia, de niebla, de color. Ni siquiera parecía real: aquel terreno enfangado, plagado de objetos abandonados, parecía un cuadro desteñido, una ilusión más que parecía tan existente como su apesadumbrado corazón.

                Y ahí estaba, como un fardo perdido en ninguna parte que no hacía más que molestar. Aunque quizás lo que más le dolía en su orgullo era que nadie parecía fijarse en ella: la única que le había hecho algo de caso era Etérea al aconsejarle que se fuera, pero incluso la chica estaba comenzando a ignorarla de lo enfrascada que estaba discutiendo con el que decía ser su padre.

                Sola. Perdida. Imprescindible.

                -Así no vas a hacer nada más que molestar.-susurró una voz a sus espaldas.

                Diecisiete giró hasta que su rostro quedó frente a frente con el de un payaso que levitaba a su alrededor.

                -Ahora mismo solo puedes complicarle las cosas a la Maga-continuó el juguete, indiferente ante la mueca de asombro de la joven.-O seguirme y aclarar así parte de este embrollo.

                -¿Y cómo sería eso?-le inquirió, suspicaz.

-Ahora mismo eres una baza demasiado peligrosa como para quedarte aquí.-a pesar que sonreía, en sus ojos de cristal titilaba la incertidumbre.- Cualquier lugar dentro del fondo del abismo no es aconsejable para ti. En realidad, ninguna lo es para la Maga o el resto de vivos que te acompañan: su lugar está en la superficie, con el resto de corazones calientes.

-Entonces, ¿qué le hace a este lugar tan peligroso?-instintivamente, no pudo evitar lanzarle una mirada fugaz a la llanura.

-Él.

La mano de juguete señaló al hombre que lideraba a los fantasmas, el padre de la Maga.

-Vámonos.-le instó el payaso.-Ahora mismo no se dan cuenta que estamos aquí, pero pronto volverán a percatarse de nuestra existencia. Y entonces estarás en peligro.

La chica frunció el ceño, consciente de lo poco que sabia y lo mucho que parecía ocultar aquel simple payaso.

-Si voy contigo.-probó.- ¿Me contarás lo que sabes?

El juguete rio, divertido por su condición.

-Hay cosas que no pueden contarse. Secretos que esperan a ser descubiertos. Revelarlos sería una crueldad.-sus ojos relucían como canicas, alumbrados ante la perspectiva de un reto o un juego.- Solo si tú misma comprendes tu propia naturaleza serás capaz de actuar en consecuencia. De lo contrario te volverías loca.

-¿Mi propia naturaleza?

El payaso dio un par de pasos hacia un grupo difuso de muertos. Tal y como había pronosticado, ninguno le hizo caso: estaban demasiado pendientes de la otra muchacha.

-Los misterios están para ser resueltos.-canturreó, internándose cada vez más entre los fantasmas.- Solo tú puedes decidir si derrotarlos o dejar que sus secretos se marchiten.

Con el corazón comprimido por el miedo y la indecisión, Diecisiete contempló como el juguete se iba internando cada vez más entre los difuntos, regresando así a la niebla. ¿A qué había venido ella allí? La Esperanza la había llamado para, con la excusa de enseñarle a los que habían perdido la confianza, que ayudara a la Maga. No podía abandonarla ahora.

Pero por muy egoísta que fuera, se sentía herida en lo más profundo de su orgullo. Estaba cansada de ser la chica invisible, la que nunca llamaba la atención, de la que nadie se acordaba. Quería hacer algo, no esperar que fuera los demás los que tomarán las riendas de su futuro.

Con la misma determinación soberbia con la que había abandonado el laboratorio, se atrevió a internarse entre los muertos siguiendo la estela colorida del payaso. Al principio caminó con incertidumbre, temerosa que se fijaran en ella, pero los difuntos no eran más que siluetas borrosas, imágenes temblorosas que, lentamente, se iban consumiendo.

Estaban tan ensimismados que ni ella despertaba su interés.

Cuando por fin llegaron al límite, la joven sentía que el corazón le latía tanto que casi le dolía del esfuerzo. Agobiada, se pasó la mano por el pecho, apretando fuertemente la ropa. A pesar de todo, lo notaba tan gélido e indiferente a los sobresaltos como desde los inicios de aquella aventura.

-¡Sígueme!-le ordenó el payaso, serpenteando entre la niebla mientras ascendía un par de metros.

-¡Espera!-Diecisiete agitó los brazos- ¡Yo no puedo levitar como tú!

-Si puedes. Solo necesitas aferrarte a la esperanza e ignorar el pesimismo de este lugar.

La chica le lanzó una mirada escéptica. Sin quererlo, rememoró el momento en el que Sid dejó que se hundiera, argumentando lo pesada que era. Ni siquiera Catorce lo era tanto, pues de lo contrario no habría tardado en seguirla.

¿Qué es lo que había dicho la Esperanza? Que no era más que una niña tonta que se había rendido, abandonándola. ¿Ere ese su propio enigma al que se había referido el payaso?

-No puedo.-repitió.-Abandoné a la Esperanza…

-Es imposible abandonarla. Incluso yo, un ser inanimado, me he aferrado a ella. Es lo único que evita que me pierda a mí mismo. Si eso sucediera, pasaría a ser un ser tan inerte como los objetos que aguardan en la llanura fangosa.

Una pizca de lástima y compasión sacudieron a Diecisiete.

-¿Cómo es que tienes vida?-le inquirió, caminando todavía en lo más hondo.

-Puede que te lo cuente.-algo de tristeza tiñó su voz mecánica.-No soy mucho más diferente que el reloj que conociste, el que acompaña a ese fantasma que se quedó con tu amigo.

-¿Cómo es que sabes eso?-gruñó, entrecerrando los ojos con suspicacia.

-Llevo desde que habéis entrado revoloteando para comprender lo que está sucediendo. No es casualidad que la Maga de los que No Tienen Voz haya coincidido con el resurgir de la Esperanza y el despertar de nuestro loco monarca. Tampoco que sea justo cuando un muerto está comenzando a despertar el interés de los suyos para revolver aún más este desastre.

-¿Y la niebla?-Diecisiete acarició jirones de brumas que serpenteaban en torno a su figura.- ¿Qué pasa con ella? Es tan triste, tan desesperanzadora… es como una representación de los sentimientos de los que vivís aquí.

-La niebla está tejida con las emociones derramadas, recuerdos perdidos… Por lo que he descubierto, antes no existía, esto no era más que la antesala del reino de los muertos, pero según los fantasmas se acumulaban y abandonaban todo lo que les daba sentido, lo que empezó como una neblina se convirtió en este tupido y denso mar que lo rodea todo. Es tan extenso y enorme que ya amenaza con sobresalir por los extremos.

La chica frunció el ceño, comprendiendo lo que le estaba diciendo.

-Es decir, antes no era así…-murmuró, relacionándolo con lo que había escuchado entre el demonio y la maga.-Entonces…

Poco a poco, una disparatada idea fue emergiendo en el caos que reinaba en su cabeza. Una teoría tan descabellada que era imposible que fuera real, pero como todo en ese lugar, lo convencional no tenía cabida.

Y a veces, lo imposible era lo único capaz de explicar lo que no tenía sentido por sí mismo.

Muerte

-¿Equivocado?-su padre sonrió con sorna. La miraba como siempre que cometía un error o no comprendía algo. La tarde de su muerte, había esbozado la misma sonrisa.

-Yo, que estoy viva, que no puedo saber lo que se siente cuando tu cuerpo deja de funcionar, que no conozco los secretos de este mundo; yo, una simple mortal demasiado cercana a la muerte, entiendo mejor su mecanismo que tú.-su pulso tembló, sacudido por la amargura y la tristeza.-Padre… No sabes nada. Y alguien que no era capaz de sentir estando vivo, no podrá percatarse de la tristeza de este lugar.

Etérea suspiró. Conocía el brillo egoísta que brillaba en sus ojos y su retorcida manera de ser. Para él no existían más opiniones que la suya, por lo que, por defecto, todos los demás estaban equivocados. Y nunca aceptaría o reconocería que no tenía razón: continuaría adelante, sin pensar en las consecuencias.

Dijera lo que dijera, no le haría cambiar de opinión.

-No, no lo comprendes: no estoy aquí para pedirte tu opinión, hija mía, sino para decirte lo que voy a hacer…

“…sin tener en cuenta lo que tú quieras u opines”, amplió para sus adentros, conteniendo un bufido de desdén.

-No, eres tú el que no entiende nada: ya no soy la misma de antes. Ya no acepto lo que dicen los demás sin rechistar, ahora busco y comprendo para forjarme mi propia opinión. Y tomar mis decisiones sin aceptar lo que otros me ordenen.-temblaba, aterida por el miedo.-Este es mi poder, por lo que yo juzgaré que es más conveniente hacer con él.

Y por primera vez, algo parecido a rabia brilló en el rostro pétreo de su progenitor.

-Matar a tu padre te ha dado la soberbia para volverte ciega.-gruñó, perdiendo parte de su aplomo.

-Te equivocas: tomar la decisión que tomé me hizo comprender que tengo alas con las que volar y un amplio cielo que recorrer.

Los fantasmas que la rodeaban se revolvieron, nerviosos. A pesar que carecían de la voluntad de su líder, estaban lo suficiente cuerdos como para percatarse que algo no estaba yendo tan bien como esperaban.

-Ir…-comenzó, pronunciando ese nombre que se había perdido en el olvido.

-¡Ya no me llamo así!-rugió, invocando su poder.-Ahora soy Etérea, la Maga de los que No Tienen Voz.

Era pura fachada: actualmente lo único que sabía era que podía ayudar a las almas en pena, haciendo una especie de vínculo al mundo de los vivos, y meterse en más problemas. Pero tal y como había comprobado, fingir que estaba dispuesta a usarlo era suficiente para incomodarles.

La temían, a pesar que ni ella misma terminaba de conocer hasta donde llegaba su habilidad.

-Ingenua.-gruñó su padre.- Y desconsiderada, ¿no te has dado cuenta que soy yo el que te ha estado protegiendo desde que has entrado aquí? Gracias a mí no te has vuelto loca ni has sucumbido ante tu propia fuerza.

Etérea se atrevió a esbozar una sonrisa bravucona. Le dijera lo que le dijera, no pensaba cambiar de parecer. Después de todo lo que le había costado enfrentarse a su padre, iba a luchar por sus ideales, costara lo que costara.

-Que cabezota te has vuelto.-gruñó.- Y estúpida. ¿No te has parado a pensar qué sucedería si dejara que las voces de todos los muertos resonaran en tu hueca cabecita?

Un escalofrío recorrió a la joven, rememorando aquel momento en el que se había sido arrastrada por todos los gritos desesperados de las almas fallecidas. Parecía que eso había sucedido hacía siglos, cuando el gris no había tintado su presente.

-Adelante.-le retó.-Si quieres mi don tendrás que arrebatármelo, no pienso dártelo por las buenas.

Tenía miedo, pero al mismo tiempo estaba orgullosa de sí misma. En el mismo instante en el que había visto a su padre había comprendido que no tenía salida, o por lo menos no una tan sencilla como la que había supuesto. Pero enfrentarse a su némesis, al carcelero que había condenado su infancia, era algo que eliminaba todo lo anterior.

Cierto, tenía un poder único. Era capaz de hablar con espectros y seres atormentados, de prestarles su vida, de interferir en el destino de vivos y muertos, de ver y escuchar lo que otros no podían, de revolucionar un lugar tan oscuro y tormentoso… Pero eso no era más que parte de la maldición que la acompañaba, como una sombra ajena y unida a ella al mismo tiempo. Tener el valor de lograr algo por sí misma, era algo de lo que sí le enorgullecía.

El hombre alzó un brazo lentamente, como incitándola a rendirse. Hiciera lo que hiciera, poco le importaba. Necesitaba aferrarse a esa brizna de independencia que, finalmente, había logrado alcanzar.

Cansado de su testarudez, su padre hizo un gesto con la mano. En un instante, todo vibró a su alrededor. La joven parpadeó.

Primero fue silencio, absoluto y oscuro.

Después, cientos de chillidos y plegarias resonaron en su cabeza. Eran todas las súplicas de los que No Tenían Voz que hasta ese momento habían estado ahí, esperando a que alguien las escuchara.

Polvo

Euel contempló la inabarcable inmensidad que rodeaba el castillo. ¿Desde cuándo existía? Antes no era así, de eso estaba segura, pero no era capaz de evocar ninguna imagen que sustituyera aquel páramo frío y alicaído. Y en cierta manera le era algo familiar, como si fuera extracto de algún sueño.

-¿Por qué?-murmuró.- ¿Qué ha sucedido?

Delicadamente, desvió el rostro mientras contemplaba la sala del trono. Aunque no fuera capaz de ver como los humanos, por primera vez escudriñó las grietas, el desvaído lugar y su gloria marchita. Seguía sin darse cuenta que su vista fallaba, pero finalmente estaba comprendiendo que todo a su alrededor parecía estar cubierto por un velo de brumas.

-Euel.-Trece le contempló con incertidumbre.- ¿Estás bien?

La dama clavó su mirada en el chico. Intentaba dar con sus rasgos, con un boceto de su rostro, pero no era capaz de retener una imagen nítida.

-Me estoy quedando ciega.-comprendió.-Por eso me parece verlo todo tan cambiado.

El chico no pudo evitar intercambiar una mirada con Fin.

-No hay nada peor que un muerto que no reconoce que su vida ha terminado.-murmuró el fantasma con una mezcla de cansancio y pena.- Pero ella es diferente…

-La arrastraron estando viva.-le explicó.-En realidad no ha muerto, creo…

-Bueno, su aspecto delata si está viva o no. Creo que eso está bastante claro.

Ajena a los cuchicheos, Euel continuaba ensimismada ante la revelación. Una explicación tan sencilla capaz de evitar que sus creencias se tambalearan y de mantener vivas sus ilusiones.

-Entonces, es eso.-dictaminó.-Este lugar me está volviendo ciega para obligarme a hundirme en su oscuridad.

Y así, la niebla que lo rodeaba todo desapareció entre excusas y mentiras. Todo seguía igual, como si realmente hubiera pasado un instante desde que había dejado atrás el castillo para esperar a su amado. En el fondo de su podrido corazón, necesitaba que así fuera.

-Como las cataratas.-murmuró Trece, pero evitó dar más señales. Tampoco quería colaborar en la farsa que enmascaraba su realidad.- Euel, ¿qué recuerdas de este lugar?

La fantasma dio un par de vueltas sobre sí misma, contemplando meditabundamente los arcos y bóvedas, columnas y capiteles, ventanales y escalones de la sala.

-Antes había aquí una corte de espantos.-murmuró.-Se apretujaban alrededor de las paredes, con sus rostros podridos ocultos tras máscaras negras y sonrisa blancas. Siempre reían, crueles y diabólicos, al compás de las palabras del inmundo ser que gobernaba sobre ellos. Él estaba ahí, en su trono, burlón y maligno. Con un solo gesto era capaz de hacerles callar o de imponer su voluntad. La maldad le rodeaba como parte de su aura: parecía estar envuelto en un manto de eterna oscuridad, una pequeña representación de su enorme poder… Él…-una vez más, los huecos en blanco sacudieron al relato.- Él era capaz de controlarlo todo: a su corte, los engendros que le servían, las almas perdidas… Fue uno de sus monstruos el que me arrastró…

Mientras hablaba, los recuerdos arrastraron a Euel a los fragmentos de un tiempo perdido en la lejanía de lo sucedido…

HISTORIA DE POLVO

Hubo una vez, un amado y una amada. El inexorable avance de los relojes ha borrado sus rostros y parte de sus nombres, convirtiéndoles en personajes de un cantar que se repetiría a lo largo de los siglos. Pero lo que nadie olvidó, es que ambos se amaban más que nadie en ese mundo cruel y repleto de batallas en el que les tocó vivir.

Él era un héroe tenaz y caballeroso, dueño de una espada de renombre que había participado en las guerras más sanguinarias, y derrotado a los seres más despiadados que existían. Su fama era tal que pronto los combatientes humanos dejaron de ser un reto para él. Su sed de aventuras y retos pronto necesitó la presencia de criaturas sobrehumanas y de espantos que parasitaban su mundo, escondidos en las esquinas de lo imposible.

Pero su corazón seguía siendo inocentemente humano y no pudo escapar del amor.

Ella era una dama de alta alcurnia, de envidiada belleza y espíritu puro. Su corte de admiradores se arremolinaban en torno a su figura, alabándola y cortejándola, pero fue él, el solitario héroe, el que la conquistó con su gallardía y carisma. Se conocieron en un baile, el primero al que ambos asistirían en un castillo que más tarde desaparecería de los libros de historia. Desde ese momento, el destino de ambos acabó unido para siempre.

Las aventuras del héroe continuaron sucediéndose, pero por primera vez en su vacía vida tenía algo que defender, por lo que dar la vida y, al mismo tiempo, ganar para regresar a los cálidos abrazos de su amada. Al principio temió que su prometida intentaría detener sus luchas, pero la fe ciega de su dama en sus victorias era más poderosa que su propio ego.

Y continuó luchando, buscando cada vez retos más imposibles y desesperados. Batallaba para continuar retando y exprimiendo al “Mal”; quería librar al mundo de su existencia, de sus trampas retorcidas y su aliento pútrido. Estaba convencido que solo un alma pura sería capaz de librarles de su existencia. Esa era su cruzada personal, aquella que le iba arrastrar durante muchos años mientras su espada cercenaba a una de las tres gorgonas, encadenaba en lo profundo de las entrañas de la tierra a una serpiente inmensa o intentaba luchar contra el poder de un relato que se burlaba de los orígenes de su reino.

Pasó mucho tiempo hasta que diera con el auténtico Mal, o por lo menos con uno de sus máximos servidores.

Y así se convirtió en el primer mortal capaz de rozar el mundo de los muertos para retar a su monarca. Pero a pesar de sus intentos, no había otro camino más que la muerte misma para flanquear sus puertas, por lo que decidió trasmitir sus mensajes a partir de los seres que asesinaba. Aquella carnicería despertó la atención de un ser que gobernaba en un espléndido castillo, de gran poder y dementes intenciones. Era el mismo que no sabía que era: monstruo o demonio, rey o dios, encadenado en las penumbras de un abismo sin fin.

Pero como el héroe era consciente que dentro de su reino no sería capaz de cruzarlo, se dedicó a azuzarlo desde el umbral de los vivos, incitándole a la pelea. No obstante, su rival era tan inteligente como despiadado: con sus maléficas artes invocó a sus alimañas, engendros compuestos por pedazos de múltiples cuerpos prestados, para raptar a la prometida del héroe y obligarle así a adentrarse en las profundidades de un abismo del que todavía no había salido nadie.

La prisionera no se dejó doblegar por la corte de fantoches que se burlaban de su estado. Orgullosa, salió del castillo en el que estaba prisionera para aguardar el regreso de su amado.

Él nunca apareció. Cuando lo hizo era parte de los muertos que vagaban incapaces de aceptar que no existía ni el cielo ni el infierno, solo una interminable nada.

Ella continuó esperando, rodeada de polvo mientras su cuerpo se pudría.

Y así estuvo hasta que un estudiante de Farmacia logró despertarla de su espera eterna.

*

-Parece que se han ido todos.-murmuró.-Estarán entretenidos torturando a inocentes y almas en desgracia.

Al lado de Trece, Finn se revolvió inquieto.

-Está loca… Nuestro absurdo rey y sus acólitos no son así. Y tampoco hay fantasmas tan antiguos: todos han terminado por desaparecer…

El chico se mordió el labio, meditabundo. De alguna confusa manera, lo que Euel les había contado era capaz de explicar parte del misterio que rodeaba al lugar. Las piezas estaban esparcidas a su alrededor, unidas por un hilo que lentamente estaba empezando a ser más claro.

Tal y como delataba su manera de vestir y hablar, todo en ella evocaba a una época medieval, mucho más antigua de la que él venía. Lo suficiente como para conocer un reino completamente diferente, cuando todavía brillaba con esplendor y sus habitantes sabían quiénes eran y no perseguían acertijos.

Un antes lleno de gloria y un ser de descomunal poder.

Un después hundido en miseria y un ser perdido en su propia búsqueda.

A su manera, todo empezaba a encajar.

Las puertas de la sala temblaron, resquebrajando ligeramente su umbral. Con un estallido, se abrieron violentamente mientras el dueño y señor del castillo regresaba al corazón del mismo. Esa vez más que nunca parecía que se había disfrazado con el cuerpo de sus recuerdos: su solidez iba desapareciendo por momentos, como si no fuera más que gelatina que, poco a poco, iba perdiendo su consistencia. Sus ojos parecían estar abiertos de par en par, con la pupila reducida en un minúsculo punto que se perdía en la blancura.

Monstruo y muchacho se contemplaron.

Trece tembló de pánico. Temía a aquel ser, a su impredecible carácter o su violenta fuerza, pero la lástima y compasión que le había despertado estaba comenzado a crecer.

-Tú.-murmuró, atreviéndose a mantener la mirada fija en su espantoso rostro.- ¿Perdiste la cabeza después de estar tantos siglos viendo como los demás podían morir y desaparecían? En el fondo, ¿deseas morir?

La criatura brincó, precipitándose sobre el joven hasta lanzarlo contra los escalones. Sus brazos, que ya no tenían nada de humanos y se habían convertido en garras bestiales, rodearon el frágil cuerpo del chico.

-Mátame.-barbotó.-O dime quién soy…

La eternidad no era más que un castigo solitario que nunca terminaría.

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4 comentarios en “Capítulo 10: 8 『Hija del humo』

  1. Cada vez se ponen mas claras las cosas y a la vez… ay.
    Nunca sentí despreció por ese payaso a la vez que no me fiaba de el, pero puede que el sea tan victima como sombra cariñosa, con el infortunio inconveniente de estar lo suficientemente cuerdo para darse cuenta de lo que pasa a su alrededor. Y sin embargo 17 mi querida 17, la cual se ha revelado de su condición de chica invisible como Etérea de la de pájaro enjaulado. No estoy muy segura de que ella pueda llegar al punto de ser capaz de derrotar al padre de Ojos muertos, o no quizás en este momento pero realmente, mi intuición de que cada vez es mas cerca de que Ojos muertos muera es tan, tan… o antes que? llegara a obedecer a ese avaricioso demonio? realmente no se que decir, pero el hecho de que las dos estuvieran conectadas por algo mas que el momento… pensé que quizás 17 se parecía mas a Etérea, de hecho lo sigo pensando, pero una idea danza dentro de mi cabeza y no se cuan desastrosa dentro del embrollo podría ser pero, si Ojos muertos muere o mas bien desaparece incluso en el caso de que temporalmente acabara debajo de las manos de su progenitor, no estoy muy segura de que su poder pudiera extinguirse así o ir a parar en manos del padre. Mas bien veo a 17 heredando lo. Pero realmente no lo tengo ni muy claro, ni ganas de que eso pase puesto que conllevaría la muerte de Ojos muertos y la aprecio demasiado. Tanto a ella como a 17, lo sabes, son amor uwu ❤ y necesito que mi ship prospere.
    Diablos por ultimate madoka, como te gusta el drama éwé, en realidad todos sabemos que a8c quiere ver arder el mundo (?), pero volviendo a tema si, el auto engaño de Euel y la angustiosa eternidad de sombra cariñosa, uno se pregunta cada vez mas quien esta peor dentro del reino de la neblina.
    Y con esto supongo que nos abstenemos de la idea de que sombra cariñosa sea en realidad el amado de Euel, y nos centramos en que esta tan muerto hasta el punto de que ni ella ni el malvado soberano se dieron cuenta de su desaparición, enclaustrados en la eterna espera pro la llegada gloriosa del héroe.
    Y el orgullo del pasado, puede que realmente el único culpable aquí sea la vacía eternidad que dejo la antesala de los muertos de esa manera, eso y las constantes muertes de seres tan indecisos e incapaces de resolver un enigma.
    Eso y el hijo de… que se esta aprovechando de la situación. Lo que realmente me inquieta es saber a que tal punto tenia planeado todo, con que distancia creo a Ojos muertos con el plan de conquerir este reino cuando el fuera el muerto, que tanto hace que sabia de el, que tan retorcido puede ser para… probablemente estar involucrado en el accidente de Enric ya que el chico sabia el nombre original de Etérea, y por su historia y el hecho de que Etérea no soporta ese nombre, y menos se lo diría a alguien después de conseguir que fuera borrado.

    • Ya queda menos para que se resuelvan las dudas 😀
      Y para descubrir cuál era mi plan maligno, que alguno se me ocurrió por esa época~

  2. ETEREA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Me pregunto adonde llevara el melancolico payasito a 17…

    Nos vamos acercando… jijiji, aunque la historia de Euel ya la predecia, representar aquello como un antiguo reino en decadencia por el olvido le da un toque mas interesante °3°.

    • Por fin llega la hora de resolver cosas >w<
      Su historia era prácticamente un secreto a voces, aunque ahora que se ha revelado por fin se conocen más detalles de lo que ha podido pasar 😉

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