Capítulo 7: 11 『Hija del humo』

Este capítulo es diferente: por una vez, hay respuestas en lugar de más enigmas.

Espero que poco a poco todo vaya cobrando sentido 😉

Polvo

                Euel se dejaba mecer al compás de la canción de sus recuerdos. Su confusa mente, cada vez más perdida, luchaba por intentar comprender por qué ese lugar, tan familiar y conocido para ella, estaba cubierto por la decadencia.

                “Es un sueño”, dictaminó, acallando la voz inconforme con su manera de rehuir la realidad. “Solo es un sueño… Nada de esto es real”. Las cavidades que tenía por ojos, aun capaces de ver, contemplaron el rostro meditabundo de Trece, “Pero es un sueño muy hermoso…”

                En lo alto de las columnas, gárgolas descompuestas los vigilaban con sus rostros de piedra erosionada. Querubines y diablillos, quimeras e híbridos, los últimos habitantes del salón contemplaban el primer baile que, en mucho tiempo, desafiaba a las pelusas y a los casquetes que había desperdigados por las esquinas. Trece les devolvió la mirada. Las palabras que su madre le repetía siempre que iban de viaje, algo que se le antojaba tan lejano y extraño, habían regresado a su memoria.

                Todo testimonio del pasado; cada cuadro, cada estatua, efigie, capitel, mural o mosaico tiene su historia. Y en todos ellos está grabado lo que ha sucedido, en la piedra y en las pinturas, en los azulejos y en los lienzos están atrapadas las memorias de épocas perdidas, remotas y confusas.

                Como las de aquel Reino de la Niebla.

                El chico evocó el cuadro del cuarto del olvido, las pinturas en el tenebroso túnel, el dibujo tallado en la puerta… Todas las respuestas habían estado siempre delante suyo, solo que no se había atrevido a contemplarlas.

                -Euel…-murmuró, deteniéndose. Su voz resonaba entre el silencio perpetuo, como una estridente sirena o una alarma. Sin esperar a que el espíritu diera muestras de haberle escuchado, añadió.- ¿Aquel que te tiene prisionera es el mismo que el del cuadro que hemos visto? ¿Quién es?

                Pequeñas arrugas se formaron en su piel de pergamino. Aunque no era capaz de expresar emociones, parecía molesta, como siempre que le preguntaba sobre el Demonio, pero por una vez había cierto toque de diversión, como si la pregunta no fuera más que una broma.

                -Por supuesto.-corroboró.-Él es…-parte de su aplomo se tambaleó cuando volvió a tropezar con la ausencia de aquel escurridizo nombre, clave para desentrañar su identidad.-El rey de los muertos.

                -Todas las almas o espíritus-comprendió.-están retratados en ese pasadizo. Todas siguen el mismo camino… que termina con él, su rey, su amo… ¿Es así?

                -Puede ser.-murmuró con cautela.-Pocos vivos han regresado entre los muertos para confirmar lo que dices…

                -Pero antes dijiste que habías estado en este sitio.-la interrumpió. Las teorías daban vueltas en su cabeza, armándose y desmontándose para que las piezas encajaran. Todas las pistas estaban desperdigadas, solo le quedaba reunirlas para darle forma a ese puzle neblinoso.

                -Este lugar se parece a uno que he visitado.-reconoció con voz lenta y pausada.-Era la sala principal del castillo del rey de Norzumbria. Me invitaron varias veces, muchas de ellas como prometida de… de mi amado.-a pesar de su rostro impertérrito, su voz fantasmal estaba teñida por la nostalgia y la tristeza.-Pero no es este lugar, me confundí. Es imposible que así sea: aquella sala estaba reservada para los bailes más exclusivos y las fiestas más selectas como el nacimiento de los hijos del rey o algunos momentos que marcaban la historia del reino como su alianza con las gorgonas. Por mucho tiempo que haya pasado, es imposible que sus cristales estén tan resquebrajados y que sus pinturas hayan desaparecido. Las paredes estaban cubiertas por murales de tamaño natural del linaje familiar de los reyes y reinas de Norzumbria, las cenefas estaban pintadas de oro y siempre había mil candelabros y velas iluminándola cada noche.

                Euel se distanció de Trece. Como un alma errante, deambuló hasta toparse con la primera columna que encontró.

                -Debe tratarse de una ilusión para engañarnos.-murmuró mientras su mano acariciaba la agrietada piedra.

                -Pero estabas muy convencida que este sitio es real.-insistió Trece. Parte de lo que Euel rechazaba era por el deplorable estado de la estancia, pero dada su propia condición, no era una base muy fiable a la que aferrarse.

                -Me confundí.-insistió.-Mientras esperaba en el banco del cementerio uno de sus sirvientes quiso atormentarme diciendo que el rey se había vuelto loco y le había regalado el palacio a esa vil criatura a cambio de la inmortalidad… Pero es imposible.-insistió, casi con desesperación para que la mentira a la que se aferraba no se tambaleara.-Imposible…

                Trece la contempló con pena. Euel le recordaba a los enfermos terminales de Alzheimer, cuya mente estaba atrapada en una época que no tenía sitio en el presente.

                “¿Pueden tener los fantasmas Alzheimer?”, se preguntó mientras comenzaba a caminar.

                Siempre le había gustado andar para poner orden a sus pensamientos. Entre círculos infinitos sus cavilaciones tenían un nuevo sentido. Solo así, abstrayéndose de lo que le rodeaba, era capaz de leer entre líneas o interpretar todo lo que parecía irrelevante pero que acababa siendo crucial.

                Un mundo sumergido en una extraña niebla. Muertos en busca de la respuesta a su enigma…

                -Este no es el mundo de los muertos.-exclamó súbitamente, deteniéndose. Detrás suyo, Euel se mantuvo impertérrita.- Es una zona de paso, una especie de vestíbulo… Por eso te atraparon y continuaste “viva”… Ya lo dijo el chico del chándal: ellos buscan su solución, algunos la logran y desaparecen, otros van al límite a esperar que un médium les escuche o esperan a sus seres queridos… Ellos son los muertos que todavía tienen la esperanza para continuar buscando: son solo unos pocos los que deambulan en este castillo.

                Y como comprendiendo algo que hasta ese momento se le había pasado desapercibido, se giró en busca de la mirada de Euel y de alguna explicación o confirmación a sus suposiciones.

                -¿Dónde están los demás muertos, los que no tienen la paciencia para resolver un enigma? ¿Dónde están las miles de personas que mueren todos los días?

Muerte

                Miles de manos estiraban de ella, se aferraban a su cuerpo, a sus brazos inmóviles, a los bordes de su chaqueta. A su alrededor la niebla era tan espesa como el humo: el gris enfermizo había sucumbido ante un negro mortuorio que la asfixiaba con los sentimientos que impregnaban sus brumas densas, heladas y afiladas. Era la desesperación más latente y palpable la que imperaba, una emoción tan real como ella misma. Y la reclamaba.

                Etérea se atrevió a abrir los ojos. Su cuerpo caía sin que ella pudiera hacer nada para remediarlo. Al final del abismo parecía que había por fin un suelo sólido, aunque embarrado y sin un ápice de vegetación. Pero un suelo similar al de su mundo, a fin de cuentas.

                El sueño volvió a apoderarse de su conciencia. Antes de volver a cerrar los ojos la joven contempló a los miles de muertos que la arrastraban a su pútrido hogar, con sus miradas vacuas brillantes por la sed de vida y la envidia por su poder y su caliente corazón. Brazos descarnados, pálidos o lacerantes se agarraban a ella, arrastrándola hacia una turba interminable que poblaba la parte más inferior, más tenebrosa y desagradable de ese mundo caótico y sin reglas.

Olvido

                Le dolía el rechazo de Etérea, que no fuera capaz de confiar en él ni de aceptarlo como improvisado compañero de aventuras. Puede que no fuera más que un neonato en el mundo de lo imposible, pero le hubiera gustado que le diera un voto de confianza. Él lo había dejado todo para acompañarla en una locura sin más seguridad que su confianza ciega.

                Molesto, le dio la espalda a los exasperados estudiantes. Les odiaba, como al resto de humanos que vivían libres de pasados tormentosos y fantasmas acosando cada uno de sus recuerdos. Por ello, una parte de él se alegraba con perversa satisfacción del embrollo sobrenatural en el que estaban atrapados.

                La imperceptible sonrisa que había comenzado a forjarse en su rostro se disipó en cuanto intentó abrir la puerta. Él no podía, solo Etérea tenía el poder para llevarlos de regreso.

                Y si algo le pasaba a la chica, acabarían condenados para siempre en esa niebla irreal.

                Agotado, Enric se apoyó en uno de los taburetes. La cabeza le daba vueltas, como si su cerebro se hubiera derretido o un payaso estuviera haciendo malabares con ella.

                -Por favor.-imploró.- ¿Alguien puede contarme qué está pasando?

                Los chicos intercambiaron una mirada, seguramente estaban más confusos por su súbita aparición qué él, pero después de todo lo que habían tenido que superar, no parecían muy dispuestos a aceptar su presencia sin explicaciones.

                Uno de ellos se adelantó hasta ocupar la silla que estaba enfrente suya. Ante la mirada de determinación del muchacho, Enric no pudo contener una sonrisa: parecía que estaba atrapado en un interrogatorio como el de las películas que tanto le gustaban.

                -Eso mismo podríamos preguntarte a ti.-comenzó el portavoz del grupo.- ¿Quién eres? ¿Y quién es esa Etérea que te acompaña? ¿Qué nos ha pasado?…

                Y las preguntas continuaron surgiendo, como un torrente interminable de enigmas que escapaban a su control. Y él no tenía las respuestas que ellos esperaban, ni siquiera podía explicar qué estaba haciendo ahí, sentado en un laboratorio destrozado que se hundía en lo que parecía una niebla tejida en penumbras.

                -Me llamo Enric… y creo que es lo único que sé responder.-Suspiró mientras hablaba. Sin dejar de lamentarse por lo bajo, se pasó la mano por la frente repetidas veces, limpiando una sudor imaginaria.

                -Pero has venido con Etérea.-una chica se adelantó, ignorando el veto de silencio que se habían impuesto para evitar hablar todos a la vez.-Sabes algo, y por poco que sea, ya es más de lo que conocemos nosotros. Si tú nos cuentas lo que conocemos, nosotros podemos explicarte qué es lo que nos ha ocurrido y así intentar dar con una explicación.

                El joven la miró con admiración. Era una jugada inteligente que podía ayudarles a comprender qué estaba sucediendo. Y qué le daba “algo que hacer” y con lo que sentirse menos inútil o imprescindible.

                Aunque no podía contar toda la verdad sobre su identidad y su viaje.

                -Preferiría no hablar mucho sobre Etérea.-comenzó con algo de cautela. Nunca había sido un buen orador; de pequeño solía tartamudear, especialmente cuando se ponía nervioso, y se trababa con sus propias palabras, pero decidió comenzar el primero a compartir su historia y así eludir los pasajes más tenebrosos de la historia que ambos protagonizaban.-No sin su permiso.-aclaró ante sus miradas inconformes.-Tampoco conozco en profundidad su pasado; el caprichoso destino ha unido nuestros caminos por un breve período y eso es suficiente para ambos…

LA HISTORIA DE MUERTE Y OLVIDO

                Hasta donde yo sé, Etérea es una joven maldita con el don de la muerte. Para mí eso siempre ha significado que es capaz de hablar con fantasmas, espíritus, espectros y demás seres pertenecientes a ese “otro lado” que nos aguarda a todos. No obstante, es algo mucho más complejo: ella puede escuchar sus voces y, en casos excepcionales, materializar a esas criaturas. Hasta donde he logrado sonsacarle, su mundo está poblado por murmullos interminables, como un eterno zumbido compuesto por los gritos de los seres que todavía tienen algo pendiente en nuestra realidad. Y esa es la misión que ella se ha impuesto: según sus palabras, los muertos solo buscan venganza o cumplir un último deseo que les ata a los vivos. Ella quiere cumplir eso que necesitan para que por fin puedan descansar en paz y dejen de perturbar nuestra realidad.

                Yo nunca he tenido ningún encuentro con un fantasma, pero parece ser que en momentos concretos y en lugares especiales son capaces de lograr cosas que escapan al conocimiento humano. Los seres más cuerdos intentan atraer así la atención de un médium que escuche sus palabras y lleve a cabo su última voluntad, hay bastantes más de los que uno podía pensar, pero Etérea es especial: ella puede falsificar la vida con la que muertos y espíritus pueden actuar ellos mismos entre los mortales.

                Ese don o maldición que la hace única es muy extraño: hay personas que la están buscando para poder manipularlo a su antojo. Sobre eso no me ha querido contar mucho: el día que salimos de nuestra ciudad me confesó que había desafiado con su poder a una poderosa empresa que va tras todo lo sobrenatural. En ese momento me pareció captar en su mirada un destello de tristeza, por lo que no hice más preguntas.

                Hasta el momento en que Etérea se ofreció a ayudarme, no éramos más que dos conocidos que compartíamos presente, pero que nunca llegamos a intercambiar más que un par de palabras corteses. Una tarde, ella apareció con los ojos cubiertos por las tinieblas y el pelo tiznado de un gris oscuro. Creo que me sorprendió más que supiera mi nombre que su identidad y sus supuestos poderes. No me hizo ninguna demostración: creí todo lo que me dijo y acepté las partes que omitió como sus orígenes, qué le había pasado para tomar esa decisión o por qué quería huir. Es descabellado, lo sé, pero una parte de mí sabía que lo que decía era verdad. Quizás porque necesitaba creer que sus poderes existía o porque siempre había sospechado que algo extraño sucedía a su alrededor. En ese momento todas las suposiciones sobre algunos misterios que habían rodeado mi vida cuotidiana y la de mis compañeros adoptaron un nuevo significado.

                Pero lo que terminó por ayudarme a decidir es que ella sabía cuál era el monstruo de mi infancia. Y tenía el poder para ayudarme a vengarme de él y ayudar así a una persona que significó mucho para mí.

                De esa manera tomé la decisión más ridícula e ingenua que alguien podría haber optado. Seguramente estaréis pensando que soy un crédulo al aceptar desaparecer con una chica a la que no conocía del todo en una cruzada de espíritus y fantasmas. Para mí era mi última oportunidad para redimir el peso que he estado cargando todos estos años. En una apuesta conmigo mismo accedí a ir con ella para exorcizar al demonio de mis recuerdos. En caso de fallar, aceptaría que soy una pieza imprescindible y me dedicaría a recordar y mantener vivo los hechos que cubrieron de sangre el pueblo del que soy originario.

                Pero sí funciona, habré logrado acabar con los monstruos más crueles que existen. Y hay todo un nido en el lugar al que vamos, más allá de las montañas.

                Es una apuesta a la me aferro por las noches, cuando me replanteo que lo que estoy cometiendo es una locura. A ella le da lo mismo ayudarme o no: su misión es ayudar a los muertos para redimirse. Está convencida que tiene que compensar las vidas inocentes que se han perdido a lo largo de su infancia por su culpa. Es como si atrajera a la mala suerte: extraños accidentes y muertes sospechosas la han rodeado siempre, recordándole que su vida tiene que estar teñida por lo funerario.

                Y por eso nos desviamos a vuestra Universidad. Una mañana cualquiera en una gasolinera, Etérea escuchó la noticia que un funcionario había sufrido un accidente y había fallecido al caerse desde lo alto de la azotea. Su nombre quizás os suene: Paolo Calomarde.

                Normalmente lo habría ignorado, pero por algún motivo ella notó que había algo extraño: a pesar de estar a muchos kilómetros de distancia, podía notar que un espíritu la llamaba con insistencia. Era un grito claro entre la maraña de voces que estaba acostumbrada a escuchar: “Ayudadme, ayudadme por favor.” Y a pesar de mis ruegos para seguir nuestro camino, se obcecó en dar media vuelta y responder a esa llamada de auxilio. No tuve más remedio que aceptar, aunque luego intentó justificarse diciendo que así podría practicar invocando a un muerto, pues hasta ese momento se había dedicado a reprimir su don y nunca antes había sido ella la que, voluntariamente, había establecido el vínculo.

                Y así fue como llegamos a vuestra Universidad. Pasándonos por estudiantes nos colamos en sus instalaciones para poder ir al lugar del siniestro. Pero algo falló: Paolo Calomarde no respondió a la llamada de Etérea. Ella probó dos veces, a la segunda usó su poder y entró en una especie de shock, cuando despertó se precipitó escaleras abajo hasta encontrar vuestro laboratorio. Más tarde, mientras esperaba su regreso, me di cuenta que estaba justo debajo del lugar en el que ella había probado a llamarle.

                Lo último que sé es que entró dentro del laboratorio. Más tarde, cansado de esperar, yo también lo cruce. Y de esta manera llegamos hasta el momento en el que nos encontramos…

*

                Enric tragó saliva. Había omitido algunos detalles, como la sombra con la que Etérea hablaba, qué había pasado exactamente para que la chica se obsesionara con redimirse o qué ambos nunca llegarían a la edad adulta. Estaban condenados a morir prematuramente y dar su hálito vital en favor de los muertos.

                En frente suyo, los jóvenes murmuraban por lo bajo, puntualizando algunas revelaciones o compartiendo suposiciones. Un grupo de chicas, encabezadas por una que se aferraba a un móvil apagado, le miraban como si estuviera loco.

                “No soy yo el que está mal de la cabeza”, rio para sus adentros, “sino este mundo en el que nos ha tocado vivir.”

                La muchacha que le había propuesto el intercambio era de las pocas que estaba en silencio. Meditabunda, sus ojos resplandecían mientras relacionaba sus palabras con lo que ella sabía.

                -Ocho.-le susurró la sombra de Etérea al oído.-Se llama Ocho…

                Enric se estremeció por su presencia. No se acostumbraba a la sensación húmeda y helada que la rodeaba. En ese momento se percató que si había alguien capaz de darles explicaciones esa sería la criatura, pero, ¿cómo preguntarle sin parecer que había terminado por perder la cabeza?

                -Esto…-la voz de Ocho le llamó. A su lado, sus compañeros habían enmudecido, cediéndole el turno para hablar.-Nuestra historia no es tan fantástica, ni mucho menos, ¿aun así querrías oírla?

                -¿Por qué no? Así me ayudaría a intentar sacar algo claro de este embrollo.

HISTORIA SOBRE LOS DIECISÉIS Y LA CHICA INVISIBLE

                No sabría por dónde comenzar; todo esto ha sobrevenido tan súbitamente que, en un instante, todo lo que creíamos desapareció. Para cualquiera de nosotros este podría haber sido un día normal, quizás con la particularidad que esta iba a ser una de las últimas prácticas del semestre. Después de ésta terminaríamos todas las de química y solo nos quedaría disfrutar de un breve descanso antes que comenzaran los exámenes de enero. Y como todavía queda poco más de un mes, la perspectiva de las vacaciones estaba más presente que la necesidad de comenzar a estudiar.

                Como contexto por si no sabes de lo que te estoy hablando: nuestro horario se divide en clases por las mañanas y, unos días a la semana, prácticas por la tarde de diferentes asignaturas. En la de hoy, por ejemplo, íbamos a sintetizar nuestra primera medicina; el bicarbonato, además de hacer una serie de ejercicios para comprobar una serie de reacciones. En ningún momento parecía que había una anormalidad que iba a alterar de esta manera nuestro día: la mañana trascurrió tranquila. Como estamos divididos en grupos aleatorios, cada uno tiene sus grupos, aunque después de tantas horas en estos laboratorios hemos terminado por forjar lazos de amistad entre nosotros a la fuerza, aun así, cada uno podría contarte una mañana diferente. Hay quien no vino a primera hora, otros prefirieron prescindir de Documentación y metodología para ir a la biblioteca y hacer algo útil y algunos estuvimos las cuatro horas dentro de nuestra clase, tomando apuntes y esperando a que el reloj avanzara. Tampoco podría contarte nada especial de la hora libre que tuvimos para comer: nuevamente cada uno por su cuenta.

                Este embrollo comenzó con la clase práctica. Al igual que siempre, dejamos nuestras cosas en las taquillas del pasillo y, enfundados en las batas, nos dividimos en las parejas de siempre. Creo que no es muy importante, pero el primer cambio en la rutina de siempre es que teníamos una chica más con nosotros. A decir verdad, no me fijé que estaba con nosotros hasta que acabamos en este mundo, en ese momento me percaté que había una decimoséptima estudiante entre nosotros. Y me sabe mal reconocerlo, pues estuvo siempre en un rincón, las cosas de la mesa de la esquina son suyas, pero nunca me fijé en ella. Y si lo hice, pues no tardé en olvidarla. Ese ese tipo de chicas que pasan desapercibidas, que no tienen nada en especial y que al rato olvidas.

                Su presencia fue el primer cambio, pues la profesora estaba molesta porque no éramos el número correcto para los sistemas de montaje y hubo que coger material de una caja. Pero no fue uno importante, el que realmente nos tiene a todos muy intrigados es que nuestra profesora, doña Amanda, nos abandonó en medio de la práctica. Dijo que se le había olvidado algo muy importante, pero eso no quita que nos dejó solos en un laboratorio con unas reacciones en las que participan ácidos y que requerían su supervisión para que funcionaran correctamente.

                Estuvimos solos únicamente un rato que Terèse aprovechó para contar historias de accidentes que habían sucedido cerca de este laboratorio, como el accidente de Paolo Calomarde, justo arriba de nosotros, o un incendio que hubo por accidente.

                Y entonces, sin previo aviso, el laboratorio tembló. Con la velocidad de un parpadeo, las luces se apagaron y las ventanas quedaron cubiertas por esa niebla tan extraña. Por si no fuera poco, no podíamos abrir la puerta y la de emergencia daba a ese extraño lugar. Tampoco iba la electricidad ni la cobertura de los móviles: estábamos completamente atrapados.

                Entonces uno de nosotros quiso asomarse al exterior, pero acabó cayendo en su interior. Su mejor amigo se ofreció en ir en su búsqueda, así que unimos nuestras bufandas hasta formar una cadena que le guiara a modo de hilo de Ariadna. En la confusión, la chica anodina acabó uniéndose a ellos, aunque parecía como si hubiera visto algo, pues iba con la mano extendida como si quisiera atrapar algo que los demás no habíamos llegado a ver.

                Los tres desaparecieron, dejándonos solos. Intentamos forzar la puerta, pero no había manera de abrirla. Y por mucho que revolvimos, no encontramos nada en el laboratorio que explicara lo que nos había pasado.

                Así estábamos cuando tu amiga entró, presentándose como Etérea y ofreciéndose a buscar a nuestros compañeros. Y sin dar ninguna explicación se adentró en la niebla mientras se comprometía a buscar a los que faltaban, pero, eso sí, pidiéndonos que no nos dispersáramos más.

                Luego llegaste tú y el poco sentido que tenía esto desapareció con la presencia del monstruo.

*

                Enric intentó mantener el rostro impertérrito. Poco a poco estaba comenzando a comprender que lo que les había pasado a esos chicos había sido fruto del azar al estar en esa clase en el instante que había sucedido todo, pero quien los había arrastrado ahí inconscientemente había sido Etérea. En su segunda invocación la joven había vuelto a perder color de pelo, como siempre que usaba una cantidad desmesurada de poder.

                Sin quererlo les había empujado a esa dimensión, posiblemente cruzando un camino debilitado tras tantos accidentes y muertes.

                Pero, ¿a dónde exactamente les habían conducido?

                Mientras los estudiantes esperaban alguna respuesta por su parte, algún comentario para comenzar a hilar lo que había sucedido, el muchacho desvió la mirada. La única respuesta que se le ocurría era el lugar al que iban los muertos, el mismo en el que aguardaban fantasmas y almas en pena a que Etérea les ayudase. Porque a lo mejor el grito que había escuchado habría aprovechado la brecha abierta por Paolo Calomarde para hacerse oír: quizás el auténtico fantasma que imploraba ayuda estuviera atrapado dentro de la niebla.

                Su mirada, incapaz de enfrentarse a la de ellos sin delatar su culpabilidad, distinguió los contornos difusos de la sombra de su amiga. El ser lo contemplaba todo con una sonrisa divertida. Poco a poco, aprovechando la peculiaridad del lugar en el que se hallaban, la criatura fue adoptando un cuerpo mínimamente visible, para espanto de Enric: si estaba actuando así era porque quería que todos la vieran.

                -¿Qué te pasa?-protestó una de las chicas, pero al seguir la línea visual que trazaba su mirada y dar con la aberración estalló en chillidos.- ¿Qué demonios es eso?

                Una de las jóvenes, la más gordita de todos, comenzó a jadear, como si estuviera al límite de un ataque de pánico o ansiedad.

                Sin saber muy bien lo que estaba haciendo, Enric se incorporó, interponiéndose entre los asustados chicos y la criatura.

                -¡Esperad!-exclamó, alzando los brazos.-Es una especie de sombra que acompaña a Etérea… un enlace entre el mundo de los vivos y los muertos.

                -Un doppelgänger-murmuró Ocho con los ojos abiertos de par en par, rebosantes de curiosidad e interés.

                La criatura asintió, confirmando su identidad. Puede que al tener un nombre al que aferrarse o simplemente que una de ellos hubiera definido al engendro, parte de la suspicacia de los chicos se disipó, aunque no por ello dejaron de vigilarle cuidadosamente. El doppelgänger, a su vez, sonrió amistosamente, imitando la calidez humana. Aunque solo fuera un burdo reflejo, ver a Etérea sonreír de esa manera, tan amigable y natural, le dolió a Enric. Nunca antes la había visto así; siempre parecía que el peso del mundo recaía sobre ella y en vez de aceptar la carga, presumía de ella, como obligándoles a que se dieran cuenta de todo lo que tenía que soportar. Altiva y orgullosa, así era, pero esa faceta sacada a relucir por un reflejo no parecía tan extraña. Quizás en un pasado ya muy lejano e irrecuperable Etérea sonreía de esa manera.

                -Tengo muchos nombres.-comenzó el ser. Su voz era escabrosa, pero estaba teñida por la diversión. Parecía que tenía miedo de aquel lugar, pero al mismo tiempo estaba disfrutando con sus dudas.-Doppelgänger puede ser uno de ellos. Soy una sombra, un reflejo, algo que no tiene nombre propio ni más identidad que la que roba. Pero ante todo soy uno de los habitantes del Reino de la Niebla Olvidada. Como su propio nombre indica, no hay quien recuerde que lugar es. Y cuando escapéis de él, esta aventura se deshará como hielo al sol.

                La criatura hizo una pausa teatral. Había logrado captar toda su atención, pero su orgullo caprichoso quería confirmarlo.

                -En términos humanos, para que podáis comprenderlo, este lugar es un basurero donde va todo lo que uno termina olvidando: objetos de la infancia, recuerdos… al principio vagan, pero al final acaban desapareciendo hasta formar la niebla que nos rodea. Asimismo, también los muertos terminan en este lugar, una antesala ante el auténtico Final. No me preguntéis por él, pues es algo que nadie sabe.-añadió al ver como uno de los chicos comenzaba abrir la boca, dispuesto a preguntar sobre la vida más allá de la muerte.-Los muertos están condenados a resolver un acertijo o dos: al hacerlo, encuentran el Final y escapan de la niebla. No todos lo logran, desde hace un tiempo algo falla, por lo que la mayoría se ha hunde en la desesperación: porque este lugar es como un inmenso foso y la zona más honda, la más oscura, la que todos rehúyen, es la hondonada de la desesperación. ¿Queréis saber lo que ha pasado? Que la insensata de Etérea, Maga de los que No Tienen Voz, ha abierto un camino sin saberlo. Ha dado con una zona muy débil tras años de desgracias. Y el rey loco ha aprovechado para empujaros y usaros como cebo para usar sus poderes en su beneficio, eso es lo que ha sucedido.

                La poca luz que se filtraba entre la niebla les daba a todos un aspecto grisáceo y enfermizo, pero según iban comprendiendo la verdad, empalidecieron aún más.

                -¿Muertos?-balbuceó la chica del móvil.- ¿Quieres decir que estamos muertos?

                -No necesariamente; la Niebla es un lugar que delimita las fronteras entre mundos imposibles y el Final, por lo que muertos y vivos tienen derecho a bordear su territorio. Solo unas pocas excepciones escapan a su control… Además, el rey loco le ha prometido a Etérea que los diecisiete vivos regresarán con ella…

                Un suspiro de alivio generalizado acompañó a sus palabras. A excepción de Enric, quien frunció el ceño al escucharla, todos los demás sonrieron animados por la esperanza de conseguir su final feliz. Fue un cambio imperceptible, pero hasta ese momento el laboratorio se había estado hundiendo irremediablemente, pero al descubrir que todavía había posibilidad de escape, comenzó a elevarse muy lentamente.

                -¿Cómo sabes eso?-le inquirió Enric por lo bajo. Sospechaba que no era más que una mentira para calmarles, pues era imposible que el doppelgänger hubiera estado en ambos lugares a la vez.

                -Escucho y veo lo que Etérea escucha y ve.-la criatura sonrió, pero esta vez le mostró una macabra sonrisa plagada de dientes afilados.-Soy su sombra, la que lo sabe todo.

                -¡Espera un momento!-un destello de preocupación brillaba en los ojos de Ocho, la única que no celebraba nada.-Contando a Enric somos diecisiete.-balbuceó.- ¿Significa que uno de nosotros morirá o quedará atrapado para siempre en la Niebla?

************

Siento que este capítulo haya sido tan extraño, pero era la hora de las respuestas. Por si ha quedado confuso y poco claro, el auténtico nombre de Tres es Tèrese.

Comienza la rifa del pesimismo: ¿quién no regresará? ¿Se olvidarán de Diecisiete? ¿Trece se quedará con Euel investigando ese mundo? ¿Catorce se pasará toda la eternidad discutiendo con Sid?  Espero vuestras opiniones :3

 

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4 comentarios en “Capítulo 7: 11 『Hija del humo』

  1. a8c dando respuestas a sus enigmas? Rapido, pide un deseo! (?)
    13, ese es mi trabajo pero bueno al menos ya te estas ganando mi respeto despues de tus pasadas acciones.
    Vamos por partes. Lo facilito primero. Si, era el retrato de lo que fue la sombra si la memoroa de euel no nos engaña, diria que primera teoria acertada pero eso se intua bastante bien con tu descripcion capitulos atras de la maldad del hombre.
    Antesala del rino de los muertos? Eso suena mejor, realmente no me esperqva que tozo lo olvidado acabara aqui tambien. Veia al reloj como un ser con vida de otra dimension, creo. Pero si, el limite de la “Realidad” del orden cronolohico del teatro. Todo el mundo preguntando que viene despues y yo digo porque no la gloriosa nada o la muerte entre lineas.
    Y la ultima pregunta de 13, supongo que en parte la comparto. O mas bien se entierran en un olvido peor del de la niebla o la ultima opcion mas segura, la de compartir final con los fantasmas de enigma inresolvible: desaparecer.
    Pero bueno el hecho de que hasta una enorme sala de baile haya podido ser transportada ( lo siento euel, pero creo que eso quizas si es verdad) puede implicar cualquier cosa y diablos que dificil es poner orden cronologico a los hechos en el tiempo dentro del reino de la niebla.
    Ojos muertos cayo en el pozo de la chusma de la niebla (?). Donde la esperanza de la libertad de descansar en paz es minima. Muertos mas que desesperados para ello.
    Que haras falso rey? Puesto que creo que esto no estaba en tus planes.
    I enric, ya dije la gran parte de lo que tenia que decir arriba pero el monstruo de la infancia, un espiritu errante de un viejo conocido? O no.
    Por como habla Enric quizas fue su culpa que todo su pueblo muriera, no siendo directamente el asesino eso si, o el simple hecho de cargar con el peso del sobreviviente que muchas veces es demasiado.
    8, por fin alguien que se deja de escpticismos y usa la cabeza sin negar lo sobrenatural del dia que estan teniendo.
    Diablos, eso no me lo esperava di por suponida lo poco fiables que eran las promesas de sombra cariñosa pero con enric dentro, nuevamente vuleve a sobrar un sitio no previsto… Y ojos muertos no se ira sin enric.

    • Pensándolo bien, pronto sucederá una escena muy adecuada para pedir un deseo XD
      Bueno, respuestas a la historia todavía no, pero por lo menos está la respuesta al “¿Qué hay después de la muerte?”.

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