Capítulo 5: 13 『Hija del humo』

Bienvenido a este nuevo capítulo con más misterios, más incógnitas y nuevo narrador 😀

¡Espero que os guste!

Olvido

                Odiaba esperar, lo aborrecía con toda la intensidad de su perecedero cuerpo. Los minutos avanzaban, los segundos morían, las horas se desvanecían, pero él tenía que seguir, inamovible, aguardando a que algo que no terminaba de comprender se solucionara. Eso era lo más torturador de aquella angustiosa espera: lo único que sabía es que, intentando capturar un fantasma, Etérea se había adentrado en un laboratorio cubierto por las tinieblas. Enric no conocía nada del mundo que aguardaba al otro lado, de los muertos, los seres olvidados o las adivinanzas sin respuesta, pero intuía que aquello que había obligado a su compañera a desviarse de su camino era importante. Muy importante.

                El chico se reclinó sobre la pared, conteniendo un suspiro de desesperación. No tenía ningún reloj al que aferrarse con la esperanza que solo hubieran pasado unos pocos minutos. Y aunque así fuera, el breve alivio no podría superar a la incertidumbre de estar excluido del juego, llevándose la peor parte.

                Su mirada se desvió inevitablemente hacia la puerta, anhelado algún cambio, cualquier señal. Pero a través del ventanuco solo había sombras grisáceas.

                Decepcionado, enterró el rostro entre las manos. Los miedos infantiles nunca le habían abandonado y en momentos como el que estaba viviendo, resurgían con mayor intensidad y crueldad. Esperar le enfermaba: traía consigo el sabor agridulce de romperse en mil pedazos diseminados, de dejar que el pesimismo le arrastrara. Quizás fuera por la maléfica oscuridad que aguardaba tras la puerta, pero los recuerdos de su última espera resonaron con fuerza en los recovecos de su memoria: frío, incertidumbre, desesperación. Un cuerpo cubierto por una sábana blanca, tan helado como la nieve que le había arrebato la vida.

                “Ignóralo”, se ordenó, convirtiendo la escena en jirones de pesadumbre. Pero por mucho que aborreciera el día en que su vida había cambiado para siempre, se resistía a ignorarlo y convertirlo en un hecho más de su pasado. Olvidarlo todo era huir los errores, hacer como que nunca habían existido. Recordar era perdurar un nombre, evitar que toda una existencia se desvaneciera. Todo el mundo prefería olvidar, convirtiendo en mitos y leyendas realidades demasiado odiosas, retorcidas o dolorosas.

                Los demás olvidaban, solo él se aferraba al pasado.

                La incertidumbre trajo consigo un eco ahogado en cientos de murmullos. Una voz familiar repetía su nombre, arrastrando las sílabas como si estuviera saboreándolo.

                Incómodo, el chico desvió el rostro nuevamente a la puerta. En la ventana de ojo de buey, el rostro de Etérea le contemplaba ceñudamente, como si llevara mucho rato aguardándole.

                “Ven, Enric”, decía su mirada, tan pétrea y oscura como siempre. ”Te estoy esperando”.

                Suspicaz y temeroso, el joven se acercó a la puerta. No era más que un novato en aquel universo de imposibles, pero si Etérea le había dicho que no cruzara sería por un motivo que más le valía respetar.

                -¿Qué quieres?-gruñó, apoyando la mano en el pomo, temeroso que éste funcionara solo.

                “Te necesito”

                -¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

                Un destello carmesí brilló en la mirada muerta de la chica. Frente a frente con ella, todo lo que le hubiera podido caracterizar como humana se iba desvaneciendo, como si se tratara de una débil sombra.

                “Niño estúpido, ¿llevas casi un mes viajando con nosotras y no sabes quién soy? Soy su amiga imaginaria, la que le susurra palabras oscuras e intenta guiarla por un camino libre de muerte. Soy eso que no existe pero que intuyes. Soy la que le pidió que no entrara en este basurero y continuara adelante. Si no quieres que este mundo se empiece a cobrar vidas, hazle un favor y cruza esta maldita puerta.”

                -No sé de qué estás hablando.-tartamudeó, cada vez más confuso.

                “Una vez que entras solo tienes que volver a abrir la puerta. Ella ya lo ha comprobado, ¿te fías más de su criterio que de mis consejos?”

                Enric cerró los ojos. Sus dedos se habían vuelto blancos de la presión con la que aprisionaba el picaporte.

                -Entraré.-decidió, cansado y aburrido de esperar, deseoso de hacer algo útil.-pero dejaré la puerta abierta.

                La sombra se echó a reír. Era una risa tan vacía como su voz, hueca y aburrida, cargada de polvo y una pizca de diversión.

                “Haz lo que creas conveniente, mortal, pero si yo fuera tú la mantendría cerrada.”

                Con la inseguridad anidando en todos los rincones de su confianza, el joven abrió la puerta de un tirón. Si se demoraba, acabaría cambiando de idea.

                Su grotesca imaginación había inventado abismos y engendros, lugares de espanto y pesadilla, pero para su sorpresa, lo que le deparaba era un escenario aburridamente normal: un laboratorio cubierto de gris, con los objetos tirados en el suelo y las hojas de las libretas desperdigadas por las mesas. En el otro extremo, asomados a la puerta de incendios, un grupo de adolescentes y adultos en miniatura le observaban con incredulidad.

                -¿Hola?-murmuró, sin saber muy bien cómo tenía que actuar. Incómodo, su mirada recorrió el habitáculo, consciente que algo fallaba.- No está…-aterrado, buscó el rostro de su amiga entre las caras asustadas de los estudiantes.- ¿Dónde está?

                “Nuestra temeraria jovencita a cometido la locura de adentrarse en la niebla”, quizás fuera por la presencia sobrenatural que reinaba en la habitación, pero la sombra se había materializado a su lado. Era como una copia hecha de humo de la chica, tan débil y nebulosa como su voz. “Y no pienso ir tras ella a esa mundo podrido y corrupto.”

                -Quieres que la vaya a buscar…-tenía la garganta seca. La espera no era nada en comparación de la palpable desesperación que les rodeaba.

                “Etérea ha ido a buscar a los que se fueron a buscar a otro de esos jovenzuelos. Tranquilo, mi intención no es complicar este juego: lo que quiero es mucho más sencillo que adentrarse en la Niebla sin perder la cordura.”

                -¿El qué?-le inquirió, consciente de las miradas de pavor e incredulidad que se estaban dedicando los chicos. Tampoco era de extrañar: seguramente estaría dando la imagen de un loco que habla solo.

                “Sobrevivir”

                La sombra se deshizo pedazos de brumas similares a los que había tras las ventanas. Asustado, Enric contempló el vacío que les deparaba tras la puerta de emergencia: gris y más gris, tinieblas y penumbras, desesperación y terror.

                Y en el centro del todo, una veloz silueta que se dirigía velozmente hacia donde se encontraban.

-¡Cerrar esa puerta!-gritó momentos antes algo chocara contra el laboratorio.

Las paredes temblaron, el vidrio estalló, las hojas se revolvieron, pero todos se mantuvieron inmóviles, contemplando con terror a la criatura que pugnaba por atravesar el marco de la puerta: un amasijo de carne amorfa, podrida y mugrienta, de la que emergían garras, extremidades, cabezas sin rasgos y bocas repletas de dientes afilados.

-Decidme que tenéis un mejunje venenoso o algo parecido.-murmuró, aferrando inconscientemente el respaldo de una silla.

Detrás suyo, la puerta que les separaba de la realidad se había vuelto a cerrar.

Cenizas

Diecisiete caminaba contemplándolo todo con incredulidad y admiración. Por muy lamentable que fuera el estado del castillo, aquella locura de escaleras y arbotantes, torreones y ventanucos, era la única maravilla de ese mundo perdido. Estaba tan absorta observando capiteles y estatuas, que no le prestó atención a los muertos que deambulaban a su alrededor. Ellos también la ignoraban, absortos como estaban tras la búsqueda de su solución.

Con paso torpe, pero cada vez más animado, la chica subió unas inmensas escaleras, imaginándose como hubieran sido en el pasado, con los peldaños enteros y el pasamano de una pieza. Su ensoñación se irrumpió cuando tropezó con la primera presencia mínimamente cuerda en aquel abismo de sombras de lo que hubieran sido en vida. Era un muchacho algo más joven que ella, de pícara sonrisa y ojos vacuos, tristes y apagados. Pero lo más perturbador de todo era la especie de uniforme que llevaba, cubierto enteramente de sangre seca.

-¡Hola!-la saludó afablemente.-No te había visto nunca por aquí, ¿eres nueva?

-Eso creo.-murmuró, insegura de estar dando la respuesta correcta.

La sonrisa del joven se amplió, confiriéndole cierta similitud con el gato de Cheshire.

-Parece que por fin la condena del aburrimiento se ha terminado.-celebró.-Eres la segunda visita mínimamente interesante con la que me he cruzado después de una eternidad escuchando acertijos sin sentido…

-¿La segunda?-los ojos de Diecisiete se abrieron al máximo, comprendiendo al instante a quién se estaba refiriendo.- ¿Dónde está? Estoy buscándole.

Por un instante un mohín de decepción cruzó su rostro, pero velozmente desapareció tras la diversión y un aire juguetón, casi lobuno.

-¿Tanto te importa?-ronroneó, entrecerrando su mirada hasta convertirla en una rendija de un verde apagado.

-No.-tuvo que reconocer.-Ni siquiera sé por qué he acabado aquí, siguiéndole la pista a alguien con quién nunca he hablado y que ni sé su nombre. Pero tengo que buscarle y llevarlo de regreso con los demás.

-Esa parece una historia muy divertida, pero no es el tipo de entretenimiento que me interesa.-el muerto se sentó en la barandilla con desgana.- Aunque sería interesante de oír.

-Te la contaría, pero te decepcionará: está llena de huecos en blanco e incógnitas que todavía no he revelado.

El chico esbozó una mueca. Mientras meditaba qué era lo que quería preguntarle para paliar su aburrimiento, una figura cruzó el pasillo. Su paso decidido, veloz y consistente, rápidamente atrajo la atención de Diecisiete. Desde lo alto de las escaleras contempló como una joven pasaba de largo, demasiado centrada en el final del camino como para percatarse de ella. No la había visto nunca, pero algo en su interior estalló en cientos de pedazos.

Era ella a la que estaba esperando, la que tenía que escuchar su grito.

-Lo siento.-se disculpó, aunque el fantasma no dio muestras de escucharla, antes de correr tras las escaleras.

Por un momento no quería ser ignorada, por una vez necesitaba que se dieran cuenta que estaba ahí.

Diecisiete persiguió a la desconocida tras un interminable pasillo. A su alrededor gárgolas y estatuas contemplaban su paso tembloroso, pero decidido. Los ojos de piedra siguieron a las dos figuras hasta que una de ellas cruzó un inmenso y monstruoso portón.

La chispa de iniciativa que durante un instante había brillado en ella se apagó. Detrás de la gigantesca puerta había algo demasiado aterrador como para atreverse a cruzarla. Era el mismo sentimiento que había sentido cuando la cuerda fue destrozada o cuando se adentró en la niebla; de no ser más que un insignificante peón en manos de algo mucho más poderoso y terrorífico.

Diecisiete se apoyó en la carcomida madera. A través de ella podía escuchar retazos de palabras y frases que escapaban a su comprensión, pero que fue anotando por aburrimiento, sin saber que más adelante serían la clave para pactar con un demonio.

Polvo

El portón se cerró con un chirrido ensordecedor, como si hubiera un grito atrapado en sus goznes. Ese fue su saludo, lo único que esa criatura merecía por su parte. Indiferente al miedo pegajoso que flotaba en la sala, Etérea cruzó el salón. Al igual que el resto del castillo, estaba en ruinas, bañado en penumbras y cubierto por los restos de una gloria marchita. Pero nada de eso le importaba, su mirada era incapaz de apreciar las hermosas columnas talladas, la mayoría de ellas destrozadas, o los restos de un mosaico cuyas piezas se diseminaban a sus pies.

Su interés recaía en el dueño de ese juego endiablado, en el culpable de esa farsa: un engendro que imitaba la forma humana, con dos brazos y dos piernas, todos ellos extremadamente largos y del negro más oscuro que nunca antes había visto. Todo su cuerpo estaba pintado de ese color a excepción de donde hubiera tenido que estar la cara: en su lugar había una especie de máscara de un blanco puro, de rasgos inexpresivos y facciones de mentira.

Más que un monstruo parecía un juguete mal construido o un dibujo hecho por un niño.

-Por fin nos conocemos, Maga de los que No Tienen Voz.-su voz era desgarradora, una mezcla entre anhelo, aburrimiento, desesperación y diversión.-Fue un gran honor notar como llamabais a las puertas de mi reino.

Etérea frunció el ceño mientras le dedicaba una sonrisa sarcástica.

-El honor es mío.-ironizó.-No siempre recibo la llamada de un demonio para visitar sus dominios.

-Demonio…-la criatura paladeó la palabra, degustándola.-Sí, ¿por qué no? Demonio… es una naturaleza que encaja perfectamente en el hueco en blanco.

-Lo dices como si no lo fueras… o no supieras lo que eres.

Un incómodo silencio se interpuso entre ambos. Había sido una pulla sin más intención que la de vengarse de aquella situación, pero parecía como si hubiera encontrado una herida, un hilo del que estirar para dar con el lado más vulnerable de aquel engendro.

Ahora solo tenía que descubrir cómo usarla.

-Demonio.-repitió el espanto con voz monótona.-Demonio… Comparto maldad e intenciones, ¿por qué no ser un demonio?

Etérea contuvo un grito de desesperación. Se sentía como si estuviera atrapada en un conjunto de locuras interminables, de situaciones esperpénticas y cada vez con menos sentido.

-Disculpa mi rudeza.-gruñó, intentando mantener el tono educado y cordial, aunque su paciencia estaba a punto de desaparecer.-Pero, ¿podíamos dejarnos de desvaríos? Desconozco cuál es tu sentido de la cortesía, pero no estoy aquí precisamente por voluntad propia.

-Fuiste tú la que decidiste entrar y seguir el camino. Ciertamente manipulé tu interés con uno de esos estúpidos chiquillos que tan ingenuamente cruzaron mis puertas, pero nunca fue mi intención usarlos como rehenes: hacia tanto tiempo que los vivos no nos visitaban que no pude evitar la tentación de tomar uno para mi propio entretenimiento.

Un escalofrío recorrió a la joven. No quería ni imaginarse a qué tipo de entretenimiento se refería.

-Pero sobretodo.-continuó.-No fui yo el que debilitó la muralla que separa ambas dimensiones.

-Voy a regresar con TODOS.-gruñó, contrayendo los puños.

-Esperaba que dijeras eso, mi querida Maga, pero como intentaba decirte, hay algo en lo que encajo con los demonios: si te he llamado es para proponerte un pacto.

Su confianza flaqueó. Las leyendas y cuentos que años atrás había desgranado en busca de explicaciones sobre su identidad regresaron, trayendo consigo conceptos como “alma” o “condena”.

-Tranquila, mi necesaria Maga, no voy a pedirte nada a cambio, al contrario; no solo regresarás con esos diecisiete corazones vivos que hay en mis dominios, sino que te prestaré mi poder corrupto para cumplir tu deseo.

-Mientes.-murmuró con desconfianza.-No te habrías tomado la molestia de atraerme si no ganaras nada a cambio.

La risa de la criatura resonó en el inmenso salón, reverberando con malévola intensidad.

-Te ofrezco el suficiente poder para ayudar a las almas errantes y a los fantasmas rencorosos sin que tengas que extraerlo de tu propia vida. Te estoy regalando la fuerza para cumplir sus deseos en realidad. Se trata de una bendición maldita.-la máscara se mantenía indiferente, tétricamente ajena a la diversión y júbilo de sus palabras.-Para ayudar a los muertos, tendrás que arrebatarles la vida a los vivos. Y esas almas me pertenecerán, convirtiéndose en mi alimento.

-No puedo hacer eso…

Por primera vez, Etérea se sintió verdaderamente acorralada. Había convertido su existencia en una búsqueda eterna de almas perdidas a las que ayudar, aún si eso significaba consumir su propia vida. Sabía que no tenía el suficiente poder como para lograr imposibles, pero no le importaba. Tres o cuatro almas libres serían suficientes para saldar su deuda con el resto del mundo.

Aceptar el trato significaba alargar la sombra de muertos que la perseguía.

-No comprendo tus dudas. La primera vez que saciaste la venganza de un fantasma demoliste todo un edificio, llevando a decenas de inocentes a este reino de muertos. Y ahora, no solo les has marcado el resto de su existencia a unos chiquillos, el alma de uno de ellos está desvaneciéndose, tambaleándose entre el borde de la vida y la muerte. Ese es tu sino, Maga, ¿qué más da que tus inevitables víctimas se conviertan en mi comida? Es más generoso que dejar que la Niebla las haga desaparecer.

Las palabras del pseudo-demonio eran hermosas y tranquilizadoras. En ellas se escondía una magia capaz de convencerla que lo que le estaban ofreciendo no era tan terrible como realmente era.

Ante su incredulidad, la joven se vio a sí mismo considerando la propuesta, meditando la remota posibilidad de acertar. Su instinto más humano, más egoísta, encontraba perfecta la proposición.

Pero lo sencillo casi nunca es lo correcto.

Una veloz sombra descolorida cruzó los ventanales, interponiéndose en ambos antes que llegaran a un acuerdo. Se trataba del esquivo payaso que le había acompañado parte del camino.

-Disculpad mi atrevimiento.-el muñeco hizo una improvisada reverencia.-Pero creo que a la Maga le interesaría saber que una de las Aberraciones está atacando el escondite de sus amigos.

Una puñalada de cansancio se retorció en su cuerpo. ¿Acaso no iba a terminar nunca ese cuento?

-¿A tanto se ha atrevido?-el demonio se incorporó.-Como muestra de mi buena fe, deja que te ayude a solucionar este imprevisto.

La chica le dedicó una mirada de incredulidad, pero no se atrevió a denegar la oferta. Puede que todo fuera una farsa orquestada entre amo y sirviente, pero si con ello se libraba de un problema, tanto le daba. Es más, hasta le serviría como prórroga para meditar el singular pacto.

Monstruo, Maga y muñeco cruzaron los dominios del castillo, internándose en la niebla. Recelosa de su compañía, la chica se mantuvo lo más alejada que pudo. A su alrededor el juguete giraba como una peonza descontrolada, dejando un rastro de brumas concéntricas. El demonio encabezaba la marcha, dejándose arrastrar por las corrientes invisibles.

Pronto distinguieron el laboratorio: era como un cubo informe que se hundía en la inmensidad de la nada. A su alrededor flotaban diversas y esperpénticas siluetas, pero ninguna tan horrorosa como el amasijo de carne que se había adherido. Se trataba de un espanto compuesto por miles de trozos de diferentes criaturas, algunas humanas, otras animales, pero la inmensa mayoría de seres que nunca antes había visto.

Etérea cerró los ojos. Al igual que el resto de habitantes a los que había visto, era un ser lamentable, rezumante de desesperación. Era horroroso, pero había algo en él que despertaba más pena que miedo.

-No lo mates.-ordenó.

-Es más piadoso que dejarlo vivir.-justificó el demonio, aunque por su voz parecía como si dejarle vivir o matarle le fuera tan indiferente como el payaso que revoloteaba a su alrededor.-Pero como queráis.

Una de sus manos, de dedos finos y uñas afiladas como alfileres, incrementó su tamaño mientras se acercaba al cuerpo de la aberración, aferrándolo como si se tratara de un inmundo parásito al que desechar.

Y eso hizo, con un suave toque, lanzó lo más lejos que pudo al espanto, liberando de su presencia al laboratorio.

-Espero que eso os sirva de aviso al resto de vosotros, putrefactos depredadores.-a su alrededor, las siluetas temblaron.-Estos humanos están bajo mi protección…

“¿Por qué?”, protestó una de las criaturas, con voz sibilante. “No eres más que un rey caído en desgracia. Un cobarde que duerme en su castillo. Ya no tienes poder sobre nosotros. ¿Quién eres para imponernos tus deseos?”

-¿Quién soy?

La pregunta resonó, convirtiéndose en un lamento desgarrador.

-¿QUIÉN SOY?

El inmenso monstruo, espantoso, poderoso, temible, cruel, el inimaginable, estalló en jirones de negrura y pedazos de carne descompuesta. La máscara se cubrió de finas grietas que, como una telaraña, la recorrieron antes que de deshiciera en pedazos. Todas las criaturas huyeron, escapando de la desesperación en la que se había convertido. Solo la chica se mantuvo indiferente, cada vez más confusa por lo que estaba sucediendo.

Los diferentes pedazos se unieron hasta formar una masa pegajosa como el alquitrán, sin forma propia ni identidad, solo una nube líquida que desapareció entre las penumbras, escabulléndose hacia su hogar con una necesidad apremiante y lamentable.

Polvo

Curioso, Trece había acabado por posponer su encuentro con su captor para recorrer las profundidades del castillo. Según avanzaba hacia su interior, cada vez se encontraba con menos fantasmas y con más pasillos inaccesibles o techos derruidos. Detrás suyo, Euel le seguía como una sombra muda y sin interés. No era algo que le inquietara; saber que la fantasma estaba a su lado y que no le iba a abandonar era suficiente para él.

Poco a poco, su camino se fue cubriendo de polvo plateado y una débil luz espectral que con dificultad lograba alumbrar algunos rincones. Cada vez había menos ventanas que alumbraran por donde iban y menos caminos intactos o en los que no hubiera riesgo de derrumbe. Pero el chico continuaba hacia adelante, instigado por una intuición o una corazonada que le guiaba por los rincones a oscuras.

En uno de los pasillos que decidió adentrarse, su suerte acabó. El suelo se agrietó a sus pies, arrastrándole a las fauces sin color de las penumbras. Incapaz de detener un chillido de pánico y sorpresa, Trece se hundió en las entrañas de la construcción. La caída no fue larga, duró apenas un instante, pero el golpe que sintió al chocar contra el suelo le cortó el aliento. Un dolor agudo le recorrió todo el cuerpo, especialmente en el brazo que inconscientemente había alargado para detener la caída. Apretando con fuerza los dientes, se obligó a incorporarse. El dolor punzante que sentía entre la muñeca y el codo no era nada en comparación de los daños que podría haberse hecho si se hubiera caído con espaldas. Rememorando las clases de anatomía, agradeció a su instinto, aunque por ello hubiera tenido que pagar el brazo izquierdo.

A trompicones, terminó de levantarse, no sin estar a punto de marease y volver a caer un par de veces. Podía notar como un poco de sangre, cálida y pegajosa, resbalaba por su cara, aunque por el momento no le dolía la cabeza más que el resto del cuerpo.

Aturdido, contempló su alrededor, desesperado con dar con algo de luz que iluminara el lugar en el que se encontraba. Arriba del todo, un minúsculo agujero le separaba de los traicioneros corredores en los que había decidido adentrarse.

Trece cerró los ojos, dejando que las lágrimas se mezclaron con la sangre. Lloraba por el dolor, la angustia de estar perdido, de saber que había cometido una estupidez. Lloraba porque cada vez se sentía más atrapado en un retorcido cuento de hadas cuyo final feliz hacía tiempo que se había evaporado.

Jadeante y mareado, no se dio cuenta que estaba no solo hasta que una mano huesuda le acarició las mejillas, embadurnándose de sangre y lágrimas.

-Curioso.-murmuró Euel, ajena al sufrimiento humano.

Con la alegría de un niño que ya no estaba solo, el chico abrió los ojos, topándose con la figura iluminada de la fantasma. Su cuerpo huesudo brillaba con una luz mortecina, pero lo suficiente poderosa como para iluminar la estancia: un desván olvidado por todos, en cuyo centro se acumulaban los cascotes que habían acompañado al joven en su caída.

-Gracias.-sollozó, enjugándose las lágrimas.-Gracias por acompañarme.

Pero Euel no le escuchaba. Sus ojos vacíos contemplaban las inmensas paredes, cubiertas enteramente de tapices y cuadros que, gracias a la temperatura helada y la falta de luz, habían resistido el paso del tiempo.

Sin ponerse de acuerdo, la atención de ambos recayó en un cuadro gigantesco que gobernaba a los demás. Era el retrato de un hombre joven, vestido como la nobleza de alguna época. Su porte era el de un vencedor, con una mano en el pecho y la otra empuñando algún tipo de arma. El pelo, oscuro, le caía por los hombros, confiriendo la sensación de tener un aura tenebrosa rodeándole. Pero lo más cautivador y espeluznante, eran los ojos. El artista había logrado atrapar en ellos maldad, locura, crueldad, egoísmo… A pesar de la belleza de sus rasgos, su mirada era la de un monstruo.

-Creo que le conozco.-murmuró Euel, confusa.-Pero no sé qué es lo que pretende mirándonos fijamente…

-Es solo un cuadro.

La fantasma asintió, incapaz de reconocer que su cuerpo ya no era el que había sido.

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4 comentarios en “Capítulo 5: 13 『Hija del humo』

  1. Creo que mi antrior comentario del cqpitulo 14 se perdio en la niebla por fallo tecnico, espero que no, en todo caso procedire como si estubiers intacto.
    Y vaya entonces enric esta vivo, creo, asumo que la ayuda que ojos muertos podia brindarle era para ayudarle a contactar con el ser querido que la nieve y el frio se llevo.
    Digamos que la ultima frase de sombra acompañante me dejo un gran interrogante no tengo mucho que decir, aunque en el momento pense, ya esta me va a dejar el niño poseso para usar ella el cuerpo e ir a buscar a ojos muertos, pero no, supongo que por haber estado alli y sido capaz de huir aunque a costa de convertirse en el Kai de Ojos muertos pues no quiere ni meterse. Bueno eso lo dejo un poco al aire, tampoco estoy segura al 100% de la naturaleza de esa sombra.
    17! Te encontraste con el fantasma majo de nuevo, con lo cuerdo que esta llege a volver a sospechar de el pero no. El es majo, aunque me suena de algun sitio, de que historia vienes chico majo? e.e quiero decir lo siento perteneciente de otro mundo de la Realidad ya escrita. Quizas sera la sangre que mancha su uniforme y la traicion que esta desprende la que me hace pensar eso.
    Ay *w* lo dicho 17 vio a ojos muertos y su corazonzillo se ilumino. uwu mis waifus se van a encontrar y pelear por mi amor (?)
    Neh si no fuera por la soledad de 17 y el dentimiento de similitud de naturaleza entre esas dos diria que las veo ya sabes ❤ u3u el eter17 es fuerte en el ambiente (?)
    Y se desvelaron minimamente las intenciones de sombra cariñosa parece que como creia intencion 0 de que alguien desvele su enigma pero meeh.
    Supongo que llegue a sentir incluso pena cuando esclato en ira hasta el punto de perder la forma incluso sombra cariñosa vive en la desesperacion de la eterna niebla.
    13 hijo mio, ereh muh tonto, es que antes que cayeras ya lo veia a venir. Y el retrato, por los recuerdos de Euel podria parecer que fuera su principe, pero algo me dice que es sombra cariñosa en vida. Imaginate que llegaran a ser el mismo! XD y los pobres recuerdos de euel le jugaran una mala pasada, algo asi como labmuerte d un ser tan lleno de odio y aparencias que al llevarse a euel a la niebla ella no reconociera en el a su idiolizado principe. Aunque bien podria ser la forma y gloria del pasado del espiritu de sombra cariñosa.
    Me pregunto que nos traera la niebla y donde carajos esta 14.

    • Algunos de los habitantes de la Niebla salieron en historias antiguas, aunque creo que en el blog ya no queda ninguna de ellas.
      Vale, esa ship me ha pillado desprevenida. Suerte que a mi hermana-betareader no se le ocurrió que me habría dado la brasa hasta meterla en la historia XD

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