Capítulo 4: 14 『Hija del humo』

Haciendo caso al orden normal, en el fondo estamos en el capítulo cuatro :”)

Espero que esta nueva división sea menos caótica y más interesante 😉 ¡Y que os guste, como no!

Ahora es cuando, por fin, aparecen los secundarios interesantes 😀

Cenizas

                Algo estiraba de ella, empujándola hacia las profundidades del abismo. Sentía como si su cuerpo se hubiera vuelto de plomo, tan pesado y torpe que al estirar el brazo para aferrarse a Catorce le costó lo inimaginable. En el momento en que la improvisada cadena se sesgó por la mitad, una sensación de pesadez la había inundado, acomodándose en ella sin abandonarla. En ese momento se habría atrevido a jurar que cuando se adentró en la niebla su caída había sido muy liviana, casi como si descendiera entre nubes esponjosas y una sustancia densa e invisible, pero ahora, súbitamente, era pesada, muy pesada, un cuerpo muerto que se dejaba caer con la certeza que, pasara lo que pasara, nunca más regresaría a la superficie.

                A su lado, sin percatarse de la prematura derrota que amenazaba con carcomerla, Catorce agitaba los brazos exageradamente, como si en vez de hundirse en las profundidades de unas penumbras irreales se encontraran en medio del mar. Y aunque no había tardado en darse cuenta que no había nada a lo que aferrarse, continuó moviendo los brazos desesperadamente, atenazado por su instinto más primitivo de supervivencia.

                Un gesto que a Diecisiete cada vez le parecía más ridículo.

                -¿Qué haces?-gruñó sombríamente, rabiosa por el impulso que la había empujado a ese abismo, por la avalancha de desastres que la habían perseguido durante aquel nefasto día, por las preguntas sin respuesta. Y por mucho que después se arrepintiera, al único que tenía a mano para desahogarse era él.

                -Algo.-bufó, aunque sin perder el tono jovial.-Puestos a pasar la eternidad cayendo por esta madriguera, prefiero engañarme y creer que intenté hacer algo para evitarlo.

                -¿Cansarte?

                Catorce suspiró, deteniendo el danzar de sus brazos antes que simularan las aspas de un helicóptero. Aun así, dejó un brazo estirado, recorriendo con sus dedos la esquiva niebla a la espera de dar con algo.

                -Esto no es solo niebla, de ser así Trece me tendría que haber oído. ¡Y no funciona con ninguna ley conocida! Ahora vamos muy deprisa, como si algo nos estuviera estirando, pero antes, con la bata, no noté casi la bajada… -el chico negó con la cabeza. A pesar del palpable miedo, sus ojos brillaban, iluminados por el enigma.-Además, no estamos solos…

                La muchacha contuvo un escalofrío. A su alrededor, las siluetas informes de monstruos y espantos se mecían con curiosidad, acompañándoles en su caída. Pero ninguna había hecho ademán de acercarse a ellos, es más, según la niebla se iba oscureciendo, como si según descendían la escasa luz se iba apagando, aquellas sombras detenían su camino, recelosas de lo que se ocultaba en las penumbras. ¿El dueño del brazo monstruoso que había desgarrado la cadena? ¿La temible voz que había resonado en el laboratorio antes que este se hubiera abocado a la inexistencia?

                “Creo que prefiero no saberlo”, pensó para sus adentros.

                -No, no lo estamos.-reconoció a regañadientes, alzando la mirada para perderse en la de su compañero. Estaba asustado, tan aterrado como ella, pero aun así el optimismo se negaba a desaparecer.-Pero no me tranquiliza precisamente que estén observando cómo nos hundimos en las tinieblas… ¡Muy pocos se atreven a continuar!

                Cuanto más poderosa era la oscuridad que les rodeaba, menos figuras se animaban a acompañarles.

                -¿Por qué nos abandonarán?-murmuró, presa del desánimo.

                -Bueno, entre un monstruo abominable y esta ausencia de ayuda, casi que me decanto por nuestra situación… ¿O es que estás esperando a que un híbrido entre pulpo y lagarto flamígero nos tienda su tentáculogarra?

                Diecisiete le lanzó una mirada ceñuda que no aceptaba bromas.

                -O los monstruos de ahí abajo son peores… como la bestia que cortó la cuerda.

                -¡No seas tan pesimista!-gruñó el chico.- Además, ¿Cómo sabes que ese es el culpable? A lo mejor hemos dado con un portal al centro de la Tierra… Cada vez me siento más entre una novela de Verne y el mundo de las maravillas.

                -Pocas maravillas hemos visto por…

                Su réplica se convirtió en un bufido asustado que resonó en la dimensión imprecisa sin llegar a convertirse en un grito. La joven cerró los ojos con fuerza, incapaz de reaccionar. Su cuerpo parecía haberse anclado bruscamente, ignorando la velocidad vertiginosa e impaciente que momentos antes la obligaba a descender. Pero lo que realmente había hecho que el miedo mordiera su carne, desgarrando e hiriendo, era el motivo que había logrado que se detuviera: algo o alguien sujetaban su cuerpo como si se tratara de una muñeca, evitando que la negrura la convirtiera en una mancha borrosa.

                -¡Eso ha estado cerca!-exclamó una voz, próxima a su oído, de tono jovial, aunque con un deje de pesadumbre y antigüedad.

                Sin dejar de temblar, Diecisiete contempló a su compañero, esperando de él alguna mirada que lograra calmarla, pero los ojos del chico estaban fijos en una cadena plateada que rodeaba la muñeca del brazo extendido. Casi parecía que lo hubieran dejado colgando, meciéndose en aquel mar de pesadilla.

                Pero no era ninguna cadena lo que evitaba que continuara su camino a las tinieblas, sino un reloj de bolsillo, de grabado anticuado y óxido grisáceo.

                -¿Qué…?-murmuró, incapaz de dar con las palabras correctas para expresar todas las dudas y miedos que le recorrían.

                Desconfiada, Diecisiete se revolvió lo suficiente para quedar cara a cara ante la incógnita entre salvador o captor que la retenía. Para su sorpresa, se trataba de un chico poco más mayor que ellos, de piel entre grisácea y traslúcida y unos escalofriantes ojos hundidos, vacíos y faltos de vida que contrastaban con su sonrisa amigable. Por lo demás, su rasgos eran muy sencillos, sombras de un rostro real: nariz angulosa, pómulos promitentes, el pelo lacio que intentaba cubrir desesperadamente sus ojos con el flequillo… Todo parecía desdibujado, como si se tratara de un boceto que hubieran intentado borrar.

                -Porque poco-rio, desviando la mirada hacia el reloj.-Oye, Agujas, ¿el tuyo pesa tanto?

                Y como si las sorpresas no hubieran hecho más que empezar, una vocezuela emergió de la tapa oxidada del cachivache. Era prácticamente un silbido chirriado, sin un ápice de emoción humana, pero real a fin de cuentas.

                -Todos los vivos pesan, algunos más que otros, pero nada fuera de lo común…

                El misterioso muchacho hizo un mohín, dedicándole una mirada a Diecisiete entre curiosa e incómoda.

                -Con lo delgadita que estás y lo mucho que pesas.-murmuró, casi para sus adentros.-Aunque…

                “¿Aunque qué?”, le hubiera gustado preguntarle, pero en vez de hacerlo se mantuvo en silencio, una vez más, mientras Catorce tomaba las riendas. Tenía las mismas dudas que él, puede que incluso más, pero su iniciativa continuaba muerta y olvidada.

                -¿Qué ha pasado? ¿Qué sois? ¿Dónde estamos?-barbotó, dirigiéndose instintivamente al único con rostro humano.

                -¡Yo soy Sid!-se presentó alegremente, sin rastro de la mínima preocupación que durante un momento parecía haberle sacudido.-Y eso que te sujeta es un reloj, no sé si has visto alguno…

                -Sé lo que es un reloj…

                La sonrisa del misterioso Sid se hizo más amplia, como si solucionado ese preliminar el asunto a tratar fuera más sencillo.

                -No todos lo saben… Aquí llegan despojos de mundos inimaginables, habitantes de dimensiones que nunca antes te podrías haber imaginado siquiera su existencia… Aunque por vuestro aspecto humano, puedo imaginarme sin problemas de donde venís, pero no de qué tiempo.

                -¿Tiempo?-murmuró por fin la chica.

                -¡Así es! Vuestro presente es, quizás, mi pasado… O a lo mejor provenís de uno de los muchos futuros que todavía no están del todo escritos. Hay miles de caminos, pero la Niebla llega a todos ellos. Es la frontera entre Realidad e Inexistencia, protectora del Reino de las Brujas y otros sitios menos agradables… Y por ello, actúa como vertedero común.

                -No lo entiendo.-musitaron los dos, casi al mismo y con las mismas palabras.

                Sid suspiró cansinamente, balanceando con desgana el cuerpo de Diecisiete.

                -Seré rápido, ¿vale? Esta chica pesa lo suyo y no quiero demorarme.-y tras coger algo de aire, se lanzó a mascullar velozmente una explicación inconexa y a trozos.-Por lo que puedo imaginarme, ha habido un agujero entre vuestro mundo y el de la niebla… Quizás otro experimento de algún loco cualquiera, cada vez hay más… El caso es que vosotros, mortales inocentes, habéis acabado donde no toca… y parece que eso le ha llamado la atención al señor y amo de este lugar, antes me ha parecido ver como otro chiquillo con bata se escurría velozmente hasta hundirse en la oscuridad más oscura, el fondo de este abismo… Tiene truco, ¿sabíais? Al abismo se desciende al perder la esperanza: es como si te llamara. Pues bien, el lord y rey de este lugar lo ha usado para arrastrarlo, reclamándolo como suyo y casi creí que iba a hacer lo mismo con vosotros, pues os estabais hundiendo muy deprisa, además que cortó esa cuerda rara vuestra, muy buena idea por cierto, de ahí que no nos atreviéramos a ayudaros, pero luego hemos visto que no es así, por lo que hemos probado a deteneros con nuestra presencia y… ¡Bingo! Ha funcionado.-concluyó, con una sonrisa de oreja a oreja.

                La joven le contempló, intranquila. Parecía humano, incluso se comportaba y expresaba como uno, pero había un aire espectral rodeándole.

                -No lo entiendo, si nadie nos arrastraba, ¿por qué caíamos tan rápidamente?

                Sid le dedicó una sonrisa triste.

                -Porque pesas: la desesperación está demasiado arraigada en ti, ni siquiera nuestra fuerza como habitantes de esta niebla puede evitar que te hundas. Su abismo te reclama como hija suya… Lo siento, pero no podemos hacer nada por ti…

                No comprendió sus palabras, ni siquiera cuando sus brazos la soltaron, dejando que su cuerpo se hundiera en las penumbras más oscuras, aquellas en las que muy pocos se atrevían a adentrarse. Confundida, la chica contempló como Sid, el reloj y Catorce, quien no dejó de repetir su falso nombre entre gritos, fueron tapados por jirones y más jirones de manchas negras.

                Caía. Libre de compañeros y esperanza, ya nada podía detener su veloz descenso. La niebla se hizo cada vez más tenebrosa, perdiendo su color. Durante un momento sintió que se hundía en nada e inexistencia. Por mucho que parpadeara, solo el negro más oscuro imperaba, absorbiendo a los demás colores.

                Caía, hasta que un centelleo gris cobró vida y forma.

                Caía, hasta que su cuerpo tocó tierra, dejándola tirada en un montón de grava y piedras.

                Aturdida y mareada, Diecisiete se obligó a levantarse. Estaba al borde de lo que parecía las ruinas de un cementerio atrapado en una cúpula imaginaria. Una niebla oscura y menos amigable que la anterior, rodeaba todos los extremos aquel pedazo de tierra firma, dejando un diminuto espacio libre de su sabor amargo, de la tristeza palpable en el ambiente.

                Y en el centro del cementerio, un castillo derruido se alzaba a la sombra de una gloria perdida.

                Sin nada que perder, sin saber qué hacer, la joven se encaminó hacia el hogar de la sombra que había estado guiando sus caminos desde el inicio.

Muerte

                Con una calma que oscilaba entre la fría rabia y la resignación, Etérea se dejaba guiar. Sus ojos sin vida eran capaces de distinguir una especie de ruta entre aquella selva de brumas y fragmentos de sombras. Y con una facilidad escalofriante, no había tardado en comprender el mecanismo que le permitía seguir aquel sendero. Simplemente se había dejado arrastrar, sin malgastar esfuerzos inútiles en patalear o emular que caminaba.

                Aun así, no dejaba de inquietarle el incansable murmullo que resonaba en su cabeza. Tal y como su reflejo oscuro le había predicho, si se acercaba demasiado a su origen, todos esos gritos congelados que esperaban a que alguien los escuchara, acabarían por volverla loca. Pero, ¿cuál era ese origen? ¿Dónde se encontraba exactamente? En su camino se había cruzado con multitud de criaturas que, agazapados en sus escondrijos, la contemplaban con veneración y una pizca de anhelo.

                Todos la esperaban. Todos la deseaban, a ella, la Maga de los que No Tienen Voz.

                “¿Y qué no tiene voz?”, pensó para sus adentros. Erróneamente, durante mucho tiempo había creído que hacía referencia a fantasmas y espíritus atrapados entre los dos mundos, pero las criaturas que la rodeaban no entraban en ninguna de las dos categorías.

                Súbitamente, una minúscula figura se interpuso en la ruta que estaba siguiendo: se trataba de un payaso de peluche, de colores desvaídos y tela raída, pero mucho más vivo que ella.

                -Si me permite un consejo.-su voz de juguete era chillona e innatural, pero encajaba a la perfección en aquel lugar.-le recomendaría que se desviara de su camino durante un instante, excelentísima Maga, presupongo que nuestro señor lo comprenderá.

                Eteréa frunció el ceño, suspicaz y recelosa ante sus palabras, especialmente ante la clara alusión a “su señor”.

                -¿Puedo saber de qué se trata?-imitó con burla el tono respetuoso de la criatura.- No estoy en una visita de placer; ahora mismo mi mayor interés es abandonar este lugar una vez comprenda qué es lo que quiere vuestro señor maldito.

                Las costuras que formaban su boca se estiraron hacia arriba, a modo de grotesca sonrisa.

                -Algo que realmente buscas, no esa audiencia obligada.

                Y antes que la joven respondiera, el payaso hizo una pirueta en el aire y se abalanzó por un camino diferente. Ignorando a su sentido común y la precaución, la chica terminó por seguirle. Al principio notó que una presencia se revolvía a lo lejos, molesta por el desvío, pero la opresión se relajó en cuanto el nuevo camino se situó paralelamente al anterior.

                Durante el breve trayecto, Etérea barajó diferentes posibilidades, todas ellas relacionadas con traiciones y trampas, pero para su sorpresa, el endiablado juguete la estaba dirigiendo hacia unas siluetas que se mantenían inmóviles, discutiendo casi a gritos.

                Se trataba de dos chicos, uno de aspecto irreal y enfermizo; mientras que el otro irradiaba vida y consistencia. No necesitó buscar la bata que no había para comprender que se trataba de uno de los tres estudiantes perdidos.

                -¡Dejad de discutir!-rugió. Un rápido escaneo al muchacho fantasmagórico había determinado que no era peligroso, una imagen que su intuición respaldaba.

                Los dos la miraron con sorpresa, como si hubieran visto una aparición inesperada. Hasta el reloj que uno de ellos tenía en la muñeca se revolvió, inquieto.

                -No entiendo lo que está sucediendo.-balbuceó el estudiante.-No tiene sentido… ¿Tú qué demonios quieres?

                -Sacaros de aquí, idiota suicida.-gruñó, taladrándole con la mirada.-A ti y a los otros inconscientes que han abandonado la seguridad del laboratorio. Me importa un rábano lo que tengas que tratar con tu nuevo amigo, pero ya estás ascendiendo para reunirte con tus compañeros y quedarte quietecito.

                -Pero Diecisiete, Trece…

                -Voy a sacaros a todos.-una sonrisa amarga cruzó su rostro.-Si es que os quedáis quietos. Así que hazme un favor y no embrolles aún más este desastre.

                El chico hizo ademán de replicarle, pero se detuvo a medio camino. Ceñudo, intentó alejarse de la criatura de aspecto humano y ponerse a su lado, pero fue incapaz de moverse.

                -Han lanzado a Diecisiete, no pienso estar a su lado.

                -Ya te lo he explicado: tu amiga podía habernos hundido a todos…

                -¡Eso no justifica nada!

                Etérea cerró los ojos. La paciencia se le escurría entre los dedos, al igual que el tiempo.

                -¡DEJAD DE DISCUTIR!-vociferó, logrando su inmediata atención.- Yo me encargo de los dos que faltan, tu vuelve con el resto del grupo o maldeciré tu alma como que me llamo Etérea…-Y enseguida añadió, digiriéndose a las dos almas perdidas, una humana y otra con forma de reloj.-Y espero que le ayudéis, porque de lo contrario mi ira recaerá en vosotros, no es agradable enfadar a la Maga de los que No Tienen Voz.

                Con perversa satisfacción admiró como sus huecas amenazas habían logrado el efecto deseado en los dos muchachos. Aun así vigiló durante un rato como el chico, ayudado por el espíritu, tomaba el camino de regreso.

                -No todo será tan fácil-canturreó el payaso a su lado.-Ya puedes retomar su camino, no es inteligente desafiar al soberano de las almas marchitas.

                Etérea cerró los ojos antes de dejarse caer. Grácilmente, su cuerpo se hundió en la oscuridad más perversa y hambrienta. A pesar de la serenidad a la que intentaba aferrarse, su mente notó como un pinchazo se hundía en su esencia, revolviendo sus recuerdos.

                Escondido entre las penumbras, algo había descubierto su presencia.

Polvo

                El interior del castillo estaba tan abandonado y deteriorado como sus exteriores. Al cruzar el enorme portón, la pareja había entrado en un inmenso vestíbulo decorado con tapices podridos y pinturas tan estropeadas que era difícil imaginarse que una vez habían llegado a existir. Con paso trémulo, Trece se adentró en la desproporcionada ruina, vigilando cuidadosamente el camino que seguía: el suelo, antaño de baldosas y cerámica, era un laberinto de piedras troceadas y pedazos indistinguibles que amenazaban con hacerle tropezar.

                Indeciso, su mirada buscó la complicidad de Euel, quien vagaba desinteresadamente tras él. Nunca antes había estado en un castillo y para poder orientarse correctamente en él, confiaba en que ella pudiera guiarle mínimamente, pero parecía tan perdida y ausente como en el cementerio. Como si los momentos de lucidez fueran un premio escaso que tenía que ganar con paciencia y suerte.

                Aceptando que estaba solo en la expedición, el chico comenzó a caminar con energía, evitando que el miedo doblegara su iniciativa y le obligara a dar media vuelta. A su alrededor, arcos y gárgolas derruidas iluminaban con cientos de sombras traicioneras el pasillo que había decidido tomar, eran tantas y de formas tan caprichosas, que casi estuvo a punto de chocarse con una realmente sólida y, en cierta manera, con mente propia.

                Haciendo gala de unos reflejos que ni él mismo recordaba, el joven retrocedió, cediéndole el paso a una figura tambaleante. Parecía un hombre mayor, enfermizo y raquítico, de miembros delgados como quebradizas ramas y espesa barbas. Todo él era gris, mustio gris, como si su color y consistencia se hubieran evaporado, dejando una carcasa vacía que vagaba con la mirada perdida mientras profería palabras sin sentido: “Mi reino, mi cruel reino… ¿Qué sido de ti?”

                Trece se estremeció ante la mención de aquel reino. Lo poco que trasmitían sus antiguos ropajes era, precisamente, poder. ¿Era ese anciano, tan podrido como el castillo, su captor?

                -¿Majestad?-murmuró, inseguro, en un intento de captar su atención.

                El hombre se volvió hacia él, alzando los brazos como un autómata que no conocía otro movimiento.

                -¿Dónde está?-imploró en un lamento cansado.- ¿Dónde está la serpiente de agua?

                -¿La serpiente de agua?-repitió sin entender.

Extrañamente, una parte de él se sintió culpable ante la mirada desesperada de aquella criatura que esperaba con una fe ciega la respuesta que buscaba.

-Es un acertijo.-murmuró Euel a su lado. La cadavérica dama había recuperado parte de la serenidad, aun así sus palabras eran tan confusas como aquel viejo noble.-Todos los muertos se aferran a un acertijo: cuando alguien lo resuelve, pueden descansar en paz.

-Los muertos…-Trece tembló inconscientemente, comprendiendo la naturaleza de aquel rey sin reino. Aun así, su mente intentó concentrarse en el enigma. Al instante, un recuerdo afloró en su mente: una excursión al zoológico donde, nadando libremente en un estanque, un animal similar a un ofidio se había escabullido de su acuario.- ¿La serpiente de agua puede ser una anguila?

El fantasma se tambaleó. No parecía ni que le había escuchado: al ver que su acertijo seguía sin resolverse, continuó su tambaleante camino por el pasillo sin dejar de proferir lamentos y murmullos.

-Mi reino, mi triste reino… Nunca debí de haberte abandonado… ¿Dónde estará mi serpiente de agua?

Casi por instinto, el chico hizo gesto de detenerle. En parte se sentía obligado a darle una solución y evitar que su condena se mantuviera durante el resto de la eternidad, pero una voz juvenil le detuvo:

-Déjalo, todos los muertos están locos, no esperes comprensión ni lógica en sus actos.

Al alzar la mirada, dio con el intruso en lo alto de unas escaleras, vigilándoles con una sonrisilla que tenía poco de natural. No tardó en comprender que formaba parte de ellos: aunque su deterioro no era tan exagerado como el anciano, su figura era casi traslúcida y grisácea, asimismo, el chándal que vestía estaba cubierto de sangre reseca. Y sus ojos, que en vida debieron ser de un verde intenso, estaban apagados, sin un ápice de luz en ellos.

-Tú también estás muerto.-señaló, incómodo por su presencia.

-Pero no estoy loco… todavía no.

Trece, indeciso, le lanzó una mirada de ayuda a Euel, pero el espíritu había perdido el interés, o puede que estuviera tan débil que solo podía pensar razonadamente en momentos concretos, fuera lo que fuera, la dama le ignoró por completo, dejándole toda la responsabilidad.

-Y…-nervioso, el chico dijo lo primero que se le ocurrió.- ¿Tú también estás buscando algo?

El muerto se echó a reír. Parecía tan natural, tan dolorosamente vivo, que por un momento el muchacho estuvo seguro de haberse equivocado.

-La calma lenta y sosegada capaz de redimir lo que queda de mí, al igual que todos.-murmuró, en cuanto las carcajadas se desvanecieron.-Todos perseguimos el descanso prometido, hasta entonces vagamos con la esperanza que alguien resuelve el enigma grabado en esta esencia fantasmal que queda de nuestro cuerpo. Algunos no tienen suerte y se desvanecen sin lograrlo, otros se escabullen a los límites entre vivos y muertos a la espera de un médium lo suficientemente poderoso para que calme su rabia. Yo no vine solo, ¿sabes? Unos se perdieron, otros dieron con la solución, varios se fueron a buscar a sus compañeros de muerte o a esperar a que sus seres queridos se unan a este vacío. Al final solo he quedado yo, el único que pensó que morir era un juego… Aquí estoy, buscando el camino que aparece y desaparece.

-Yo quiero hablar con vuestro rey.-murmuró Trece, desanimado.

-¡Oh! Hace poco descubrí que teníamos uno: se encuentra en la sala del trono, poco más adelante del camino que estás tomando. Es muy divertido; se pasa el tiempo gritándole a los que merodean por ahí esperando que les de su solución, pero él también tiene su propio enigma. Quizás, si lo revelas, puedas usarlo a su favor.

-Gracias…-había algo en él que le incomodaba, aparte de su palpable mortalidad: tenía un aire a depredador, apestando a sangre que no era suya, pero aun así le era simpático y lamentable: aparte de miedo, le infundía algo parecido a pena.- ¿Puedo hacer algo por ti?

-El mar… Me gustaría ver el mar.-una sonrisa soñadora afloró en su rostro.-Crecí en el mar, es la madre que nunca tuve… ¿Hay algún mar fuera de este castillo?-Ante su negativa, añadió.- Entonces no puedes hacer nada; continua y aprovecha tu vida como yo no hice.

Intranquilo, Trece se encaminó por el camino que le habían señalado. La desesperación que ya había notado en el cementerio, era cada vez más poderosa y palpable, como un elemento más del inacabable polvo que lo cubría todo. Y según se adentraba en los cavernosos pasillos, llenos de fantasmas que no paraban de repetir enigmas y acertijos, aquel sentimiento amargo que había enraizado dentro de él cobraba más fuerza. Cuanto más permanecía en aquel mundo de locos, de seres perdidos que habían olvidado quienes eran y solo perseguían su quimera, menos confianza le quedaba a la que aferrarse.

¿Cómo encontrar el camino de salida si todos esos muertos llevaban buscándolo durante siglos? ¿Cómo dialogar con el soberano del disparate?

Una mano huesuda y putrefacta le despertó de sus pensamientos al agarrarle del hombro para empujarle tras un tapiz. Sorprendido, pues ya se había olvidado de su presencia, Trece contempló a Euel. Ella, la que más muerta parecía de todos, con las vértebras emergiendo del vestido y trozos del cuerpo a medio desaparecer, era la única que creía estar viva. Y a su manera, era diferente a todos ellos.

Ella no desaparecía, se descomponía.

Ella no buscaba, esperaba.

Ella no sabía quién era, no asumía una muerta que nunca había llegado.

-¿Pasa algo?-le inquirió entre susurros, incómodo ante la gravedad que ensombrecía su inexpresivo rostro.

-Alguien ha llegado.-murmuró con la voz perdida.-Alguien que no tendría que estar aquí.

                Indiferente ante su advertencia, Trece se preguntó si él acabaría como aquella princesa perdida, incapaz de distinguir la realidad y el presente de las fantasías del pasado.

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4 comentarios en “Capítulo 4: 14 『Hija del humo』

  1. Acertijos y enigmas. Ese es realemente otro punto que adoro de tu escritura, detalles que dejas sueltos como este que forman un concepto mas general el qual reina en todas tus historias. Con esto me refiero al hecho de que las brujas no tienen nombre, verdad Etérea?
    Estube meditando sobre lo que te dije en el ultimo capitulo, la solucion entre la hoja de practicas, podria ser esa la solucion del enigma de sombra cariñosa? Bueno por ahora no puedo decir mucho puesto que no lo he leido pero bueno xD ya me imagino a sombra cariñosa preguntando mas que un enigma una pregunta digna de avaulacion de la practica, y los chicod mirandose con cara de err alguien se leyo la practica? Haha no.
    Por otro lado estoy indecisa puede que esa fuera la razon por la que sombra cariñosa buscara a Ojos muertos, parece logico y todo pero mi intuicion me dice que sombra cariñosa disfruta de su letargo, sea por su “posicion” o hobby. Basicamente porque la resolucion de su enigma implicaria la desaparicion inmediata al eterno descanso, siendo un espiritu dificil de vencer deria otra forma de quitarlo de encima.
    Por otro lado encontre curioso que el edpiritu intruso ni mencionara su enigma, a este punto ya sospecho de todos xD el experimento fallido de 8 tambien era la sombra ! (?)
    Euel tambien noto a alguien que no deberia estar alli con ella ya son dos, no dberia estar, no esperava etc etc pensando que sombra cariñosa si esperava a ojos muertos y euel no reacciono asi con 13…
    Ay ay mi pequeña 17
    Que enorme pena Sid dejo cer a 17 diciendo que su desesperacion fue la que mas peso. Ella ni grito practicamente, no hizo preguntas, se lo guardo todo, estava asustada? Probablemente no tanto como 3, y a pesar que podris parecer que es la mas serena y por lo tanto tranquila y que no se deja llevar por esta situacion que llenaria de desesperanza a todo el mundo…
    Cuanto pesa la soledad y las palabras mudas. Y estar perdida desde anted que la niebla llenara el laboratorio y lanzar un grito interior de reclamo que no sera escucbado por nadie.
    Que tanta desesperanza crea eso como para hundirte en el pozo.

    • Ese habría sido un giro de los acontecimientos totalmente inesperado XD
      Cuantas sospechas… con tus teorías y sospechososo esto acaba por parecer una novela de misterio (Aunque la verdad es que un poco tiene).
      Estate atenta a tus descubrimientos que serán importantes para el final~

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