Bipolar: Manchas de sangre

Hay momentos que nunca se olvidan. Momentos que atesoramos en lo más profundo del corazón hasta que, llegado el momento, afloran inevitablemente, trayendo de regreso el aroma de los días pasados. Sé que todo lo que pasó nunca podrá volver a repetirse, la oportunidad se perdió con su marcha, pero no puedo evitar rememorar aquellos días en los que estuve con Eva. Aunque al principio no fue más que un par de miradas que se cruzaron aquel día lluvioso en el que llegó a nuestra clase. A decir verdad, lo primero que pensé de ella es que parecía un animal acorralado. Sus penetrantes ojos negros lo contemplaban todo con miedo y estupor, escudriñándonos con recelo. Las demás no tardaron en devolver esa clara antipatía que veían en la chica nueva. Mensaje que no tardó en interpretar, como más adelante descubrí, como odio. No obstante, ya no me extraña que prefiriera pasar las horas muertas en una esquina en vez de reunirse con los demás. Antes no podía dejar de pensar en lo triste que tenía que ser pasar tanto tiempo en silencio, pero no me podía imaginar hasta qué punto Eva estaba acostumbrada a la ausencia del calor y la compañía. Y que, en cierta manera, nunca estaba sola.

Algo que siempre he odiado de mí misma ha sido la timidez e indecisión que, desgraciadamente, ha guiado mis actos. Me pasé demasiado tiempo mirándola, compadeciendo su soledad, sin pararme a pensar que ella se daba cuenta de mis miradas incansables, confundiendo mi compasión. Tardé demasiado en atreverme a saludarla cuando la veía entrar, siempre vestida con un abrigo enorme que contadas veces se llegó a quitar. Era un chaquetón que cubría casi toda su figura, peculiar y extravagante, que solo logró que se forjara la leyenda que se trataba de la heredera rica de un gran consorcio, aumentando el vacío que la separaba del resto. Era inevitable, claro, que se llegara a esa conclusión si se presentaba en clase con un, a todas luces, carísimo abrigo de piel albo. Una de las muchas ideas erróneas que fuimos formando alrededor de su figura. Aunque, claro, la gran verdad que ella encerraba era demasiado surrealista como para que llegáramos a acariciar la idea.

Sin embargo, según pasaban los días, fui comprendiendo que esos saludos furtivos que le regalaba, aspirando a animar su día a día entre nosotros, no era suficiente. Poco a poco, la idea de intentar llegar a ser amigas fue germinando. La semilla se plantó cuando un día, sin previo aviso, Eva me sonrió. Fue una sonrisa forzada, casi más parecida a una mueca que a una sonrisa de verdad, pero era sincera. Era el tipo de sonrisas que esboza alguien poco a acostumbrado a esas muestras de afecto. En cierta manera, su primera sonrisa me la dedicó a mí, la chica cuyo nombre descubrió más tarde, cuando tuve que volver a presentarme ya que nunca llegó a aprenderse ningún nombre. No despertábamos su interés o no los recordaba, mezclándolos e inventándose otros. Por mi parte, la primera vez que la presentaron, llamándola primero “la alumna extranjera” y luego un musical “Eva”, se quedó grabado para siempre. Verla ahí, tan altiva con su abrigo inseparable, tan misteriosa con su profunda mirada cargada de secretos, me hizo sentir una pizca despreciable. Anodina en comparación suyo; siempre he sido una chica del montón, alguien que prefiere ocultar su rostro tras una carpeta y que cada palabra surge con el miedo al qué dirán o el qué pensaran. Eva, por el contrario, nunca tuvo miedo de decir lo que pensaba, aunque por prudencia prefería abrazar el silencio antes hundirse en las profundidades de un debate sin sentido. Y era especial, muy especial, como no me cansaré de repetir, mintiéndome para continuar fingiendo un poco más que inconscientemente yo notaba que algo iba mal en ella.

Y entonces, una mañana el valor vino a mi llamada. Para sorpresa de todos, ese día acompañé mi saludo con un par de palabras corteses, iniciando lentamente el que sería la amistad más extraña que nunca llegaré a tener. Y aunque los demás crean que Eva me abandonó, yo seguiré atesorando el recuerdo del tiempo que pasé con ella. Fue difícil y hubo demasiados momentos en que temí que me rendiría. Pero no podía dejarla sola, abandonarla yo también. Su enigmática mirada siempre me confundía, algunas veces contemplándome con el recelo de un animal y otras con el brillo de la emoción de que estuviera con ella tiñendo sus ojos, de un negro tan oscuro que contrastaba con su pelo, de un resplandeciente blanco a juego con su abrigo. Hubo días en que los que no se separaba de mi lado, preguntándome cosas que nunca llamaron mi atención a pesar de lo simples que eran, mientras que podía pasar semanas enteras sin verla. Llegué a sospechar que estaba enferma, que necesitaba guardar reposo, pero un día me comentaron que la habían visto deambular por la ciudad sin rumbo fijo. Andaba con la mirada perdida y el rostro congelado en una máscara imperturbable, la misma que había llevado los primeros días y que ingenuamente pensé que mi amistad había logrado derretir. Los rumores aumentaron, como siempre, logrando que la leyenda creciera de tal manera que aquella soledad se convirtiera en miedo a lo desconocido. Y el medio en desprecio.

Pero lo cierto es que, como siempre, se equivocaban. Era ella la primera que nos odiaba. A veces, cuando me recuerdan que se fue sin despedirse, la duda me revuelve el estómago. ¿Realmente llegamos a ser amigas a pesar de las diferencias abismales que nos separaban? ¿Logró excluirme de su odio o simplemente fingió para su interés? Entonces solo puedo rememorar esa primera sonrisa, aferrarme a ella en vez de darle más vueltas al pasado. Pero fui una ciega al no ver lo que se tramaba delante de mis ojos. Aunque de haberlo sabido, ¿la niña estúpida y tímida podría evitado que Eva se cubriera de la sangre de mis compañeros, manchando de rojo su abrigo? Una huella imborrable no solo marcó su segunda piel, también nuestra relación.

Yo fui la primera en gritar “monstruo”.

Lo siento tanto. Si hubiera sido capaz de comprender, si hubiera sido capaz de abrir mi mente ante lo imposible, ella no habría huido. Tarde o temprano hubiera tenido que hacerlo, como me reveló el día en que me atreví a preguntarle sobre esas escapadas. Cuando por fin fue sincera no solo me cedió su secreto, sino también su confianza.

Cuando la vi cubierta de sangre, rodeada de los cuerpos de mis compañeros, no me paré a comprender lo que había pasado. La palabra escapó sola, convirtiéndose en un grito desgarrador capaz de romper nuestra confianza:

―¡MONSTRUO!

Y así terminó todo. Eva desapareció, sin más, sin despedirse, sin dejar que me disculpara. Durante un tiempo su nombre reverberó con miedo y desconfianza, pero una mañana, todos decidieron optar por el olvido. Habían intentado quitarle su abrigo a la fuerza para humillarla, pero en vez de volcar su envidia en ella, habían cometido un gran y estúpido error. Me da rabia saber que nunca se llegaron a arrepentir del todo y que si lamentaron esa fatídica encerrona fue por las heridas que recibieron, no por su mezquino acto. Olvidar era más sencillo que comprender como es que la chica desgarró sus carnes con unos brazos más monstruosos que animales.

Ellos no sabían la verdad. Y aunque le hubieran preguntado cómo hice yo, tampoco la habrían entendido.

―No me comprenderás ―murmuró Eva la tarde en la que, finalmente, me atreví a comentarle mis dudas. Su mirada estaba prendada del sol. Hasta ese momento no me había percatado de la insana idolatración que sentía por el astro―. Aun así te voy a decir la verdad, porque a veces siento que voy a desfallecer cargando yo sola con el peso de mi misión. Espero que no hayas pensado que estoy loca, es fácil creerlo, usáis demasiado esa palabra. Se tachan de locos a los que no cumplen los cánones, lo usan para defenderse de los juicios y evitar la condena. Aunque lo más ridículo de todo son todas esas crías que se llaman así mismas bipolares solo por tener unos simples cambios hormonales. He conocido a auténticos dementes, son a los que suelo visitar en mi búsqueda, y ninguno de ellos se asemeja mínimamente a esa pandilla de supuestos locos.

>>Y aunque parezca una locura, has de saber que no soy humana: soy el espíritu de un oso polar, la reencarnación del Ártico. Ahora mismo mi mundo corre peligro: nuestro hielo milenario se deshace con eso que llamáis cambio climático, efecto que hace tiempo dejó de ocupar las portadas de vuestros periódicos. Lo habéis olvidado, a pesar que sois quienes lo provocasteis. Mi misión es encontrarme con el espíritu del pingüino, reencarnación de la Antártida y salvar nuestros mundos. La Profecía Bipolar así lo dice: solo los dos polos opuestos serán capaces de tenderle la mano a la madre naturaleza y evitar que el desastre sacuda a la Tierra. Esa es mi condena, o eso creía; nunca pensé que un humano sería quien me tendería la mano, ignorando su instinto.

>>Has hecho que la esperanza renazca en mí. <<

Sus palabras resonaron en mi cabeza cuando vi el monstruoso híbrido entre humano y oso que adoptó para defenderse. Demasiado tarde comprendí mi error: cuando aquel grito resonó, su mirada se posó en la mía. Por primera vez trasmitía sentimientos. Por primera vez era algo parecido a una mirada humana: sus ojos estaban inundados por la tristeza. Porque al final mi naturaleza se había rendido a lo desconocido, desterrándolo con miedo.

Aún sigo creyendo que ella regresará. Puede que pasen mil años, pero me prometió que nunca se iría sin despedirse. Tiene que regresar, por lo menos una última vez antes de deshacerse y regresar a las estrellas. Tiene que hacerlo, porque de lo contrario no podré disculparme.

Lo siento, querida osita.

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6 comentarios en “Bipolar: Manchas de sangre

  1. Te lo voy a decir en plan mal vale, porque mira…me sale asi:
    M’ANCANTAO’
    En serio me ha gustado mucho, con lo de si se tiran piedras me avisas y yo te hago de escudo, porque jamia tienes toda la razón.

    Lo de el oso y el pinguino me han hecho gracia, pero no gracia de reir sino de “joder que original” no me estaba riendo porque he leido tu comentario antes y se de lo que estabas hablando de antemano. Luego me ha sorprendido mucho lo del cambio climatico…sinceramente no me esperaba que de repente en un relato asi saliera el medio ambiente y por un momento me he quedado “dafaaak?..” luego ya lo he relacionado xD.
    Bueno lo dicho que es muy bueno, como todo lo que escribes, y no me molesta tu spam por ask te lo aclaro por aquí porque te he contestado la pregunta ya y no te lo puedo decir por ahi xDD

    • ¡¡Me alegra que te haya gustado!!

      Eres la única que has mencionado ese detalle. Y eso que originalmente iba ser una historia tontorrona. Pero esta comedia se me ha convertido en un drama por arte de magia ¬¬”

      ¡Besazos!

  2. ¡Increíble! Una manera muy original y sutil de criticar esa irritante moda (que me pone de los nervios…) introduciendo a la vez el tema del calentamiento global. Giro que, por cierto, ¡no esperaba para nada! Me fascina siempre cómo transmites tanto en tan pocas palabras. Cómo consigues contar tantas cosas y dejarlo todo claro de manera breve.

    Me ha gustado el personaje de Eva. La caracterización, sus obsesiones… El abrigo, el sol… Me ha gustado mucho también el hecho de que el narrador se mantenga en el anonimato. No sabes quién es ni cómo es. Eso, de algún modo, lo hace todo más intersante, puedes imaginar lo que quieras. ^^

    • ¡Me alegra que te haya gustado!! >////w////<
      ¿De verdad? Muchas veces tengo la sensación que me quedo corta.

      Hay varios "juegos de palabras" sobre algunos detalles suyos entre sus rasgos. Algunos detalles que espero que hayas apreciado 😉
      Al contrario que Eva, que me la imaginaba muy especial, la narradora es alguien normal, que puede ser cualquiera. Al igual que el destinatario del mensaje.

  3. Que si me gusto? Que si me gusto?? ME ENCANTO!!!, tomaste varios problemas actuales (algunos quiza no tan actuales ¬-¬”) y los mezclaste en un relato que golpea como una bofetada a la realidad de la “sociedad”. Tus historias largas son buenas y atrapantes, pero tus relatos cortos u one-shots pueden tratar varios temas en una sola lectura. Mmm ¿quien te habra comentado que es bueno variar de tanto en tanto ¬u¬? he he

    • ¡Me alegra que te haya gustado!
      Lo de cambio climático está muy sacado de la manga. Tengo pendiente dedicarle una historia. Lo cierto es que siento que de repente el mundo se ha olvidado de ese problema.

      Una persona que dan buenos consejos XD

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