16 (Cenizas) 『Hija del humo』

No, no ha ningún error en el título. Estos capítulos “cuenta atrás” no siempre seguirán el mismo orden. Y en algunos casos, como en este, algunos se repiten 😉

Perdón por la semana de retraso. Una vez más, que se alce el telón para conocer los designios de esta farsa.

Espero que os guste el capítulo ^^

P.D.

A lo largo de la semana que viene intentaré colgar varias cosas en el foro relacionadas con Hija del humo y un par de sorpresas más 😉

-Música de fondo

Diecisiete contempló, atónita, como Trece desaparecía entre las brumas. Ese fue el desencadenante final para que el caos estallara entre ellos; chillidos de pavor y grititos asustados se alzaron como un coro infernal. Gracias a la débil luz que se filtraba por aquella traicionera niebla, la chica pudo ver como uno de sus compañeros corría en un intento desesperado de aferrarse a alguien que se había perdido en el inmenso abismo que se ocultaba en la cortina de jirones de nube. El joven hundió el brazo en el mar de penumbras, gritando el nombre de su amigo, pero ella sabía que era inútil.

“Es demasiado tarde…”, en sus ojos oscuros centelleó un destello de tristeza, sombra de un dolor que se había cansado de gritar y herirla. “Ya no se puede hacer nada… Así era desde el principio; una condena a consumirnos como volutas de humo o despeñarnos en lo desconocido.”

La luz espectral bañó los rasgos del chico. Gracias a ello pudo reconocer a Catorce, la pareja de laboratorio del desaparecido Trece. La preocupación y angustia se reflejaban en él, pero a pesar de la tenue y enfermiza iluminación que lo había teñido todo de un gris mortecino, la determinación estaba grabada en su mirada. En el gesto de su brazo extendido, aferrado inútilmente a jirones de brumas, no había sitio para la derrota. Con una sacudida, su mano se cerró en un puño capaz de golpear todas las barreras existentes hasta poder escapar. Con Trece.

-No puede haber desaparecido.-gruñó con la voz ronca, a medio camino entre un llanto desesperado y un grito de rabia.-No…

Con la pericia de un detective, el muchacho se arrodilló, tanteando la pasarela mecánica que se perdía en la niebla. Una risa amarga se le escapó después de un rato examinando el camino perdido.

-¿Qué pasa?-murmuró alguien.

-No hay suelo… La salida de emergencia ha desaparecido… Simplemente se ha caído…

Diecisiete le contempló con extrañeza. Le resultaba inimaginable pensar que todavía podía aferrarse a una brizna de esperanza. Aun cuando esa teoría fuera cierta, no dejaba de ser una caída a un lugar extraño e inhóspito.

Pero para su sorpresa, las locuras de Catorce no habían hecho más que comenzar.

-Voy a bajar.-sentenció. Una calma inquietante reinaba ahora en sus palabras, alimentando esa determinación que la chica no pudo sino tachar de suicida.

-¡No puedes!-chilló Tres, aferrada todavía a su inútil móvil.

Los cientos de argumentos lógicos murieron ante la mirada del chico; serena y calmada, pero decidida al mismo tiempo. Y nada de lo que dijeran le iba a detener.

-Espera.-murmuró otro de sus compañeros.

El muchacho se deshizo de la bata, estirándola como si fuera un voluminoso trapo. Catorce asintió al comprender la idea. Después de vaciar los bolsillos, se quitó también la prenda, estirándola para que el otro la pudiera anudar en la suya. Solo cuando las dos estuvieron fuertemente anudadas, el resto comprendió lo que estaban intentando hacer; una especia de cuerda, como la que usaban los prófugos de los tebeos de su infancia para escapar de la cárcel, que sirviera como seguro en la travesía en la niebla.

Diecisiete se quedó semioculta en su rincón. Una parte suya seguía confusa por la decisión, pero al mismo tiempo envidiaba a Trece. Si hubiera sido ella la que se hubiera caído por el vacío, ¿también se habrían unido para intentar ayudarla o la habrían dejado a su suerte?

Golpes desesperados en una puerta que no se abrirá. La esperanza murió, acompañada por un coro de llantos y el baile del humo, mientras un cuerpo se dejaba caer, rendido ante la evidencia certera y cruel.

                Nadie se había preocupado por ella…

                “No, no lo habrían hecho”, dictaminó con un suspiro de cansancio. Hundida en las aguas de la tristeza, la chica mantuvo su silencio. Nadie se fijó en ella. Nadie le pidió que ayudara. Tal y como habían hecho al principio de todo, mucho antes que el mundo se sumiera en las tinieblas, la volvieron a ignorar.

Los ojos cansados de Diecisiete, dos pozos oscuros donde la luz se retorcía en lamentos moribundos, contemplaron con cansancio como amarraban la improvisada cuerda a la pata de una de las mesas. Con una mueca de incertidumbre, pero decidido en su empeño, Catorce sujetó el extremo libre de la cadena de mantas antes de despedirse de sus amigos. Todos, se apresuraron en equiparle con palabras de ánimo y confianza. Sin importarles si caían en la hipocresía, todos le dieron un abrazo o un apretón de mano. Tres y sus amigas incluso se tomaron el lujo de derramar unas lágrimas, mientras que Ocho le obsequiaba con una galleta.

El joven sonrió ante esas muestras de preocupación. Durante un instante su mirada se posó en Diecisiete, quien cerró los ojos, sorprendida ante un contacto visual tan directo, Avergonzada, se cubrió la mano con las inmensas mangas de la bata, instigada por la creencia infantil que si ella no le veía él tampoco podría verla. Cuando comprendió lo ridículo que había sido aquel instinto, la chica bajó un poco los brazos. Entre los pliegues de la ropa observó a Catorce. El muchacho ya no la miraba, indiferente de su existencia. Sus ojos estaban fijos en las brumas cambiantes.

Y dio un paso hacia adelante, armado únicamente con una cadena de batas que le unirían con sus amigos.

-No lo hagas… -murmuró Diecisiete, rememorando aquella voz maligna que había resonado en su cabeza.- ¡NO LO HAGAS!

Uno de ellos se giró extrañado al oír su grito. Pero quien tenía que haberla escuchado dio un único paso solitario antes de desaparecer en el abismo de lo desconocido.

La cadena de ropa serpenteó antes de tensarse con un golpe sordo. Un par de los jóvenes hizo ademán de sujetarla por si el nudo fallaba, mientras el resto continuaba con la mirada fija en el mar de grises. Todos, menos Ocho, quien la miraba fijamente a ella.

-Tú…-murmuró, sorprendida.- ¿Llevas todo el rato aquí?

Diecisiete frunció el ceño. La chica no lo había dicho con malas intenciones; había sido un comentario ingenuo, fruto del estrés y la peculiaridad del momento que estaban viviendo y que la habían llevado a olvidar el decoro, aun así, esa era la última gota que su orgullo podía soportar.

“-Entonces…“-susurró una voz imaginaria dentro de su cabeza.-“¿Por qué no haces algo para escapar de tu maldición?”

La joven se mordió el labio. Las palabras resonaban dentro de su mente, al igual que en el momento del estallido, pero eran diferentes a las del ser oscuro. Había en ellas un toque luminoso.

Una pizca de esperanza.

-Idiota…-gruñó, para sorpresa de su compañera, quien le dedicó una mirada ofendida.

Y antes que el sentido común la detuviera, Diecisiete se encaminó hacia el umbral de la puerta, límite entre lo conocido y lo extraño. La luz de su mirada brilló, resurgiendo en las cenizas que la habían cubierto de amargura y pesimismo.

“Soy una egoísta”, pensó para sus adentros cuando se hizo paso entre ellos. Volutas de niebla acariciaron su cuerpo. Era como un soplo de aire denso, frío y melancólico. Pero vivo de alguna inexplicable manera. “Él se está sacrificando por su amigo… y yo por demostrarles que estoy aquí.”

En la marea de grises y negros relució una silueta blanquecina que solo ella pudo ver. Una sombra luminosa cuyos difusos contornos recordaban vagamente a su propia figura. Y que parecía tener un brazo extendido, como si la estuviera llamando.

Diecisiete hizo ademán de extender su mano y estrecharla con la de la ilusión, pero ésta se deshizo en cientos fragmentos. Aturdida, la chica se tambaleó ante la sorpresa, dando un paso en falso y tropezando con la pasarela inexistente.

Y ella también se hundió en la niebla. Antes de desaparecer vio como alguien intentaba sujetarla, incapaz de detener su inevitable caída.

Eso la hizo feliz.

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6 comentarios en “16 (Cenizas) 『Hija del humo』

  1. Pobre diecisiete. Aunque en cierto modo su afán por llamar la atención puede resultar algo incoherente dada su incapacidad para relacionarse xD En eso nos parecemos bastante.
    ENTRE TRECE Y CATORCE HAY ALGO. LO SÉ. LLÁMALO X. *^*
    Madre mía, tengo que admitir que diecisiete tuvo valor xDDDD Aunque fuera sólo por “llamar la atención” jajajaja.

    ¡Espero al siguiente!

    • En cierta manera está maldita con la soledad. Y ella se debate entre luchar o rendirse ante la evidencia.
      ¡PUES CLARO QUE HAY ALGO! ¡¡HAY UN NÚMERO DE DIFERENCIA!!

      ¡¡Nos vemos en el siguiente!!

    • Confuso está empezando a ser sinónimo de mis capítulos XD
      Curioso. No he visto las películas, pero a raiz de tu comentario estuve mirando el trailer (Y ahora las quiero ver ^3^) y poco tiene que ver XD

      ¡¡Nos vemos en el siguiente!!

  2. Entrar en el lugar que están desapareciendo personas… viva el razonamiento universitario ^^U
    Regalo galletil…¿Donde he oido yo eso? 😉
    La pobre 17…no se dan cuenta de que esta y va y se mete de lleno…pero la intentaron ayudar :3
    Lastima que tengamos que esperar una semana para el siguiente ^_^

    • Es conocido que nadie puede fiarse de las Universidades. Te despistas y ya se han perdido tres C:
      En alguna obra de alguna persona ilustre…seguro…
      Por fin una pizca de felicidad para la chica. En fin, dentro de una semana se descubrirá que ha sido de ellos 😉

      ¡Nos vemos en el siguiente!

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