【Hija del humo】17 (Cenizas)

Bienvenidos a Hija del humo. Poco puedo decir de este capítulo que no haya comentado ya en su página. (Sutil indirecta para vayáis al link, pues ahí encontraréis explicado la mecánica de sus capítulos y demás :”) ) Este, en concreto, es meramente de presentación de los personajes y de descripciones muy mejorables, pero aún así espero que os guste >w<

Bienvenidos a la nueva historia del teatro. El telón se ha alzado y la función acaba de comenzar, ¿preparado para unirte a ella?

                Conteniendo un suspiro de puro aburrimiento, la chica terminó de dejar sus cosas en uno de los armarios que tenían habilitados en la entrada del laboratorio, justo al lado del casillero de Nutrición. Por mucho que lo intentara, era incapaz de hacerse un hueco entre sus compañeros, todos desconocidos para ella, y de presentarse mínimamente. Y aunque sabía que se estaba sorteando ser catalogada como rara y empollona, no podía evitarlo: su timidez ante ese tipo de situaciones la abrumaba, y eso que cuando cogía algo de confianza era capaz de soltarse con una facilidad inusitada, pero hasta que ese momento llegara, sus palabras morían en tartamudeos antes que en risas, si llevaba algo entre las manos inevitablemente caía al suelo, y solo lograba forjar una imagen totalmente equivocada de ella.

Antes de coger su libreta y enfilarse por el pasillo, lanzó una última mirada envidiosa a sus compañeros, quienes reían amigablemente mientras se ponían la bata y se quitaban chaquetas y demás complementos. Realmente no era justo que, teniendo una pandilla de amigos tan grande con los que poco a poco había tomado algo de confianza, estuviera sola en ese grupo. Y como cruel ironía, parecía que el resto sí se conocían o por lo menos se habían esforzado en conocer a sus compañeros de laboratorio, con los que iban a pasar cuatro horas encerrados con diferentes asignaturas.

Pero no, ella había tenido que unirse con las chicas de la primera fila, todas muy simpáticas y alegres, y no tan escandalosa como las jóvenes que ahora la acompañaban. Ya le  habían advertido hace tiempo que Farmacia era una carrera de niños de papá y que diariamente se encontraría con gente nueva en las clases multitudinarias, pero hasta ese momento no se le había pasado por la cabeza lo sola que iba a estar. Y todo, una vez más, por su inexplicable timidez ante los desconocidos.

La joven enfiló por el pasillo, cruzando otro laboratorio antes de llegar al suyo. Al entrar en él, parte de los nervios y la congoja de estar sola desaparecieron, sustituidos por la emoción por empezar la prometida y emocionante práctica de Química. “Las pijas estarán maldiciendo las cuatro horas que vamos a estar en cerrados”, pensó para sus adentros con algo de malicia, “pero a mí se me quedarán cortas seguro.”

Emocionada, la chica se quedó en medio de la puerta: el laboratorio era bastante grande, lo suficiente como para albergar sin problemas a una veintena de personas. A ambos lados de las paredes había mesas con frascos, unos extraños aparatos compuestos por tres tubos y varios recipientes, una bandeja con material… En una de las esquinas se encontraba una especie de extractor, mientras que las dos paredes restantes estaban libres de material y mantelitos de papel que indicaban los sitios de los alumnos, pero igualmente saturadas con un sinfín de trastos: papel higiénico, balanzas, un bidón para productos químicos…

-¡Sentaos en parejas!-La profesora, una mujer bajita y algo mayor, con cierto aspecto de abuelita de cuentos, se acercó a los pocos que ya se habían ido reuniendo en el umbral de la puerta.- ¡Justo delante del papel de secado y de los sistemas!

Parejas. La palabra se le clavó dolorosamente, echando a tierra parte de sus ilusiones. Era el cuento de nunca acabar, la inevitable maldición de todos los años. Su sino solitario.

Aferrándose a la esperanza que alguien terminara sentándose a su lado, la chica se acercó al primer sitio que vio, guiándose en parte con una extraña sensación familiar, como si ya hubiera soñado con ese día.

Los otros dos que entraron tras ella se sentaron juntos, justo en el rincón opuesto, dejándola ridículamente aislada en el extremo de una de las mesas. Paciente, la joven se quedó observando con disimulo a la puerta, a la espera que tarde o temprano alguien se sentara a su lado. Y aunque inevitablemente alguien tendría que hacerlo, pues supuestamente eran pares, lo que ella deseaba es que se dieran cuenta de su soledad, de su timidez, que no la juzgaran previamente sino que se animaran a intentar conocerla.

Pero claro, ¿quién intentaría darle una oportunidad? Era demasiado diferente al resto de las chicas: silenciosa y retraída, con pocas curvas o por lo menos sin intención de presumir de su pecho generoso, pálida, menos cuando tomaba el sol, que entonces su piel adoptaba un tono rosado y se le llenaban las mejillas de traicioneras pecas. Al contrario que el resto de sus compañeras, no vestía con ropa a la última moda, ni siquiera parecía que siguiera algún estilo en concreto, sino que había asaltado a partes iguales el armario de su madre y de alguna hermana mayor. El pelo, oscuro, le caía con desorden por encima de los ojos, lejos de los elaborados peinados que podía ver, como si se encontraran en algún tipo de concurso de belleza.

Así era ella, una chica del montón, una chica con tendencia a pasar desapercibida, invisible. Una chica incapaz de romper las barreras imaginarias que la separaban de los demás o formar parte del grupo. Y con ese en concreto, se sentía especialmente a parte, como si hiciera lo que hiciera nunca formaría parte de ellos.

“Seré tonta”, suspiró para sus adentros, frotándose con desespero las manos, totalmente heladas, una inequívoca señal que se acercaba el invierno, “Me molesta que me juzguen, cuando yo soy la primera en hacerlo, etiquetándoles de pijas y niños ricos.”

Con desespero se quedó en silencio, viendo como uno a uno todos la ignoraban, sentándose con parejas previamente decididas. Así parecía que tenía que ser su invariable rutina: un continuo desfile de fracasos ante sus ganas de socializarse un poco, de palabras muertas, de “holas” que nadie escuchaba de lo bajito que los musitaba, casi para ella. Al igual que otras veces, dos sentimientos contradictorios la invadieron, dejándola en un leve estado de aturdimiento: el pesimismo de sentirse siempre aparte, de no formar parte del grupo por mucho que lo intentara, y las ganas de chillar, de destrozarlo todo, para que por fin se fijaran en ella.

¿No lo veis?, parecía decir su mirada, ¿No me veis? Estoy aquí, con mi voz ronca cansada de gritar, sola y abandonada. ¿Nadie se ha acordado de mí?…

                Se le escapó una risa amarga, sorprendida por el extraño e inexplicable hilo que habían seguido sus pensamientos, y no tardó en intentar desterrarlos, ahogando aquel miedo oscuro y desesperado que se ocultaba en ellos.

Todavía le quedaba fuerzas para fingir que no existía.

Meditabunda como estaba, no se dio cuenta que la profesora estaba delante hasta que comenzó a contar. Alentada por un mal presagio, la chica siguió el dedo de la mujer, que lentamente iba contando los asientos.

-Ya estamos…-Gruñó cuando terminó el recuento, mirándola.-Una vez más han decidido llenarme la clase con gente de más… Lo siento, jovencita, pero me temo que te quedarás sola en esta práctica.

“No… No puede ser”. Atónita, su mirada pasó de la puerta, ahora cerrada con llave, de la que no entraría nadie más, al resto de asientos.

Uno y Dos: los dos chicos que habían llegado con ella, ambos de constitución fuerte, como si practicaran algún tipo de deporte, altos y con una barba incipiente, lo que acentuaba su madurez.

Tres, Cuatro y Cinco: todas ellas se adecuaban al canon de niña pija que tenía en la cabeza; rubias, ropa cara, maquillaje discreto… y cierto tono antinatural en sus ademanes, como si estuvieran posando para una revista de moda.

Seis, Siete y Ocho: esas tres parecían más agradables y no tan escandalosas como las anteriores. En seis y ocho habían cierto aire familiar: rasgos dulces, pero infantiles, talla menuda y cabello oscuro. Siete, por su parte, era totalmente opuesta: enfermizamente obesa, era tan ancha como las dos anteriores, pero con una hermosa y muy cuidada cabella pelirroja que le caía en cascada por la espalda.

Nueve y Diez: otros dos chicos totalmente complementarios. El primero era el más bajito de toda la clase y su voz aniñada delataba que todavía le quedaba para pegar el estirón, el segundo era inmenso, con un enorme corpachón, aunque en sus ojos brillaba un tono tímido que contrastaba con el brillo astuto de su amigo.

Once y Doce: un chico y una chica que se mantenían un poco distantes al resto, como si pertenecieran a grupos diferentes. Ella era bastante anodina de cara, pero su sonrisa y carácter tenían totalmente eclipsado a su compañero, un joven de aire nervioso y distraído, con una gran melena que le caía por el rostro desordenadamente.

Trece y Catorce: dos amigos que se movían con soltura y confianza entre los diferentes grupos, tonteando con las tres rubias, bromeando con Nueve y Diez, y revolviendo el material como niños pequeños ante un juguete nuevo. Mientras Trece tenía el cabello con tonalidades rubias y cierto aire chulesco, Catorce era moreno y con andares más desgarbados.

Quince y Dieciséis: la última pareja que quedaba y que estaban sentados a su lado. El primero era de rasgos extranjeros con la tez oscura y el cabello liso y negro, aunque su acento era igual que cualquier chico de la calle. Ella, por su parte, era pálida y muy rubia, con cierto aire escandinavo, y por mucho que sonriera amistosamente no podía competir con la sonrisa de su amigo.

Y por último estaba ella: la rara, la chica solitaria, invisible, tímida… La única que no reía, la única que no tenía con quien hablar.

Y es que, en un lugar con dieciséis sitios ya preparados, Diecisiete siempre sobraba.

Alguien te llama, ¿por qué ignoras su súplica? Cierto: ellos ignoraron la tuya…

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24 comentarios en “【Hija del humo】17 (Cenizas)

  1. Me siento identificada con esa chica (más de lo que me atrevería a reconocer). Pero es triste el ser ignorada de tal manera… ¿Una flecha con luces de neón funcionaría para llamar la atención? Pero tal vez es muy pesado.
    Aunque la cosa está en ese diecisiete que me revuelve las entrañas…Conclusión: Los números impares son lo peor. Pero en serio, aunque aún no tengo claro el porqué se numera así esta historia (no hace falta que me lo digas, ya iré descubriendo a medida que lea) me da que ese diecisiete tiene que ver con el número del capítulo… Eso o ¡fue un capricho tuyo!

    • Pesado, aunque infalible XD

      No tiene más explicación que un capricho: quería hacer una historia contada a modo de cuentra atrás XD Y que empezara por el Diecisiete fue relacionado con la protagonista 😉

  2. Que genial capitulo, adoro como narras….es una historia realmente interesante. Ahhh mis recuerdos suprimidos de mis primeros días en laboratorio han vuelto noooooooo!!!! O__O creo que casi todos en algún punto de nuestra vida nos ha pasado lo mismo que a 17, ese sentimiento de soledad y que nadie te ve u.u que triste, lo bueno es que te da para hacer una interesante historia. Definitivamente alabadas sean tus clases de farmacia >u<!!

    • Me alegra que te guste */////_//////*

      Coincido contigo. Creo que en algún momento de nuestra vida seremos una pieza desplazada, un extraño, hasta que derrotemos a la soledad.

      ¡Eso lo dices porque no las sufres tu! XD

      Nos vemos en el siguiente.

  3. ¿Ya habías subido esto a algún otro sitio antes? ¿Un adelanto en twitter quizás? Es que me suena de haberlo leído antes, o por lo menos alguna parte.

    Yo me siento como diecisiete cuando hay que hacer trabajos por parejas, aunque en mi clase somos veintiuno hay una chica que no habla español por eso hace otros trabajos por lo que tengo suerte de que alguien tiene que estar conmigo a la fuerza. Menos mal que tocamos par prácticamente. ^^

    • La verdad es que sí, estuve colgando un par de fragmentos en twitter según los escribía XD
      Como semi 17 solo puedo decirte….que suerte tienes XD

  4. Bueno, es que no sé qué decir.
    Siempre que te leo me dejas sin aliento.
    Tu capacidad de descripción en un tema que se te da genial, la historia y el suspensivo que dejas al final.
    No tengo mucho para decir. Es extremadamente fantástico y… -muere sin palabras-
    Sublime.<3

    • Precisamente en la descripción cojeo un montón ._.”
      Aun así, ¡¡me alegra que te guste!!! >/////^/////<

      Jo, cuando me decís estas cosas no sé que responder ;w;

  5. ¡Al fin lo lei! No encontraba tiempo, pero no podia esperar mas para saber de que se trataba la historia < si eso lo se yo xD

    ¡Ya quiero ver como sigue!

  6. Conozco ese sentimiento de soledad….así me sentía yo los primeros días de clase ¬¬
    Pobre chica, ser un número impar…sé lo que es y la única solución para ello es armarse de valor y acercarse a hablar con algún compañero
    Publicidad subliminal con Farmacia xD nah, es broma, me parece una carrera interesante
    Las descripciones han ayudado a hacer una imagen de los personajes
    Espero la conti:)

    • Así es que como nos hemos debido de sentir todos en algún momento. Yo por lo menos si he llegado a estar muy pendiente de los números por si me tocaba estar sola o no U.U
      ¿Publicidad? Nooo, que vaa….pero es una carrera muy interesante 😉 (Y eso que estoy en el primer año donde todo es formación básica)
      Me alegra que no se haya hecho muy pesado. Como es un capítulo partido, no estaba muy segura si iba a gustar o no -.-”

      ¡Nos vemos en el siguiente!

  7. Uooooo *.* Me encabta, me emcanta, esto está genial *.*
    Aaaaargh me voy a volver loca, quiero seguir leyendo ya eWe
    Me recuerda un poco a Beatrice 😉
    Pues eso, que espero el siguiiente :3

    • ¡¡Me alegra que te haya gustado!! *//0//*
      Cuando termine una tontería colgaré una cosa científica para aligerar la espera…(Y para no pasarme de pendante ¬//n//¬)
      ¿A Beatrice? XD Tienen cierto aire, aunque su aislamiento es por motivos diferentes.

      Nos vemos en el siguiente 😉

    • Me has hecho buscar en google sobre Destino Final. La verdad es que no conocía las películas XD (Y ahora me he quedado con ganas de ver la primera)
      Delirios, no tendrá nada que ver 😉 (creo…)

  8. Las clases de Farmacia estan haciendo mella en ti querida .3.
    Pensamientos deprimentes, días de clase en soledad, momentos en cuanto te pedían el sacapuntas y la goma de borrar prestadas se volvían perfectos… casi has retratado mis primeras semanas en la universidad ;3;
    Ven pa’ acá mija, I know that feel u_u
    Por cierto, ¿la descripción en ask era para…? *<–Curiozidad mide: ON*

  9. Oh, una historia en un laboratorio. Llevaba años esperando algo así (?).
    Lo único que tengo que decir es que tu historia desde el principio ya es interesante, y la narración te atrapa con tal de que no dejes de leer. Aunque, claro, siendo una historia de la gran Bruja del Teatro no era para menos 😉
    Por otro lado, no sabes lo mucho que me he identificado con diecisiete T_T -se va al rincón-.

    En todo caso, no dudes que estaré siguiendo tu historia ;D

    • Lo sé, de tanto en tanto leo vuestras mentes parsa saber qué queríes leer… (Aunque al final en el laboratorio no estarán mucho 😉 )
      Me alegra que te parezca interesante *^* (Y que te guste la narración, pues lo cierto es que este capítulo lo escribí a finales de diciembre)
      ¡¡A mis brazos!! Los sentimientos de Diecisiete son un calco de como me sentí yo en esa práctica u.u

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