Jardín de flores

Estoy sola, vacía.

Al despertar me sentí como una niña perdida en un mundo desconocido, una muñeca rota que alguien ha abandonado en una habitación oscura que no puedo reconocer. A mi derecha, colgado en la pared, hay un impresionante espejo de cuerpo entero de cristal sucio y marco oxidada; a la izquierda, una ventana por donde se filtra la poca luz que ilumina la habitación. No hay nada más. Únicamente me encuentro yo, tirada en su centro mientras abandono los retazos del sueño y descubro lo que es existir.

Intento hacer memoria, desenterrar algún pensamiento de la niebla que parece recubrir mi mente, pero es en vano: no sé ni quién soy ni dónde estoy. Es como si alguien le hubiera dado al botón de reinicio, borrando toda mi vida pasada para luego desecharme en una habitación triste y solitaria.

Conteniendo el impulso de acercarme a la ventana para descubrir algo más del lugar en el que estoy, me incorporé para dirigirme con pasos vacilantes al espejo en un intento de saber algo más sobre mí.

El rostro que veo en la superficie del cristal es tan extraño como la habitación misma. Por más que intento memorizar esos rasgos suaves o la cabellera enmarañada soy incapaz de encontrar en ellos un atisbo de familiaridad. Quizás sea la primera vez que me veo o puede que nunca antes haya contemplado mi reflejo.

Con un suspiro de resignación, me alejé de él rumbo a la puerta. No me extrañó comprobar que estaba cerrada, aunque, para mi sorpresa, había una peculiar mesa a su lado, de tres patas retorcidas que terminaban en un tablero redondo que oscilaba más inclinado que recto. Batallando contra el equilibrio, había en su superficie un cofre y un libro. Guiada por un instinto con regusto a recuerdos, cogí el libro: sus páginas estaban tan en blanco como su lomo, pero intercaladas en ellas se encontraba escondida una fina llave tan liviana que por un momento me pregunté si no era más que una hoja recortada para tener ese aspecto.

Suspicaz ante el descubrimiento, dudé un poco antes de intentar abrir la puerta. Si me había sido tan fácil encontrarla, ¿sería porque yo misma la había escondido allí, cerrándome en la habitación? Desterré la teoría. Lo último en lo que debo de pensar es en estúpidas conspiraciones paranoicas.

Temblorosa, logré abrir la puerta. Enfrente mío se encontraba un enorme pasillo cuyo final terminaba en una puerta traslúcida, la única de la que emergía la suficiente luz como para iluminar el pasadizo. A su alrededor había más puertas, pero eran todas tan opacas como la que acababa de abrir.

Aquella luz parecía indicar que esa era el auténtico final, el camino al que tenía que seguir, pero aun así me entretuve intentando abrir las demás. Parte de mi adormecido carácter se negaba a aceptar que solo había una posible solución.

Cerrada.

Cerrada.

Cerrada.

Cerrada.

Cerrada.

Cerrada.

Cerrada.

Cerrada.

Conteniendo un gruñido de exasperación me dirigí hacia la puerta traslúcida. Ésta se abrió nada más tocar su pomo, como si una mano invisible hubiera trazado un camino para que yo lo siguiera obligándome a abandonar el pasillo de las puertas y salir.

Y por mucho que intentara negar lo inevitable, necesito encontrar respuestas.

Abandoné el pasadizo, saliendo a un inmenso jardín de flores. La luminosidad, sus colores, el calor… Todo ello me sacudió con fuerza, logrando que me estremeciera. No obstante, el débil recuerdo que ellas despertaron en mí poco tenía que ver con lo cálido.

“Sangre. Rosas manchadas. Las espinas recorren mi piel, arañándome, pero lejos de sentir dolor gimo por el placer del caos y la muerte.

 A mi alrededor todo arde.”

Contuve un grito ahogado al sentir como mi vida pasada regresaba a mí, trayendo consigo los recuerdos perdidos.

¿Quién era?

Una diosa sangrienta, un ángel devastador. Mi nombre es coreado en las batallas, mi escudo es alzado con honor y orgullo. Soy la gloria de los asesinos, dueña de vuestro destino, hija de la muerte, hermana de espectros tan oscuros como las tinieblas que anidan en las entrañas de la tierra.

Y soy inmortal.

¿Quién soy?

Soy una diosa revivida, un ángel que vuelve a despertar en una nueva vida. Mi nombre volverá a ser coreado en batallas de las que no puedo escapar, mi escudo es mi condena. Gloria de asesinos, dueña de cualquier destino menos el mío, hija de la muerte…

Los espectros no podemos morir, solo dormimos a la espera que nos vuelvan a llamar para luchar en la guerra inmemorial que se teje en nuestro nombre.

Mi nombre es Devastación.

La batalla me llama, corea mi nombre. Cual fénix que despierta de sus cenizas, la muñeca sin recuerdos desaparece para dejarme sitio.

Es mi destino, es mi lucha, es el juego del que formo parte y del que nunca escaparé.

Anuncios

6 comentarios en “Jardín de flores

  1. Linda historia, en cierta forma parece mucho a ese anime que mencionas al principio xD
    Ya quisiera yo poder escribir asi de bien, creo que desarrollare una mal sana envidia hacia ti …
    Es broma xD
    Matta ne!

¿Algo que opinar?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s